Ruta 3. Sevilla Este – Los Rosales

Jueves, día del Corpus, fiesta en Sevilla. Dudo, pero al final decido ir a Los Rosales a ver a unos clientes y amigos para hacer alguna cosa que he de hacer allí.

¡Ea, pues voy en bici! Jiji, jaja, muchas risas entre comentarios aludiendo a que no voy a llegar, que seguro que les llamo a mitad de camino para que me recojan… que poca fe tienen en mi.

Salgo de casa sobre las nueve y media, runtastic encendido. Al poco comienzo a seguir una ruta de wikiloc del usuario Subaru55, no sé cómo va a ese tema en Wikiloc porque es la primera vez que lo uso, pero veo que no me habla, así que supongo que tendré que mirar el móvil de vez en cuando. Echo de menos mi soporte para móvil, tendré que comprarme otro.

Cruzo Alcosa city y llego a la rotonda de debajo de la A4, tengo que coger la carretera de Valdezorras y da un poco de mal rollo, no me gustan las carreteras y menos esa. Como hay poco tráfico aprovecho para dar caña y pasar la rotonda, arcén hasta el desvío de la ronda súper norte y allí ya cojo el primer camino, que va paralelo a la autovía.

Me cruzo con unos trabajadores, uno de ellos se sorprende porque soy una mujer y se lo comenta al otro, este otro comienza a animarme, les doy las gracias, los buenos días y sigo mi camino. Paso el cruce del aeropuerto y un poco más adelante, tras pasar por delante de una nave, cojo el camino de los indios. Ese primer trozo no está mal, algún bache que otro, pero se rueda bien. El camino de los Indios perfecto, está asfaltado.

Al pasar una urbanización ya comienza de nuevo la tierra, hay un cruce, me paro a beber, mirar el mapa y hacer unas fotos, diviso Sevilla, pero en las fotos no se ve.

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Cojo el carril de la derecha, se supone que tengo que llegar al canal ¡y voy y llego!. El camino del canal no está mal, parte de él es de las piedras esas grises que parecen asfalto, si vas pegado al canal se va bien, si no hay muchas piedras acumuladas y se hunden las ruedas haciendo difícil el pedaleo o vas en modo vibrador con las señales de las ruedas de los tractores.

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Todo recto hasta el tercer puente, en el cruce hay que tirar hacia la izquierda, por la pista de Alcalá del Río y seguir recto hasta dar con la carretera. Con cuidado se cruza y sigues hacia adelante. Kilómetro 20 según avisa mi runtastic (que lleva 2 km más que wikiloc porque lo puse antes). Hora de descansar un poco.

Suelto a cachirula, me quito el casco, los auriculares y me siento un rato en el suelo a desayunar lo que llevo, que básicamente son gomitas. No es muy buen desayuno gomitas y agua, pero ya he comido algo antes de salir… después de un rato cotilleando el móvil decido continuar. Aún me queda la otra mitad del camino.

Al poco de continuar llego a las vías del tren, giro a la derecha y ya es por ahí hasta Los Rosales. Se ve San José de la Rinconada. Siete km más o menos después llego a la estación de tren de Brenes, parada para beber agua y hacer fotos. Por ese camino hay mucha gente corriendo o en bici o paseando con perros, un camino bastante transitado, así que cada dos por tres andas levantando la mano en respuesta a algún saludo o diciendo ¡hola! En plan eufórico sonriendo y todo… yo saludo a todas las personas con las que me cruzo, hasta a los viejetes que están a pie de plantación.

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estación de Brenes

El camino que acompaña a las vías está a ratos bien, a ratos fatal, a ratos no me siento ya el culo. Llego a un puente en el que no se ve el camino, así que supongo que en vez de cruzarlo por debajo, tengo que rodearlo, subo la cuesta, llego a la carretera, miro a ambos lados, no viene nadie, cruzo y vuelvo al camino. Cuando ya estoy en el camino veo que un ciclista sigue de frente… ¡anda! Pues debe ser que sí que hay camino o el tío ha desaparecido por arte de magia… a la vuelta lo compruebo.

Llego a la estación de Cantillana pero no hago fotos. Un poco más adelante sí, me cruzo con unas compis cabras locas. Las cabras se van, yo sigo.

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Cabras locas

Paso por detrás de La Monta y consulto Wikiloc, ya estoy cerca de Los Rosales y en algún sitio tengo que cruzar hacia el otro lado de las vías. Continuo y paro más adelante, es en el siguiente puente. Ni siquiera hay carretera, subo el puente, bajo frenándome un poco al llegar a la mitad porque lo que hay después es un trozo de camino y la carretera y después de pedalear por el carril bici del pueblo por primera vez llego a mi destino.

La vuelta está prevista para después de comer, sobre las cinco o cinco y media, pero también me había planteado la opción “No tengo fuerzas para pedalear otros 40 km”, así que durante la comida aún no tengo claro si me quedo allí a dormir, dándole la alegría a mi amiga, y volver el viernes por la mañana, o echarle valor e intentarlo.

Agradezco a mi amiga que insista en que me quede con ella, pero decido volver.

Salgo a las seis de la tarde, muy mal, no quiero que me coja la noche por el camino, al menos hasta llegar a la civilización. Llevo luces, pero estoy cansada y no sé cuánto voy a tardar en volver.

En cuanto salgo a campo abierto lo noto… hace viento, me cuesta tirar a una velocidad decente porque mis piernas van quejándose y encima el viento… paro un momento a observar las plantas que hay a los lados del camino, el viento las azota en mi dirección… perfecto… viento de cara, que por poco que sea, en mi estado… molesta. Aprovecho que estoy parada para beber y coger la bolsa de gomitas que me he comprado y atarla al manillar para tenerlas cerca. Uno de mis auriculares no funciona, así que por el lado izquierdo escucho el sonido de mis ruedas y el camino y por el derecho Metallica o Linkin park.

Un par de kilómetros más adelante la música se para, deduzco que han muerto los dos auriculares, pero al ratito escucho a mi runtastic hablar. Sigo sin música, no quiero parar, me está costando bastante avanzar. Voy por el km 5, un poco más adelante está el puente traga ciclistas, cuando lo pase me paro. Parece que el camino bajo el puente está hecho a base de pasar bicis una y otra vez, es incómodo, la vegetación te va azotando las piernas y de pronto paro casi en seco. Relaciono las cabras de la ida con los ciclistas, el sendero se convierte en un pedregoso agujero, en el que si vas muy deprisa… te comes la valla de Renfe, decido bajarme de la bici, no estoy ni para atascarme ni para caerme. Es solo el trocito justo debajo del puente, en cuanto lo pasas ya vuelve a ser un sendero forzado, pero transitable.

Pedaleando de nuevo, según voy avanzando parece que voy mejor, sigue el viento de cara, pero me noto más fuerte. Generalmente siempre me pasa lo mismo, los primeros kilómetros me canso y una vez que paso del km 7 u 8… voy fantástica. Está claro que llevo el cansancio de la ida encima; al llegar a Brenes  ya he hecho más kilómetros que la ruta más larga que he hecho en mi vida. Aunque sea en dos partes, con cinco horas de por medio, es la primera vez que voy a hacer tantos kilómetros el mismo día. Espero no terminar llamando a mi padre para que me recoja en alguno de esos caminos.

Intento hacer la ruta de vuelta de memoria, pero llega un momento en el que estoy despistada y tras pasar otro puente me paro a descansar, recuerdo haber girado a la derecha en el Km 20, así que debe ser por allí, pero no veo el camino. Bebo, consulto el móvil, me siento un ratito a descansar y… me he pasado, es unos metros más atrás, rodeando el puente. Hago unas fotos y ¡a continuar! Vuelvo a tener música, era que se había parado.

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Cachirula y yo descansando (yo en plan happy y en plan mosca respectivamente)

Ya voy por la mitad del camino más o menos, aún hay luz de sobra en el día, pero no quiero pararme mucho más por si acaso. No me da miedo que se haga de noche por los caminos, me da miedo llegar a la carretera de Valdezorras y que sea de noche. Esa rotonda es un caos y prefiero cruzarla de día, aunque cuando llegue a Alcosa de pronto sea de noche, una vez allí me da igual, pero aprecio mucho mi vida y no me gusta correr riesgos innecesarios (algun@s os reiréis con esto último…).

Cruzo la carretera sin mayor problema, dejo atrás la urbanización y tiro por el margen del canal. Me cruzo con dos chicos que me saludan, yo les digo hola y hasta luego respectivamente. Me río un poco, todo el mundo me adelanta, o porque están frescos y van a buen ritmo o porque el mío es desesperadamente lento.

Me cruzo con un coche y me meto por la derecha del carril, por la zona por donde pasa el tractor y te pones en modo vibrador. Cuando consigo volver a pegarme al canal… ¿culo? ¿Eso es lo que hay al final de la espalda y que ya no noto?

Por cierto, comprobado, el problema no es la ropa interior, el problema son las costuras, ni siquiera el material. Llevo mallas de esas fantásticas que transpiran, pero tienen costuras. A fuerza de ensayo voy sabiendo qué no llevar cuando voy en la bici. Lo próximo que tengo que comprar es el soporte para el móvil y unos culotes de ciclista a ver con ellos que tal.

Llego al desvío y giro a la derecha, desde donde estoy ya se ven los eucaliptos del camino de los Indios. A la ida iba cantando Despistaos a las plantas, al pasar de nuevo voy cantándoles una de Lenny Kravitz.

Me alegra llegar al camino de los Indios, primero porque ya estoy a poco más de 10 km de casa, segundo porque es asfalto y ya no tengo el trasero para muchas fiestas.

Paso el aeropuerto, la nave, llego a la carretera de Valdezorras, cruzo tan rápido como me permite mi vida, que pesa toneladas en ese momento, llego a Alcosa, un poco de carretera, me meto en el parque… ¡sí que es grande ese parque! Nunca había entrado, voy por un camino paralelo a la carretera, pero de paso cotilleo un poco y me parece un parque muy grande. Tengo que ir por allí alguna vez a dar vueltas, es bonito.

Todas las quejas que pueda o no tener con el carril bici se despejan en cuanto lo cojo… liso, sin baches destacables, con la bici rodando que no veas… “Sprint” final… ¡que ganas de llegar a mi casa! Todos los bichos voladores se reúnen en un par de zonas por las que paso para estamparse sobre mí. Llevo no sé cuantos mil kilómetros y pocos bichos se han chocado conmigo… están todos allí para recibirme. Paro en un semáforo y miro mi camiseta, salió blanca, se volvió un poco color campo con el polvo del camino y en ese momento es de lunares negros. ¡Qué barbaridad!

Siento que me muero un poco cuando apoyo mi cuerpo en la puerta del patio para abrir con la llave, no sé si voy a tener fuerza para levantar los 14 kilos que pesa cachirula y sortear los tres escalones que hay al entrar… pero un esfuerzo más y ya estoy en mi casa.

Tras un par de llamadas avisando de que ya he llegado, me pongo a estirar. Tengo los cuádriceps cansadicos, los glúteos doloridos y estoy deseando darme una ducha. No sé qué costumbres tenéis vosotros, pero a mí eso de estirar me gusta bastante, siempre estiro antes de salir, cuando paro a descansar por el km 20 y, por supuesto, al llegar. Desde que cogí esa costumbre no he tenido problemas ni de agujetas, ni de contracturas… todo perfecto.

Estoy satisfecha, he ido sin problemas y he vuelto, más lenta, pero bueno. Desde la puerta de mi casa hasta la puerta de mi casa 85 km en total. Me lo dicen hace una semana y digo que no soy capaz. ¡Bien por mí!

Otro por cierto… en las dos últimas salidas, sobre todo tras la de ayer, he descubierto el moreno ciclista, muy parecido al moreno albañil… piernas morenas desde el tobillo hasta la rodilla (entre el borde del calcetín y el borde de las mallas) y frontal de los brazos, dejando blanca la cara interna y el trocito de hombro que cubre la camiseta, cara morena… ¡¡hay que ir pensando en ir a la playa para compensar el color!!

Eso es todo… ¡hasta la próxima salida! ¡Que tengáis buen pedaleo!

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