Mud Day (Previo)

¿Conoces esa sensación cuando decides hacer deporte? Sí, esa en la que cada día piensas en calzarte las deportivas e irte al parque… Vida cómoda, sedentaria, sin más movimiento del necesario… No sé cuantas veces lo habré pensado, de hecho una vez me decidí y lo más que conseguí fue dar algún paseo por el parque, que no es mucho, pero al menos despeja la mente.

Había llegado el momento, no tenía más remedio, a principios de octubre me había apuntado al The Mud day y al menos tenía que intentarlo de verdad.

Después de mirar en cientos de webs, me tracé mi propio entrenamiento, me compré un par de camisetas nuevas, un par de mallas y a ello que me puse.

Primero tenía que ver lo que era capaz de hacer… si me pones a correr con niños ellos corren más que yo, si intentan atacarme… más vale que sepa defenderme porque lo que es huir… me da que me pillan pronto.

Esa vez era diferente, yo tenía un objetivo, un mes y algo después tenía que hacer una carrera de 13 km con 22 obstáculos… al menos tenía que prepararme lo suficiente como para no lesionare o como para sobrevivir.

En todos sitios había leído que había que comenzar despacio, alternando correr con andar, ampliando el tiempo que corres… ¡Si yo lo intento pero no me sale! No podía más que pedirme paciencia a mí misma.

Por otro lado estaba la fuerza, de eso no ando mal (o eso o que soy muy bruta, que puede ser), aun así decidí hacer pesas. Había que comenzar poco a poco, tan poco que comencé con pesas de 1 Kg.

La primera semana bien, tanto corriendo como con las pesas (lógico, andaba más que corría y 1 Kg no es que sea mucho). La segunda semana mejor, me estaba gustando eso de hacer algo de deporte y con pesas de dos kilos los ejercicios parecían mejor. La tercera semana, con tres kilos y aguantando un poco mas corriendo… de pronto me baja la regla, cosas de ser chica. Supongo que por cuestiones de sensibilidad en esos días me notaba todos los músculos. No eran agujetas, solo era que el musculo decía: oye, que yo existo eh!. Me riñeron un poco diciendo que aunque cogiera poco peso y no corriera demasiado tiempo hacía ejercicio cada día y tenía que rebajar un poco. Pero yo no podía, tenía que estar mínimamente preparada para finales de noviembre. A medida que mi menstruación iba acabando, un tonto resfriado hizo acto de presencia. Eso sí que era extraño. Pensé ¿ya me toca? ¿Han pasado cinco años? Afortunadamente enfermo de poco a nada, eso, un resfriado cada cuatro o cinco años, y tenía que tocarme justo en aquel momento y con tos. Intenté continuar con mi entrenamiento en un par de ocasiones, pero lo único que hice fue empeorar. Lo malo no era de cara al The Mud Day, era que justo una semana antes teníamos una carrera de relevos y una cosa era hacerlo mal y otra no poder asistir por continuar enferma.

Me armé de paciencia y dejé que el resfriado fluyera por mi vida.

Lo más curioso de todo eso era que mi cuerpo, por más que a mi mente le hubiera costado, se había acostumbrado al ejercicio y lo pedía, sentía mono de salir a correr o coger la bici o ignorar alguna serie mientras hacía pesas.

Probablemente a la mayoría nos cuesta la misma vida arrancar, algunos tal vez ni siquiera lo hagamos (¿Cuántos hay apuntados a un gimnasio al que nunca han ido o han ido poco?), pero cuando lo haces notas que te sientes mejor, que es algo que en realidad necesitas; aunque sea fácil dejarlo, después cuesta menos volver. No nos damos cuenta de lo mal que comemos o de lo parados que vivimos. No se trata de ser el mejor ni con 40 tacos ir a unas olimpiadas, ni por estar más delgados o más fuertes, se trata de cuidarse, de sentirse mejor, de hacer ejercicio porque apetece, no porque sea una obligación.

Yo también tenía siempre una excusa: eso del deporte no es lo mío… tengo poco tiempo… prefiero aprovechar para hacer otras cosas… las responsabilidades… Es que eso cansa… Ahora tengo zapatillas nuevas (las otras las tuve que tirar después del The Mud Day), las compré hace una semana. Entre unas cosas y otras no he tenido ocasión de estrenarlas y hasta me ha dado coraje. El discurrir de la vida nos cansa, pero estoy deseando comenzar de nuevo mi entrenamiento.

¿Te apuntas?

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