Restauración

El Sitio

Un miércoles cualquiera de marzo, toca reunión de amigas. En esta ocasión decidimos ir a San José de la Rinconada, una de las chicas vive allí.

Llegamos con ganas de charlar, pasar un rato agradable, tomar algo y si se tercia cenar. Hay hambre… venga, vamos a El Sitio.

El local está bonito, gusta, para ser miércoles hay bastante gente. Es autoservicio, vas a la barra, pides y un camarero te acerca la comida. Cogemos un par de cartas y ¡a mirar! Hay tantas cosas que no sabes qué vas a comer, tras varios, muchos, minutos de indecisión por fin nos decidimos, somos cinco, es normal que cueste. Tomo nota en mi móvil de todo lo que queremos, incluidas las bebidas y me acerco a la barra. Tardan poco en atenderme, le muestro el móvil a la chica y ella toma nota en un papel. Ya podían agilizar el proceso poniendo papel y boli en las mesas, pero bueno. Comienzan a llegar los platos. Primer fallo… como en otros muchos sitios pides algo para compartir y llegan casi todos los platos menos ese. Habíamos pedido patatas dado con bacon y queso para compartir, también pedimos risotto a los 4 quesos, lomo de dorada en salsa verde, champiñones rellenos, lomo de atún con salmorejo y no se qué más, tartaleta de berenjenas, alitas de pollo y yo gratinado de pasta con salsa boloñesa. La bebida la retiro yo al pedir y hago las veces de camarera.

Mi plato: No está mal, la salsa se nota de las de bote del mercadona, la pasta está algo pasada, pero me lo como, no hay otra.

Llega el Lomo de atún con salmorejo… ¡sorpresa! No es atún natural, es un trozo de lomo de atún de lata, pero al parecer no está mal, aunque todas creíamos que era atún a la plancha.

Los champiñones tienen buena pinta, degustación… esto es todo aceite… las patatas están crudas.

El risotto… bien… no sé qué decir… parece más bien arroz cocido con una salsa de esas de sobre que le echas agua caliente y listo, no le vemos el risotto por ningún sitio…

Llega el plato para compartir, tiene buena pinta, son daditos de patata con bacon y queso fundido. Degustación. Quema. Sopla.

  • ¡las patatas están crudas!
  • Las que trae mi plato como guarnición también.

Somos cinco para un plato hondo con no mucha cantidad de patatas, que debería haber volado, pero se queda a la mitad, básicamente lo que es probar un poco cada una y ahí se queda.

La tartaleta no aparece. Preguntamos.

Llega el plato de dorada, estamos comiendo a tiempos diferentes, pero no importa. La dorada no tiene mucha pinta de dorada… la chica lo prueba, comenta que ella juraría que no es dorada, la dorada es más blanca, las vetas marrones son más oscuras… total, que no es dorada.

Ya pensando en macharnos volvemos a preguntar por la tartaleta, es la segunda vez, el camarero, que solo lleva la comida a la mesa y recoge los platos, va a la cocina y pregunta, vuelve al momento diciendo que se han olvidado de apuntarlo y no la han hecho, pero que tarda cinco minutos. La chica involucrada en el plato decide esperar, pidiendo que no le pongan queso. Al momento viene el camarero que está en la barra y con malos modos dice en cuanto llega:

  • A ver, la tartaleta ya viene preparada y trae queso por encima, además tarda 20 minutos o 30 en hacerse, lo digo por si os tenéis que ir o algo así.

¿Perdona? ¿Nos estás invitando a que pidamos la cuenta? Es para flipar, son casi las once de la noche, pero aún hay bastante gente en el bar… no sé por qué dice eso y además de forma tan desagradable, que a lo mejor el hombre ha tenido un mal día, pero no son modos de tratar a los clientes… sin comentarios, pero nos parece muy fuerte. La persona humana que iba a consumir la tartaleta pide champiñones rellenos. Llegan en poco tiempo, ni diez minutos. En el plato vienen seis u ocho champis, con patatas fritas en el centro. Esas patatas también están crudas, se como tres champiñones y comenta que le está entrando fatiga por todo el aceite que lleva y que además están crudos, hasta fríos por dentro, yo le comento que a mi con el aceite me pasa lo mismo, ella decide dejar de comer, yo aprieto un champiñón por los lados con el dedo índice y pulgar y rezuma aceite…

Yo: Joe, parece que han cogido los champiñones y los han metido en la freidora para calentarlos, lo aprietas y sale un montón de aceite. Esto no está hecho a la plancha…

Raquel: Pues yo sigo pensando que lo que he comido no es dorada

Yo: Pues yo siento deciros que no vengo más, para el precio que tienen los platos no merece la pena.

Pili: Yo tampoco vuelvo.

Raquel: Lo siento, yo solo había venido aquí una vez. (lo dice porque es ella la que ha dicho que vayamos allí, el resto le decimos que no se preocupe que no es culpa suya). Vamos a pedir la cuenta.

El chico se acerca a retirar los platos y le preguntamos. Nos indica que hemos de ir a la barra a pedir la cuenta. No sale caro por cabeza, pero…

En resumen el local está bien, es agradable y resulta cómodo. El chico que hace de camarero se ve agobiado, pero entendemos que si todo el mundo se queja de los platos… es normal, estará hasta la coronilla. La chica de la barra es agradable, el otro chico, el que tiene menos pelo, parece un poco agobiado en su vida en general y lo transmite bastante bien, hasta resultar desagradable. La comida: los platos no van mal de cantidad, pero el precio estaría bien si tuvieran la calidad adecuada. Para ser en un pueblo y autoservicio… más nos hubiera valido ir al McDonal’s. Nunca se puede decir nunca porque la vida da muchas vueltas, pero dudo que volvamos a ese lugar.

Bushi

La misma noche que las almas de Sevilla parte 2. Nos sentamos a tomar algo allí mismo porque me apetecía comer y me gusta el sushi. Tomamos asiento en una mesa, un chico muy amable nos atiende, otro, muy guapo, nos trae las bebidas. Mientras esperamos nuestra comida observamos el sitio, es la primera vez que vamos.

El chico alto y guapo anda limpiando cristales mientras dentro, una chica, se afana en tenerlo todo listo. Debe ser temprano… son casi las diez… mala hora para estar limpiando aquello, no da muy buena impresión, espero que no sea algo habitual y sólo es que hoy les ha cogido el toro.

Menú de la noche, ensalada y variado de sushi. La comida está buena, la atención es buena, pero como todo lo relacionado con la comida japonesa o eres de poco comer o te gastas un dineral. La ensalada es poca para dos y tocamos a tres tipos de sushi diferente cada una. A nosotras eso ya nos viene bien, pero no quiero imaginarme a cuanto le saldría una cena nipona a mi hermano…

Probablemente algunas cosas nos parezcan un poco elevadas en precio porque estamos acostumbrados a tapear y hartarnos. Quizás no tengo en cuenta que los ingredientes vienen directamente de Japón o la elaboración de los platos… al final siempre claudico porque me gusta, así que al menos una vez al mes me alimento de comida japonesa.

El sitio está bastante bien, en las setas de la encarnación. Es moderno, bonito y te atienden bien. Tocará repetir.

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