Festival del Color Sevilla 2015

Habíamos planeado un maravilloso fin de semana en la playa… que no salió. Sin planes alternativos recordamos el festival del color y decidimos ir, si aún quedaban entradas.

¡Bingo! ¡entradas compradas! En realidad nos hacía ilusión, una vez con las entradas en nuestro poder nos dimos cuenta de que lo preferíamos a ir a la playa.

Música electrónica, perfecto, nos pasamos un rato hablando de nuestro encuentro en la fiesta de despedida de la máxima en Cádiz del año pasado y supusimos que de una u otra manera lo pasaríamos bien.

Llegamos a la entrada sobre las cuatro y algo. Mucha gente jovencita. Según avanzábamos en la cola nos dábamos cuenta de que realmente avanzábamos más de lo que debíamos, el motivo estaba a nuestro alrededor. Muchos jovencitos alocados, bebiendo sin medida, con bolsas y bolsas de botellón o bebiendo directamente de la botella de bourbon, como un grupo de italianos que había a nuestro lado grabando su hazaña con un móvil.

Llegamos al primer control. Un chico de seguridad llamaba nuestra atención para explicar cómo debíamos proceder. Los menores debían acompañarle para entregar la autorización paterna y el resto debíamos entrar con el DNI preparado para cuando nos lo pidieran.

Mi amiga levanta la mano y pregunta: ¿nosotras también tenemos que enseñar el DNI? El chico nos mira sonriendo, sabiendo que diga lo que diga… nosotras nos reímos y el se limita a decir entre risas que debe enseñarlo todo el mundo.

Pasamos al siguiente control, enseñar el bolso y el DNI. Nos toca una chica de cara alegre, mi amiga pasa primero y le da el DNI. La mujer mira el carnet, la mira a ella, mira el carnet, la mira a ella… nosotras la mirábamos sin comprender, hasta que de pronto dice: que suerte! Y yo aquí trabajando. Nos reímos un poco comprendiendo que era por la edad y pasamos el control tras enseñar mi bolso que apenas llevaba un monedero con el dinero y los carnets, las llaves, los móviles y un paquete de pañuelos de papel.

Nos para un chico explicándonos que es de la Fundación Vicente Ferrer y nos da unos lunares para que nos lo pongamos en la frente. Ingenuas de nosotras, pensando que buscaban nuestra colaboración y prestas a ayudar, preguntamos cuanto tenemos que darle mientras yo busco el monedero. El chico nos mira con cara rara, sonríe y nos indica que es un regalo, que ya estamos ayudando. Le damos las gracias con cara de bobas, pensando que cualquiera con una justificación nos sacaría la pasta y buscamos la entrada.

Ya nos conocemos el recorrido y donde están las barras, apetece una cervecita, hace calor. Mientras pedimos nuestras bebidas preguntamos por la bolsa de polvos de color y nos indican que con la entrada nos la dan junto a la barra de enfrente. Vamos hacia allí, enseñamos nuestra entrada y nos dan nuestra bolsa, una azul y otra morada. Decidimos esperar a las indicaciones para lanzar nuestros colores, pero pronto nos damos cuenta de que la gente los tira cuando les parece.

Nos adentramos en la multitud y apenas unos minutos después ya nos han coloreado un poco.

En general todos los DJ estuvieron bastante bien, excepto uno que no nos gustó a ninguna de las dos. Creo que fue el segundo que salió. De cualquier modo si no te gusta la música electrónica… no es tu sitio.

A ratos nos sentíamos un poco fuera de lugar por la edad de las personas que nos rodeaban, bastante más jóvenes que nosotras, pero la verdad era que lo estábamos pasando muy bien. Ya llegó un momento que era en plan: ¡anda mira! Ese chico lleva una bolsa amarilla, ¿tenemos amarillo? Y antes de pedirlo la persona en cuestión ya tenía su mano llena de amarillo y nos lo lanzaba.

Ya anocheciendo comenzamos a notar los efectos del alcohol en los jovencitos, la mitad andaba sentado incapaz de ponerse en pie o desahogándose en alguna esquina o marchándose a su casa.

El ambiente era bastante bueno, la música estaba genial. Cabe destacar a 2Maniaks y a (los del arito de luces)

Casi al última hora, situadas en un lateral en primera fila, ser armó un poco de barullo, vimos a varios chicos de seguridad ponerse los guantes y miramos al que teníamos delante… el hombre amablemente nos indicó que era mejor que nos apartáramos y eso hicimos, al parecer había un poco de jaleo en la parte central.

Poco después decidimos irnos, ya no había nada allí y faltaba poco para cerrar. Entre que la música ya era un poco para desfasados y el jaleillo que se había montado… era mejor marcharse.

Al llegar a la puerta de salida nos llevamos la sorpresa de que los chicos que habían montado el follón dentro estaban fuera peleándose, así que no nos dejaban salir y si salíamos tenía que ser en dirección opuesta a donde estaba la pelea. Decidimos esperar porque habían avisado a la policía y nuestro coche estaba al otro lado de donde nos enviaban, después de ocho horas de pie o dando saltos… no había ganas de rodear media cartuja para ir a por el coche.

Tomamos asiendo en un poyete cercano junto a una chica mientras la gente se agolpaba para ver como se peleaban los de fuera o salía en la dirección que les indicaban. La chica comenzó a contarnos que esos chicos al parecer habían estado intentando robar, metiendo las manos en bolsillos y bolsos ajenos. Reconocimos a uno de los chicos de seguridad con los que habíamos hablado durante la noche y le preguntamos. Nos contó lo que ya sabíamos y se quedó con la información proporcionada por la chica que nos acompañaba para cuando llegara la policía.

Fuera dos jovencitos intentaban pegarse mientras los amigos a veces los azuzaban y a veces les separaban. No recuerdo cuanto tardó la policía exactamente, pero no fueron más de diez minutos ni hubo hostias de consideración entre los contrincantes.

En cuanto llegó el primer coche de policía nos dejaron salir por donde nos diera la gana, aprovechamos para irnos.

Con la calle cortada, caminando en dirección a nuestro vehículo, vimos llegar dos coches más, iban bastante rápido, así que a pesar de ser coches normales supusimos que también eran de la policía.

Un chico muy limpito gracias al poder del agua del cuarto de baño masculino, nos acompañó todo el camino contándonos que había quedado con sus amigos para seguir de marcha por Sevilla e insistía en que le acompañáramos. Nosotras nos descojonamos: ¿Dónde íbamos a entrar con nuestras pintas? La mayor parte de los colores que llevábamos se quitó con la primera ducha y de la ropa más o menos con un lavado. Pero tuvieron que pasar dos duchas más para que el negro, formado por todo aquel tinte de colores, se quitara de determinados lugares.

Llegué a la conclusión de que con buena compañía de igual donde estés. Si estás dispuesto a pasarlo bien un evento extraño, en el que la mayoría de la gente es diez años (mínimo) menor que tú y del que no sabes mucho, se convierte en un evento que repetir.

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