Ruta 4. Sevilla-Camas-Salteras-Valencina-Camas-Sevilla

El sábado, en el foro de zona-estebtt.com veo una ruta que creo que puedo hacer sin morir en el intento. Por la mañana me apunto, éramos dos. Por la tarde la gente se anima y pierdo la cuenta de cuántos vamos. En verdad no conozco a nadie, pero es lo de menos.

La cita es a las 8 en el palacio de congresos. Desayuno, bici y a la calle. Tras las presentaciones y los saludos nos ponemos en marcha en dirección al Alamillo, allí se incorpora Antonio. Al final vamos nueve personas (¿? No sé si me sobra o me falta alguno).

En verdad me da cosilla porque son personas que salen varias veces a la semana, que dan caña a la bici… y yo salgo como mucho una vez a la semana y en llano… así que no les llego ni a la sombra, pero bueno.

Es el segundo día que voy a la zona, en verdad no sé si llegaré arriba o no, la primera vez que ataqué el Aljarafe hasta me perdí, pero voy a dar todo lo que pueda de mí.

Terminado el alamillo en vez de seguir de frente que es lo que yo hago para ir al gimnasio (al polígono parque plata), nos metemos por el camino que hay a la derecha, pasando por otro lateral del campo de tiro, para llegar a Santiponce. Cruzamos el pueblo y cogemos un camino.

Me doy cuenta de que he olvidado encender runtastic o wikiloc… en la parte donde estamos ya me parece una tontería ponerlo…

Aquí se vais a dar cuenta de mi problema para juntar los nombres con las caras… creo que fue José Antonio… iba contándome que íbamos dirección a Guillena, me hablaba de la ruta del agua… Durante un momento, largo, pensé que era Andrés, el chico que convocó la ruta, hasta que me di cuenta de mi error, pero de cualquier modo ya estaba perdida, supongo que el pobre hombre pensó que el camino ya me estaba afectando. En realidad entre el despiste de conocer en tan poco tiempo a tantas personas, con doble nombre (el del foro y el real), con la mitad sin fotos puestas… todos los nombres, los nicks y las caras estaban mezclados en mi cabeza y se unían de forma aleatoria. A lo que hay que sumar que me había dado cuenta de que ese camino no llevaba hacia la zona que pretendíamos atacar, si no que nos alejaba, no demasiado, pero los músculos de mis piernas se pusieron un tanto nerviosos. El simpático chico que me daba las indicaciones me dijo que no me preocupara que en algún momento habría un camino a la izquierda, cuando llegamos a él me dijo ¿ves?… Imagino que con gafas y todo vio mi cara de susto. Tuve intención de enmendar mi error mental por el cambio de personalidad del chico, pero me dio más vergüenza que haberme equivocado, mentalmente repasé los comentarios que le había hecho y que dejaban al descubierto que le tomaba por otro y decidí dejarlo, ya no tenía arreglo.

En realidad no me preocupaba mucho por mí misma porque más o menos me conozco, puedo equivocarme pero soy de las que piensa: “uy estoy cansada, debería llamar a mi hermano y que me recoja… bueno descanso y sigo un poco más, a ver… “ y al final voy y vuelvo, parando más, bajando el ritmo a la mínima expresión, intentando no forzarme demasiado… esto de la bici es como cualquier otra actividad, siempre hay una primera vez para casi todo, para hacer más kilómetros de los acostumbrados, para subir cuestas… y sin duda el cuerpo se entrena haciéndolo. La primera vez vas mal, la segunda regular, la tercera vas un poco más cómodo/a… así hasta que te acostumbras y el cuerpo pide más y tienes que enfrentarte a otra primera vez. Es lo que se llama progresar en algo.

El camino está bastante bien, con sus piedras, sus baches y sus cosas… pero de sombra nada, cero, ni un triste árbol. Está bastante transitado. Hicimos un descanso porque a mí se me juntaba una respiración con otra. Bebimos, saludaron a personas que pasaron por allí y conocían, Madeles me ofreció dátiles, me comí uno y descubrí que mi estómago no admitía comida. No me sentía tan cansada como para que me entrara fatiga, pero bueno… me ofrecieron la oportunidad de volver pero la rechacé, sólo necesitaba descansar un mucho. Ya solo quedaba un “poco” de cuesta arriba y después descender… Propuesta 2: comer algo en la venta Bobito de Valencina, en concreto tostada de pringá.

Rafael fue todo el camino haciendo de vigilante en la retaguardia, Mateo de vez en cuando daba una vueltecita y preguntaba… siempre me hacía compañía alguno de los chicos.

Con sinceridad y sin menospreciar a otros grupos, es la primera vez que salgo con gente y bicis y no hay alguna persona repelente, aunque sólo sea repelente por llamar la atención. Son todos simpáticos, amables y me cuidaron bien. Todo un placer salir con ellos.

Continuamos el camino que lleva a Salteras, En realidad llega a un punto medio entre Salteras y Valencina.

A cachirula le faltan un par de piñones, iba suelta, pero para forzarme menos intenté subir un piñón y era demasiado, volví al que estaba e intenté cambiar al plato pequeño, pero ocurría lo mismo, se quedaba tan flojo que no mandaba ninguna fuerza, así que era peor el remedio que la enfermedad. También es cierto que como suelo rodar en llano no estoy acostumbrada a tanto cambio de plato y piñón, por lo que por regla general cambiaba tarde. Como Rafael venía en la retaguardia de vez en cuando me daba alguna indicación porque escuchaba sonar mis cambios.

Recordé la primera vez que cogí una bici con cambios… después de toda una infancia y una adolescencia con bicis de toda la vida con un plato y un piñón, llego a la “madurez” con una bici de montaña… ¿Que hay que cambiar qué? Fue un desastre la experiencia. Recordé también cuando estrené a cachirula después de comprarla y guardarla durante todo el invierno… ahí sí que lo pasé mal, cada vez que cambiaba algo saltaba todo y pedalear era absurdo porque la bici no avanzaba. Me sentía tonta allí montada, guardando el equilibrio para no caerme, cansada de intentar avanzar al menos un metro y aquello apenas iba… la relegué al olvido durante mucho tiempo porque nadie daba con lo que le pasaba… Descubrí que sujetando el  mando del cambio de los platos se mantenía, me apretaron mil veces el cable, me graduaron todo lo graduable y nada… Hasta que mi amigo Marcos me dijo: mira a ver si el tornillo del mando de los platos está flojo. Destornillador en mano le di media vuelta al tornillo… y ya nunca volvió a saltar. Que digo yo que en esto pasa como en todo, las bicis están de moda y… cualquiera te las vende o dice que las arregla… En fin, el camino continúa.

Llegamos a la venta Bobito, pedimos nuestras bebidas y nuestras tostadas… ¡madre mía como se pasan! Por el tamaño que me dicen que tiene el pan me pido una entera, ¿Cómo voy a saber yo que eso lleva literalmente dos dedos de pringá? Imposible comérmela entera sin que me saliera por las orejas, casi la mitad se quedó allí. Pero lo asombroso fue que uno de los chicos se pidió media y lo único que hicieron fue ponerle la mitad del pan, pero la misma cantidad de relleno.

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Sin comentarios…

Volvemos al camino, bordeando Castilleja de Guzmán, con los chicos animándome porque ya todo es cuesta abajo. Están pendientes de mí en las bajadas, yo intento hacerlo con prudencia, no quiero terminar en el suelo.

Es la primera vez que bajo desde tan alto, sorteando piedras, y es realmente divertido. Pero tanto en las subidas como en las bajadas comprendo por qué me dicen que si mi intención es continuar con ese tipo de rutas tendré que jubilar a cachirula. No pesa mucho, creo, pero voy con un cambio de seis piñones, frenos V-brake y una rueda de 26 con una cubierta normalita. Lo mínimo que se despacha es nueve piñones, frenos de disco y ruedas de 27.5 con cubiertas con tacos que mi bici no ha tenido nunca. Tienen razón, lo sé, me aventuro con una bici mala y una forma física mala, en verdad ni yo sé cómo puedo llegar a mi casa después de algo así y no tener agujetas.

En un llanito hay una casa con un árbol y bajo el árbol un montón de ciclistas a la sombra, saludo general y resulta que otra vez hay alguien que se conoce entre un grupo y otro. En verdad la estampa es para inmortalizarla en una foto, probablemente ese sea el único árbol decente que hay en todo el camino hasta el momento.

Seguimos en descenso, llegando a Camas ya se ve el horrible edificio que parece una barra de labios oxidada. La verdad es que las vistas son para hacer fotos, pero para eso hay que parar y si paro perdemos más tiempo y ya está apretando el calor… mejor no hago fotos.

Por fin en Sevilla, zona de torre Triana, el chico que se unió en el alamillo se despide y vuelve a casa, yo tengo la opción de cortar por carril bici o acompañarles por el camino del rio.

La vez que yo ataqué esa zona sola volví por el mismo sitio, el fantástico carril bici que tienen en Camas, al entrar en Sevilla continué por carril bici. Dudé un momento, carril bici significaba parar cada dos por tres en semáforos y no sabía si era mejor tirar por ahí o seguir con ellos. El camino del río llega al canal, va paralelo a la supernorte y llega a Alcosa… pensé que era mejor continuar con ellos.

Pero cuando aún no habíamos llegado a la altura del estadio olímpico mi cansancio se hace latente, ya no doy ni para llevar un ritmo digno en llano. El problema no es seguir, que puedo, es hacerlo sin que la hora de calor nos coja de camino aún.

De pronto una voz, con una mano empujando desde mi espalda, me dice que me va a echar una mano, que deje de pedalear. José Antonio fue mi caballo de potencia extra (español de pura sangre). Yo le voy diciendo que me da cosa, él me dice que no me preocupe que lo hace con su hijo, yo le digo que no es para nada lo mismo, él dice que le sirve de entrenamiento, yo le digo… total que no nos ponemos de acuerdo y, cada vez que el camino lo permite, me da un empujoncito o me indica que debo cambiar y cuándo, a veces pedaleo un poco mientras me empuja por facilitarle la labor. Su voz y la de Rafael me acompañan el resto del camino, bien para indicarme cómo debo proceder (un gran aprendizaje) o bien para decir por dónde va el camino cuando me ven despistada.

Yo sólo veo  piedras y baches, de vez en cuando me voy poniendo en pie porque mis glúteos lo llevan mal, escucho que con el tiempo el culo también se me hará a la bici. Hasta que llegamos al asfalto, todo un alivio tanto para los traseros de todos como para mis piernas porque rodar es mucho más fácil.

Llegados al Cateto alguno más se despide y el resto nos quedamos allí para tomarnos una merecida cervecita.

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Los chicos                                Las birras

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Las bicis aparcadas

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Yo medio muerta, recuperada un poco gracias a la cerveza 😛

 

Por cierto, no sé si hacer un post en la sección restauración sólo para quejarme del precio de la cerveza en El Cateto o no… en Alcosa City, la caña a 1.30… es un pasote… aunque desde que tuve el bar los precios de muchos sitios me parecen desorbitados.

El resto del camino, por carril bici, ya fue de despedidas, cada uno iba tirando según le convenía para volver a su hogar.

Llegando a casa a mí la ruta se me quedó tan “larga” como a ellos “corta” (me refiero a la caña, no a la distancia)

Esta experiencia, además de demostrarme que hay gente sana y fantástica y que hay que coger más la bici… me ha planteado una cuestión que debo abordar: tengo que buscarme unas cuantas cuestas no muy lejos e irme allí a practicar los cambios, que rara vez he utilizado el plato pequeño o los tres piñones más grandes.

La ruta está muy bien para hacerla tempranito porque el calor ya aprieta; como todas las rutas por caminos tiene sus partes buenas y sus partes menos buenas. Hay bastante gente rodando por allí y vuelve a resultarme curioso que se ven pocas chicas, creo que de todos los grupos con los que nos cruzamos sólo en uno iba una chica. ¿Dónde están las mujeres ciclistas que se atreven con los caminos de Dios?

A los chicos he de decirles que fue un placer rodar con ellos, aunque ya se nota por los comentarios que he ido haciendo, y que sería un placer para mí salir con ellos cada vez que me lo permitan. Os nombraría a todos, uno a uno, porque me habéis caído muy bien (Lo intento… Andrés, Rafael, Mateo, José Antonio, Pepe, Juan, Antonio y Antonio. Perdón si hay algún error o falta alguien o hay algún nombre mal!). Sin duda un grupo genial. Me lo pasé de miedo y aprendí mucho.

Me hablaron de un grupito que hay, con mi gente, con el que alguno ha salido alguna vez… en cuanto tenga tiempo cotilleo un poco, imagino que terminaré apuntándome a alguna ruta, aunque ahora con el verano y las vacaciones… ya veremos… De momento la semana que viene, si no hay playa, me estoy planteando hacer Sevilla – Alcalá – Mairena – Sevilla

Este es el track de la ruta que da mi google maps, así que más o menos hicimos eso, exceptuando lo que mi conexión a internet haya dado de sí y los fallos del gps por ese motivo. Que falla porque a Santiponce fuimos por el Alamillo y en Valencina creo que no dimos tanta vuelta… a ver si uno de los chicos me pasa el track exacto y lo cuelgo.

track 120616

El tack de Wikiloc, desde la salida hasta la llegada al El Cateto, gracias a Pepe:

track 120616-2

y su enlace: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=13675628

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