Las almas de sevilla 2

Un sábado cualquiera, de un mes cualquiera, cansadas de salir de noche y ya que una amiga había asistido a la ruta Las Almas de Sevilla, decidimos apuntarnos a la segunda parte. Según me cuentan no pasa nada si no he ido a la primera, así que digo que voy, de cualquier modo cuesta 5 €.

Durante la ida al centro me resumen lo que recuerdan de la primera parte, prácticamente no me entero de mucho, pero como no me hace falta pienso que es mejor que en otra ocasión, si lo merece, me apunte a la primera.

Por cuestiones varias (básicamente que llevo todo el día sin comer y tengo hambre), a pesar de llegar pronto, cuando nos damos cuenta se nos echa la hora encima. Avisamos al chico y nos dice que no nos preocupemos, que cuando estemos listas le avisemos y nos dicen donde están por si queremos incorporarnos.

Estábamos cenando en el Bushi, en las setas, paramos sólo para tomar una cerveza y hacer tiempo, mi estómago avisó, propuse pedir algo y nos atiborramos de comida japonesa (podéis ver nuestra impresión sobre el lugar en el apartado restauración)

Al final terminamos cinco minutos después de la hora a la que habíamos quedado. Yo nunca había asistido a una ruta así y resulta extraño. Te apuntas a un evento en el que no conoces más que a las personas con las que acudes y quedas en un punto concreto. Está claro que si llegas de los últimos es fácil, donde veas a varias personas esperando, te paras y preguntas, pero… ¿y si llegas el primero? ¿A todo el que veas por allí le preguntas si es el guía… como una cita a ciegas…?

Afortunadamente nos incorporamos antes de comenzar, saludamos a las pocas personas que había, hablamos con el guía y resulta ser un chico simpático y amable. Buen ambiente entre las personas que íbamos, mostrándonos poco a poco unos y otros con el paso del tiempo, algún chiste, alguna risa… Me doy cuenta de que a veces las cosas se me escapan solas, las pienso y las digo en voz alta sin ser mi intención, menos mal que al menos son comentarios normales que caen en gracia.

La ruta no está mal, te das un buen paseo por Sevilla mientras una persona te va contando cosas. Me gustó, pero… le faltó naturalidad, quizás por eso los espontáneos comentarios no sentaban mal. El chico un par de veces contó anécdotas que habían ocurrido con otros grupos, pero sin duda todos le mirábamos pensando lo mismo: “sí, sí, que casualidad”. Lo mismo es que a mí no me dan miedo las historias de fantasmas.

Al final le faltó algo, no más tiempo, que en un momento dado también, le faltó profundizar, fue como si me contara las historias pero no conseguía que me metiera en ellas. Iba dispuesta a sentir escalofríos… apto para todos los públicos.

En parte mereció la pena, pero al llegar a casa descubrí que mereció más la pena la cervecita de después, con aquellas personas que acababa de conocer, que por la ruta en sí.

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