Mi bici y yo

Afortunadamente soy de las muchas personas (espero que muchas) que ha tenido una gran infancia.  Los fines de semana y las vacaciones los pasábamos en la casa de campo de mi abuelo, rodeados de familia. Abuelo, abuela, bisabuela, seis tíos, seis tías y 13 primos éramos las personas que nos reuníamos allí.

Hasta que cumplí los 14 años esa era mi vida. Por aquella época, porque ya tengo mis años, las bicis no eran de montaña, ni tenían platos o piñones o cambiadores, creo que las cadenas ni siquiera se engrasaban. Tu bici era una parte importante en tu vida, tanto que lo mismo ibas con la tuya que con la de otro, pero tu bici era tu bici.

Recuerdo que me compraron una bici blanca, de esas que te queda grande para que te sirva para algún año que otro. Me quedaba tan grande que cuando frenaba no era suficiente con bajar la pierna, tenía que lanzarme al suelo y apoyaba los dos pies.

Después la vida va por otros derroteros y en la ciudad de bici nada, básicamente porque somos cinco de familia, vivíamos en un piso sin trastero y… tres bicis son muchas para una terraza.

Con los años me casé y un día el que era mi marido me sorprendió con que había comprado dos bicis, igualitas. Salimos unas cuantas de veces, después la falta de tiempo y de ganas de salir con él hicieron que la mía se llenara de polvo colgada en la terraza. Me conformé con la bici estática, no me llevaba a ningún sitio, pero al menos pedaleaba.

Y hace un par de años decido quitarle el polvo a mi bici roja y cogerla de vez en cuando. Paseos cortos, sólo darle un poco de vidilla. Hasta que resulta que todo el mundo sale en bici. Ea, pues yo también.

Una amiga y yo nos animamos y comenzaron las rutas. ¿Qué bici tengo? Pues… no recuerdo la marca, ya no tiene ni las pegatinas, mi ex las compró de oferta en Carrefour. Tres platos, seis piñones, horquilla rígida… nada comparable a las superbicis que lleva la gente de ruta.

El año pasado fue fantástico para mi bici, nunca había hecho tantos kilómetros seguidos. Hasta que llegó el invierno. En noviembre hice mi última ruta del año y ya nunca tuve ni tiempo ni oportunidad de cogerla. Lo echaba de menos, echaba de menos quedar temprano, colgarme mi mochila a la espalda, colocarme el casco y pedalear por el gusto de pedalear, da igual hacia donde, lo importante es el ejercicio, el paseo y las personas con las que lo compartes.

Más adelante lo mismo me animo y os hago un análisis de las personas con las que me he encontrado haciendo rutas. Para mí no tiene desperdicio.

Total, que en Abril decidí que debía coger otra vez mi bici y desoxidar mis piernas. La cogí dos días y para dar vueltas al parque más cercano a mi casa, a modo de entrenamiento. Los fines de semana toca bici, el sábado o el domingo o los dos días, pero toca bici, aunque sea por el parque o por el carril bici. Que en realidad me voy al parque como si fuese de ruta, con casco, mochila y todo.

Y por fin la semana pasada me animé, sin avisar a nadie, por lo tanto sin compañía, decidí hacer una ruta que conocía: Desde mi casa al polígono industrial Parque Plata.

Y ya no quiero parar…

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