The Mud Day

No estoy preparada, lo sé. Voy a morir o, como mínimo, a terminar lesionada… ha llegado el momento, estoy en el punto de encuentro, no hay marcha atrás.

Aparcamos y caminamos hasta la entrada. Por el camino vemos a un grupo de chicos y uno de ellos va en silla de ruedas, uno de sus compañeros va con cuerdas… comenzamos a hacer conjeturas, pero en realidad nos imaginamos la situación y comenzamos el día un tanto emocionados, tanto por la experiencia que nos espera como por la situación que vemos e imaginamos.

Nos identificamos en la entrada y nos dan un sobre con nuestro dorsal, una pulsera y algunas indicaciones. En el centro de la zona acotada hay una torre en la que hay un DJ poniendo música, a la derecha hay carpas donde dejar las mochilas, los servicios y las duchas, algún sitio donde comprar comida y junto a la salida un entrenador con su micro ayudando a la gente con los calentamientos y dando la salida a los grupos.

Damos una vuelta por allí, pendientes de nuestra hora de salida, nos reímos un rato con un grupo que sube al escenario que van disfrazados de súper héroes… y toca nuestro calentamiento.

Hace pocos días que ha salido a la luz el recorrido, 13 km de obstáculos, ya tengo claro que al menos un par de pruebas… son superiores a mí. Salimos en la tercera tanda. Suena la sirena y ¡a correr!

Primer obstáculo: Una pared de madera de 2,5 metros de altura. Vamos dos chicas y dos chicos, Fran se encargará de mi amiga y Jesús de mí. Veo unas manos, apoyo el pie, me alzo, me sujeto al borde superior de la pared y tiro para arriba con todas mis fuerzas. A horcajadas sobre la pared pienso que lo mejor es agarrarme al borde con las manos y dejarme caer, es muy alto para dar un salto sin romperme nada.

Pensaba que no sería capaz de hacerlo, pero lo he hecho y eso te sube el ánimo un poco más.

Otro poquito de correr, viene una cuesta arriba. A mitad de la cuesta todo el mundo hace el mismo comentario: ¿Esto es un obstáculo? La respuesta es No, los obstáculos están indicados, eso sólo es parte del trazado del camino.

Llegando al segundo obstáculo se va notando mi incapacidad para correr… y mis compis se quejan un poco, con razón.

Segundo obstáculo: un palo, pasa por abajo, una pila de paja, pasa por arriba… es divertido, pero ya nos estamos preguntando dónde está el barro. Ahí te cansas un poco.

Un poco más adelante obtenemos la respuesta a nuestra pregunta sobre el barro. Vemos un agujero en el suelo lleno de agua y dos tablas cortando el camino para que no puedas nadar y tengas que sumergirte, el tercer Obstáculo: coges aire, sonríes y te metes en el agua, que está fría. Más o menos calculas dónde está la tabla y dónde puedes emerger para coger aire. Lo consigues, vuelves a llenar tus pulmones y a zambullirte en el agua sucia para pasar bajo la siguiente tabla. Sales chapoteando, pesando unos cuantos de kilos más y a correr un poco para quitar el frío. Mientras corres te vas exprimiendo la ropa. Un fotógrafo nos hace alguna foto.

Cuarto Obstáculo: Este cansa menos, te dan una pulsera y tienes que atarte a tu compañero/a y correr juntos. Nos ponemos por parejas, nos atamos y a seguir!. Cuando la prueba acaba hay una persona de la organización que avisa de que ya puedes quitarte la pulsera.

Y llegamos al Quinto Obstáculo. Prácticamente y debido a mi poco fondo corriendo, vamos solos. Son unas cuantas de pirámides hechas con paja. Subes, bajas… intentando darme prisa me salto una y me riñen mis compis, vuelvo sobre mis pasos y la hago. Habíamos quedado en que había que intentar pasar todos los obstáculos y no es plan de saltármelos por darnos prisa. Guay.

Tras las pirámides hay una cuesta abajo. Al llegar abajo vamos hablando sobre lo de correr, como yo soy la “inútil” van a ir a mi ritmo. Al llegar abajo vemos a un chico al que… probablemente por el calor que hace a pesar de ser Noviembre o por haberse forzado más de lo necesario… está tumbado en el suelo y le están atendiendo. Al pasar por el lado les digo a mis compis que prefiero evitar eso. Es cierto que puedo dar más de mi corriendo, no mucho más, pero bueno, pero forzarme corriendo significa que a los obstáculos voy a llegar más cansada de lo necesario y si sumo un esfuerzo con otro… no quiero terminar metida en una ambulancia y dándoles el día. Por lo que quedamos en que a la hora de correr el límite lo pongo yo, así que cuando me canso, vamos caminando deprisa… o despacio, porque cuando no estás hablando con unos estás hablando con otros.

Sexto obstáculo: la piscina de hielo. Hay cola. Sólo se puede pasar de dos en dos, así que toca esperar. Ya se ve a la gente cansadilla. Junto a mi hay una chica que no deja de pedir que dejen de echar hielo en la piscina. Y es que junto a la piscina hay una furgoneta cargada de hielo y no dejan de abrir bolsas y esparcirlas por el agua. De pronto se forma algo de revuelo, toca el turno al chico que va en silla de ruedas y sus amigos, uno de los colegas lo sujeta, no vi bien si se ataban o no y entre los aplausos y las palabras de ánimo del público se sumergen.

La verdad es que impresionan tanto la escena, como la reacción de la gente en general, como la forma física de los amigos del chico, que tienen que cargar con su propio peso y con el de su amigo. Así a modo de confesión he de decir que me emocioné y casi lloro, es más, cada vez que recuerdo alguna situación en la que intervenía ese grupo, se me ponen los vellos de punta.

Nos toca. Ni siquiera me atrevo a pensar en lo fría que estará el agua, comento a mi amiga que lo bueno es que nos vamos a quitar un poco de barro de encima. ¡Al agua pato! Buceé hasta el final, con todo aquel hielo congelando mi piel. Emergí cogiendo aire y vi a un chico arriba que ayudaba a salir al personal. Mientras tiraba de mi mano, muerto de risa (que malo) no dejaba de decir: “venga ahora a correr para entrar en calor, no te pares”. Evidentemente no puedes hacer otra cosa.

Un poco más adelante parada obligatoria para beber agua. Hay una larga mesa con un montón de vasos llenos de agua o bebida energética. Bebes lo que puedes sin pararte mucho y continúas.

Séptimo obstáculo: este mola. Suelo embarrado, alambre de púas… toca tirarse al suelo. Vas arrastrándote por el suelo, apoyándote en codos y rodillas, teniendo cuidado cada vez que alguien se engancha del alambre y tira de él hacia abajo. Me paro un poco y me mantengo pegada al suelo porque a una chica se le ha enganchado el moño en el alambre y por más que el chico que va detrás le pide que pare para ayudarla, ella no deja de tirar y por lo tanto de tirar del alambre. Se escucha a una chica decir: “Tía que hay gusanos”, con un tono entre el asco y el miedo, y a la amiga contestarle: ¿Gusanos? ¿Eso te vas a parar a mirar?, sigue anda. Risa general. En realidad no había gusanos, pero es cierto que había trozos de paja llenas de barro, y con el movimiento de la tierra podría parecer que tuvieran vida propia. Resulta bastante divertido. Sales de allí, con barro por todos sitios, pesando cada vez más… a correr otro poco.

Pronto llega el obstáculo número 8, una cuesta arriba tan pronunciada que han puesto una red para que se pueda subir. Cansa, bastante, y resbala bastante también. Los pies en esa prueba son para nada, básicamente para apoyarte, casi todo el esfuerzo lo realizas con los brazos.

Por el camino te vas encontrando de todo. Gente disfrazada, gente como nosotros que va a pasarlo bien, grupos de dos o cuatro chicos que van a modo de ver quién puede más… muchos grupos de chicos que van a gimnasios donde se hace crossfit (más que nada por las camisetas). Pero sobre todo te encuentras con muy buen rollo, con gente que te anima si te ven cansado/a, que hace algún comentario gracioso…

Noveno obstáculo: el túnel. No es más que un túnel por el que hay que gatear hasta el otro lado. Cuesta poco entrar, dentro no se ve nada y hay una curva en la que casi te chocas con la pared. Yo me descojoné de la risa, de hecho la salida era más estrecha que la entrada y salí entre risas y que no podía. Lo divertido de la prueba es escuchar a los demás, que si no se ve nada, que si hay ratas, que si se han clavado algo… la imaginación de la gente no tiene desperdicio.

Otro trocito corriendo. Décimo obstáculo, más alambre de púas. En esta ocasión hay público y cola. A mitad del recorrido, con los codos y las rodillas ya doloridos por la arena arañando la piel y en vista de que hay que esperar para proseguir… me elevo un poco quedando a gatas, alguien se engancha en el alambre, mi fila avanza, intento avanzar y escucho a una mujer del público que dice: ay nena cuidado que se te engancha la camiseta, mientras la tela de mi camiseta cede y se rasga. La miro, le sonrío, le doy las gracias, doy un paso atrás mientras me agacho para desengancharme y prosigo. Una pena, la camiseta me gustaba, estaba claro que su fin era la basura, pero te da coraje romperla.

Siguiente parada, punto de avituallamiento. En esta ocasión además de bebida hay comida, fruta. Hay chicas cortando plátanos y naranjas en trozos, tú te miras las manos llenas de barro, la intención es limpiarte en la ropa que también está llena de barro, tienes barro hasta en las pestañas, literalmente. Una de las mujeres voluntarias, cual madre, quitó la piel a un par de trozos de plátanos que fueron directamente de su mano a la boca de mi amiga y la mía. Casi ni masticas, tragas, bebes, das las gracias, tiras el vaso al contenedor que hay a continuación y a correr. En esa segunda parada caes en que hay alguno que va a su rollo y tira las cosas al suelo, pero en general está todo limpio, no cuesta nada tirar el vaso al contenedor que coge de camino.

Durante el recorrido hay muchos carteles, indicando los obstáculos, dando ánimos… hay un punto en el que dice que faltan 5 km, miras el cartel con ánimo porque ya no sabes dónde estás y 5 km es poco y de pronto te encuentras un cartel diciendo ah no son 8 km. No es lo mismo, pero la broma ayuda.

Onceavo obstáculo. Tocar el cielo. Son un montón de tablones a modo de escalera vertical de 4 metros de altura, repleta de barro. Se sube relativamente bien, pero es verdad que está alto. Ya arriba me paré un poco a animar a un chico al que dio vértigo, el amigo ya bajaba por el otro lado y al escucharle le hablé, para que me mirara a mí. Dio la vuelta observando cómo lo hacía yo, imagino que le vino bien para entretenerse. Al llegar abajo me dio las gracias y ¡a correr!

Ahí ya llevas más de la mitad del camino y todo el mundo comienza a preguntarse cuánto queda. El cansancio va haciendo mella en los menos preparados físicamente, pero continuas. No sé si alguien se rindió o no, te vas encontrando a la gente a destiempo, unas veces van por delante de ti, otras eres tú quien va delante… apenas se nota mi mal correr porque casi todo el mundo quiere guardar fuerzas para los obstáculos, que evidentemente cada vez cuestan más.

Y llega el obstáculo número 12. Con la de gente que ha pasado ya por allí sabes que vas a caer al agua. Hay que cruzar el agua sobre palos llenos de barro de la gente que ha pasado por allí, a modo de equilibrista, lo intentas, cuatro pasos y a caer al agua de la forma más elegante posible, mientras te ríes de ti mismo/a.

Tras subir por un escarpado camino, con una amena charla entre mi amiga, un hombre, su hija y yo, llegamos al treceavo obstáculo. Ese es un rollo si vas solo/a porque se trata de que alguien te coge a caballito y después tu coges a ese alguien. Jesús me coge y sin parar hace el tramo de los dos, comprendiendo que yo no voy a poder con él. Está fuerte el tío, porque yo peso lo mío.

Un ratito corriendo hasta llegar al obstáculo 14. Anillas. Me sitúo frente a ellas y me quejo, están muy altas. Recuerdo que un día estuvimos entrenando en el Parque Miraflores y nos colgamos de unas anillas, entiendo que esas cosas las hacen según la media de estatura general, pero yo no tengo estatura media, tengo menos y ni saltando llegué a las anillas, de hecho tuvieron que auparme porque me faltan casi 10 cm para llegar con un salto (mido 163 más o menos). Lo intento, al agua.

Sin darnos cuenta casi nos saltamos el siguiente obstáculo, o estábamos perdidos mentalmente o no estaba bien indicado. Fran se dio cuenta y nos volvimos. Ese era fácil, tenías que coger dos sacos, hacer un recorrido corto, soltar los sacos y continuar. Los sacos pesaban lo suyo eh, 12 kilos cada uno… el primero lo coloqué sobre mi hombro izquierdo y el segundo lo agarré con la mano todo lo bajo que pude y que fuera cómodo. Jesús se vuelve, me dice que me ponga el otro en el hombro y yo le digo que no, el cuello de mi camiseta es el doble de grande que cuando llegué y deja al descubierto el hombro y no quiero arañarme, prefiero llevarlo en la mano, no me pesa tanto. A mi amiga le cuesta más tirar de sus sacos, pero lo consigue. Jesús termina con cuatro sacos porque no me deja ayudarle, alguna pobre persona no ha podido y los ha abandonado a mitad de camino. Mi amigo, en previsión de que alguien tropiece los coge, yo le digo que puedo, que me de uno, él me dice que tire y yo tiro…

Parada de avituallamiento. A beber.

Obstáculo número 16. Like a Fish. Ahí te relajas un poco, sólo tienes que orientarte y caminar agachado. Es una red en el suelo bajo la que te tienes que meter y caminar hasta la salida. No pesa mucho y basta con ir con la espalda doblada, puedes ir caminando casi de forma normal.

Al llegar te has fijado en el número del obstáculo, cosa que en realidad no te sirve de mucho, ya has perdido la noción del tiempo, no sabes qué hora es ni cuánto tiempo llevas en faena, ni cuantos obstáculos eran. Un poco de ánimo y a continuar.

Parada número 17. Reptas por un tubo y al final… caes al agua. Mientras hacemos cola observamos el tema. Fran se para en un tubo y detrás se coloca mi amiga. Yo me paro en el tubo de al lado y Jesús a continuación. Me asomo y veo cómo cae la gente al agua, me giro y comento a Jesús que es mejor ir de culo, para controlar mejor la caída al agua. Él me da la razón y comunico a mi amiga la postura: Metete de culo, boca abajo y al final te dejas caer.

Evidentemente el agua tiene fondo como para que no te partas las piernas al caer. Un par de chicos se cuelan por delante de uno de los que van delante de mí, algunos no tienen espera. El que va delante de mí se mete en el tubo comentando que lo va a hacer como yo he dicho y yo le digo que voy a ciegas, que si ve que me arrimo mucho que me lo diga, me sonríe y se mete, espero un poco a que coja espacio y me meto. Esta oscuro, con poco espacio para moverte. Intento controlar dónde está el chico que va delante de mí, o en este caso detrás, y dónde está Jesús. Llego al borde con los pies, pienso que girarme es una tontería, pego la barriga al suelo del tubo, repto un poco hacia fuera y en cuanto veo que mi cuerpo puede salir sin problemas, me dejo caer, sin olvidarme de coger aire por el camino para la inmersión. Digo “ya” en un grito para que Jesús sepa que se puede tirar y me retiro tan rápido como puedo. Está guay, ¡subía y me tiraba otra vez! Pero hay que continuar hacia el punto 18.

Otra escalera de palos, aunque esta vez hay que subirla al revés. Me subo al primer palo, Jesús está a mi lado, intento llegar al segundo, mi amigo me anima y yo le digo que no llego. Baja un poco su posición, me dice que me agarre al siguiente palo con las manos, le hago caso aunque apenas llego, levanto la pierna, nunca la había estirado tanto, me mira y dice: es verdad, no llegas. ¿Solución? Pasar hacia el otro lado sin subir. No tengo más remedio que saltarme ese obstáculo porque ni llegaba al tercer palo para agarrarme fuerte con los brazos y soltar las piernas para después apoyarlas en el segundo palo, ni me llegaban las piernas de un palo a otro lo suficiente como para hacer el esfuerzo con las piernas.  Mi amiga se ríe de mí, me dice chiquinina y en el segundo palo se salta el obstáculo.

¡A por el siguiente!.

Diecinueveavo Obstáculo. Trabajo en equipo. Hay que tirar de unas ruedas enormes. Nos situamos tras la cuerda lo mejor que pudimos y a correr hasta completar el recorrido circular. Te deja la cintura un poco presionada y a pesar de ser 4 hay que hacer mucho esfuerzo, pero hacemos el recorrido y rápidamente nos apartamos para que otro equipo cogiera nuestra rueda.

Obstáculo 20. Charco con agua sucia y barras sobre la cabeza por las que pasar con las manos. No he llegado a las anillas, tampoco llego a la primera barra. Jesús está detrás de mí y me pide que lo intente saltando, flexiono un poco las rodillas, salto estirando los brazos intentando agarrarme a la primera barra y caigo al agua. Lo que me temía. Una chica me ayuda a salir porque cuesta salir de allí, yo ayudo a salir a mi amiga. Le doy las gracias a la chica y me escurro un poco el agua mientras espero a mis compis.

Ya queda poco, apenas nada, divisas la meta, te sientes cansado/a… y de pronto te encuentras delante de ti el penúltimo obstáculo. La montaña de barro. Subes, intentando poner tus pies en los huecos que dejan los pies de los demás y cuando llegas arriba… no es una montaña de barro, son varias y entre una y otra… agua hasta la cintura. Cuando llego arriba Jesús me dice que estire una pierna, dejando la otra flexionada, y me deje resbalar, intento que mi culo no toque mucho el suelo porque hay piedras.

En la mayoría de obstáculos hay alguien echando agua, claro, si no hay barro no tiene gracia. En las montañas de barro hay gente echando agua y excavadoras echando más tierra.

Subes y bajas la primera, tiras de ti a través del agua, subes la segunda… hay varias, no ves cuantas porque cada una tiene una altura diferente. La tercera… la cuarta… Voy arrastrando los pies que se me van quedando clavados en el barro que hay bajo el agua, un chico pasa por mi lado, es alto, parece fuerte… y de pronto le escucho decir: ¡Dios mío cuantas quedan! A mí me da por reír, intento contestarle que mucho, el se ríe y me anima diciendo ¡Vamos!. Cuando llego a la cumbre de la siguiente montaña me descojono, Jesús está en medio del agua, la excavadora le va echando arena y el del agua le echa agua. Parece un conguito. Me reúno con él abajo y subimos la siguiente montaña. Yo ya había perdido la cuenta, aún nos quedaban dos. Cansa, bastante, te resbalas mucho al subir, al bajar te das cuenta de cómo vas. Cuando terminas de bajar la última aprovechas un poco el agua para quitarte el exceso de barro, mientras caminas escurriéndote el agua te vas viendo algún arañazo en las manos. Mi camiseta ya parecía tres tallas mayor que la original…

Das un último apretón trotando hasta llegar a la meta, pero antes tienes que pasar por una zona llena de tiras electrificadas. A Jesús le dan bastante calambre, el resto apenas las notan y yo… como si nada, ni allí, ni en las que cuelgan del alambre de púas.

Por fin llegas a la meta, te hacen una foto, te dan tu medalla y una camiseta. Tras la camiseta cervecita y fruta.

Después te espera música y baile. Ni siquiera nos duchamos, nos fuimos directamente a bailar.

El tiempo de duración de la prueba son 2h30m, lo completamos en 2h39m.

 

¿La experiencia? Inigualable, enriquecedora, divertida. Para repetir cada año mientras el cuerpo aguante. Es cierto que llegó un momento en el que era caro, nosotros pagamos 45 Euros cada uno y en realidad es caro, pero cuando llegué a mi casa y me quité la ropa, la tiré a la basura y tras la ducha me tiré en la cama… comprendí que habían sido los 45 Euros mejor invertidos de mi vida hasta ese momento. Entre pitos y flautas es lo que te gastas cualquier fin de semana.

Está bien organizado, había muchos voluntarios, incluso un coche iba dando vueltas por el circuito, con la música a todo volumen. Para cualquier cosa que pudiera ocurrirte había gente de la organización cerca.

Quizás al final pobre en opciones alimentarias, pero la mayoría de la gente se marchaba al poco de terminar.

No vi la zona de duchas porque pasamos de ducharnos, había mucha cola. La zona de servicios… como todas, retretes portátiles hechos para personas altas, pero había bastantes.

Desde mi punto de vista a la organización de doy un 9, a la prueba ya he dicho que insuperable, por la prueba en sí y por el ambiente, poco competitivo.

Para lo único que tengo pegas es por lo de las fotos. En cada prueba había fotógrafos haciendo fotos y después te dabas de alta en una web y podías comprar las tuyas… entré en la web, me registré, me busqué por el número de dorsal… ¡7 pavos la foto! ¿Perdona? Se entiende que los fotógrafos se pasaron una mañana trabajando, que hicieron muchas fotos, que las vendieron al precio que les pareció o pusieron precio a su hora de faena… ¿pero a 7 € la foto? ¿a 21 € el pack de 4?… no creo que mucha gente comprara las fotos y menos cuando en la mayoría de los grupos había gente con cámaras deportivas… en fin.

Por cierto, yo llevaba una cámara deportiva que perdí. No había grabado mucho porque la llevaba colgada al cuello y no era el sitio, pero perdí la salida, le llegada a meta… espero que quien la encontrara la esté disfrutando. 😛

Hay cosas que te gustan sin remedio, con las que disfrutas, y algo como el Mud Day nos gustó tanto a los cuatro que estuvimos buscando pruebas similares para repetir. Tonteamos con la idea de ir a la Farinato’s race, que también se hace en Sevilla, pero cuando intuimos el nivel y que es algo más competitivo que de ocio, decidimos no ir. La pena es que la mayoría de las cosas que encontramos, cómo no, eran fuera de Sevilla. ¡Tendremos que esperar al Mud Day 2016! ¡No os lo perdáis porque merece la pena!

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