Rutas Bici

Ruta 5: Alcalá de Guadaira

Sevilla – Alcalá de Guadaira – Sevilla

Día de las elecciones generales… otra vez… tengo que ir a votar a Alcalá de Guadaira y precisamente quería hacer una ruta por allí, así que decido ir en bici.

Salida: 8.30 desde Sevilla Este. La idea es hacer Sevilla – Alcalá – Mairena – Sevilla, pero en realidad, debido a las pocas ganas con las que me he levantado, ya se que se va a quedar en Sevilla – Alcalá – Sevilla.

Salgo en dirección al puente que cruza la autovía de Málaga que hay frente al cuartel, cruzo, atravieso el polígono industrial el Pino, sigo por la Avenida de Parsi, con cuidado hago la rotonda de la A-8028 y tras la primera salida me metro en un carril que hay paralelo a la carretera que llega hasta Decathlon. Bordeo la tienda y a la derecha hay un camino. Sé que no es el camino que viene en el track porque lo recuerdo más adelante, así que me paro y miro el móvil. Justo, no es ese camino, pero más o menos llega al mismo sitio.

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Camino paralelo a la autovía                                                       camino por detrás de Decathlon

Para empezar no está muy mal el camino, algún que otro bache, pero bueno. Lo sigo hasta el final y después giro a la izquierda. Por ahí está un poco peor. Voy paralela a una estructura de hormigón que supongo el canal y a unas vías de tren.

Hay un punto en el que veo una bajada a la derecha. Por lo que veo me da la sensación de que he de bajar por ahí para cruzar al otro lado del canal, básicamente porque veo el puente del río y lo recuerdo del año pasado cuando hice la ruta de Alcalá pero desde la Olavide.

Por alguna razón que aún no entiendo, porque a veces no me comprendo a mí misma, decido continuar hacia adelante buscando otro sitio por el que cruzar. Llego a una granja en la que hay un cruce y un montón de perros  que comienzan a ladrar. Por lo que veo en camino que cruza va o a la granja o hacia el polígono, así que no me vale, tengo que volver. Detrás de mí hay otro camino que cruza el canal. Los perros que andan sueltos se van acercando a mí profiriendo sus ladridos, yo hago como que los ignoro mientras cotilleo el móvil. Uno, más valiente que el resto, se para a un par de metros de mi posición y yo voy y me pongo a decirle cosas en plan cariñoso, el perro deja de ladrar y mueve el rabo y los demás perros, imagino que entendiendo que no soy ninguna amenaza, dejan de ladrar y van a lo suyo. Me despido de mi nuevo amigo y continuo mi camino. Bajo, cruzo el canal, subo por el otro lado y ¡no hay camino! Tanto a derecha como a izquierda en camino se pierde en la zona de cultivo. Nada, que tengo que volver hacia atrás y cruzar por el sitio que vi primero.

Me vuelvo y al llegar paro, el camino hace pendiente y prefiero mirar a ver por dónde me dejo caer sin que haya piedras esperando a tirarme de la bici. Veo el camino a seguir y me lanzo. Subo por el otro lado y veo que el camino lleva directamente al puente del rio.

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Parte del camino que cruza el canal

La mitad de las veces me pierdo por intentar seguir el track de memoria y así no tener que pararme, sacar el móvil de la funda, mirarlo… debería comprarme ya algún soporte para bici para ir manipulando el teléfono sin tener que parar. El lunes no puedo, pero del martes no pasa.

Subo la cuesta del puente y giro a la izquierda para coger el camino del rio Guadaira. Recuerdo ese camino del año pasado y está bastante bien. Sigue igualito, quizás la vegetación de los márgenes un poco más frondosa, pero por lo demás perfecto.

Saludos y sonrisas al cruzarme con otras personas. Hasta que llego a Alcalá. Está la opción del track que es cruzar el río y meterme en el parque Oromana por el lado exterior o seguir por donde voy y meterme en el pueblo. En vistas de que tengo que ir al cole a votar decido seguir por el lado del rio que voy, intentar llegar a la zona de la rotonda de los panaderos y desde ahí decidir si sigo subiendo la cuesta por esa calle o meterme por la calle que va paralela al parque.

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Entrando en el parque

El camino se vuelve estrecho y abrupto llegando a la zona del Castillo, que se ve arriba. Delante de mí van dos chicos. Pienso en cómo va la gente en bici y cómo voy yo. Todo el mundo va con su equipación de ciclista, yo voy con unas mallas y la primera camiseta que pillo. Les pierdo mientras observo el paisaje y un poco más adelante freno. Ante mi hay una bajada bastante pronunciada y con muchas piedras enormes, seguida por una subida que los chicos que iban delante de mi están subiendo a pie. Por lo que veo sé que terminaré igual que ellos. Aprovecho que estoy parada para hacer una foto.

Desde que comencé a salir con la bici a hacer rutas y abandonando el carril bici, he tenido la suerte de no pinchar y no tener ningún accidente tipo caída. Mi yo valiente me dice que en algún momento tendré que enfrentarme a una caída, que me tire por la cuesta. Mi yo prudente debe estar durmiendo aún porque no rechista.

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al fondo, bajo los árboles, los chicos a pie.

Me lanzo por la cuesta, al final de ella pedaleo un poco para ir cambiando platos, piñones y demás, por la cuesta de subida necesitaré el piñón grande y el plato pequeño, comienzo a subir mientras cambio… pero mi cadena no pasa al plato pequeño… entre eso y que hay un montón de piedras sueltas, grandes y amenazantes… llega un momento en el que no puedo seguir subiendo, más o menos a la mitad de la cuesta, y he de bajarme de la bici. Aprovecho para cotillear el cambio y ver por qué no me entraba el plato pequeño… en algún momento de la vida le he dado a la bimba (que la llevo colocada bajo el sillín) y esta hacia de tope. Le doy un empujoncillo para ponerla en su sitio y comprendo que he de apretar el soporte para que no se mueva. Es de plástico y supongo que con el calor ha dado un poco de sí y se mueve más de lo que debería.

Cuando llego arriba el panorama… hay otra bajada, más suave que la anterior, pero con una curva a la izquierda. Voy despacito porque no me fio de la curva ni conozco el camino. Subo un poco, bajo, subo… vaya telita. Hay un poco de llano y después una bajada hacia las casas. Es el sitio por el que entrar en el pueblo. Subo la cuesta, foto, foto.

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Cachirula                  Lo que veo delante             Lo que veo detrás                           El río

Vuelvo a la bici y cojo en dirección al puente romano. Desde ahí ya todo es cuesta arriba. Si tiro por ahí llegaré antes a la cruz del inglés, a la izquierda en la rotonda hasta la de Beca y después todo recto… pero hay algo de trafico ya a esa hora, así que decido ir por la calle paralela que hay a la derecha, antes de la rotonda de los panaderos cojo el desvío y sigo por ahí recto hasta el campo de la feria.

Una vez allí me paro un poco. Puedo seguir hacia adelante y bordear la zona de Nueva Alcalá o puedo coger la calle que hay a la izquierda que sube hasta la Avenida de Santa Lucia y llega hasta la Cruz del Inglés y seguir por la carretera…

Decido acortar cruzando el pueblo. Subo, subo, subo, subo, ya estoy harta de cuesta. Llego al Stop de la Avenida, pasa un coche y me acuerdo de toda la casta del hombre por hacerme parar porque aún sube más la calle…. Salgo, termino la subida hasta la cruz del inglés, primera salida de la rotonda, la cuesta se hace más suave, así que comparada con la que acabo de subir es como ir en llano.

Llego al cole, aparco la bici en la puerta bajo la atenta mirada de las personas que hay allí. De forma no muy sutil me miran de arriba abajo mientras me quito el casco y bebo agua. las señoras mayores me miran con cara de estar confirmando que soy una muchacha. Los señores, incluido el policía nacional, miran de forma más descarada cuando descubren que tengo tetas y terminan fijando su vista en mis piernas. Después de 15 km al bajarme de la bici los cuádriceps están inflados y se ven más, sobre todo en la parte inferior, así que alguno seguro que ha pensado: vaya piernacas que tiene la tía.

Me alegra ver que en la cola solo me precede una pareja, así no me entretendré mucho. Me toca. Entrego mi DNI, el chico no encuentra mi nombre, desde donde estoy intento encontrarme, debo estar a no ser que el ayuntamiento de Alcalá me haya desahuciado. Veo mi primer apellido y aviso al chico de la posición en la que está según la punta del boli que utiliza para rastrearme. El chico echa un piropo a mi buena vista, yo le digo que de momento la disfruto y deposito mi voto en las urnas. Despedida y me voy.

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Ejerciendo mi derecho al voto (y mi obligación :-))

Fuera del cole, mientras me pongo el casco y me monto en la bici, notando el calor, decido no volver por Mairena y atreverme con la vía de servicio. Cruzo al otro lado de la autovía y comienzo mi descenso. Se nubla un poco, mientras voy cogiendo velocidad. Prácticamente desde los alcores bajo sin pedalear hasta casi el cruce con la SE-40. En tirantas y con la velocidad de la bajada hace hasta frio. Piel de gallina.

Al llegar a la rotonda de la SE-40 me equivoco al tomar la salida, como la que va en coche cojo la salida que va a Sevilla sin recordar que entra en la autovía… debería haber cogido la que va al polígono para seguir por la vía de servicio. Cuando me doy cuenta del error intento encontrar por donde meterme, pero un muro de hormigón me separa del lugar por el que quiero ir. Voy pensando en cómo solucionar el tema porque no quiero ir por la autovía y veo que el muro de hormigón termina para dar paso a un quitamiedos doble… aminoro el paso y decido parar y saltar el quitamiedos por una zona en la que solo hay uno, cojo en brazos a cachirula y la paso al otro lado, después paso yo.

Al llegar a Torreblanca veo que hay carril bici, así que abandono la carretera y voy por donde debo a esas alturas. En nada estoy en casa.

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Carril bici Torreblanca

La ruta está muy bien, es muy llana hasta llegar al pueblo y el camino está casi perfecto hasta el mismo sitio más o menos, a partir del puente del dragón cambia totalmente. Lo suyo es coger por el otro lado del río y cafrear un poco por la zona “salvaje” del parque para después volver por Mairena. En realidad me quedo con las ganas porque he llegado temprano a mi casa, pero ya tendré ocasión de hacerlo, casi con seguridad el fin de semana que viene.

 

Track Wikiloc: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=13801631

Ruta 4. Sevilla-Camas-Salteras-Valencina-Camas-Sevilla

El sábado, en el foro de zona-estebtt.com veo una ruta que creo que puedo hacer sin morir en el intento. Por la mañana me apunto, éramos dos. Por la tarde la gente se anima y pierdo la cuenta de cuántos vamos. En verdad no conozco a nadie, pero es lo de menos.

La cita es a las 8 en el palacio de congresos. Desayuno, bici y a la calle. Tras las presentaciones y los saludos nos ponemos en marcha en dirección al Alamillo, allí se incorpora Antonio. Al final vamos nueve personas (¿? No sé si me sobra o me falta alguno).

En verdad me da cosilla porque son personas que salen varias veces a la semana, que dan caña a la bici… y yo salgo como mucho una vez a la semana y en llano… así que no les llego ni a la sombra, pero bueno.

Es el segundo día que voy a la zona, en verdad no sé si llegaré arriba o no, la primera vez que ataqué el Aljarafe hasta me perdí, pero voy a dar todo lo que pueda de mí.

Terminado el alamillo en vez de seguir de frente que es lo que yo hago para ir al gimnasio (al polígono parque plata), nos metemos por el camino que hay a la derecha, pasando por otro lateral del campo de tiro, para llegar a Santiponce. Cruzamos el pueblo y cogemos un camino.

Me doy cuenta de que he olvidado encender runtastic o wikiloc… en la parte donde estamos ya me parece una tontería ponerlo…

Aquí se vais a dar cuenta de mi problema para juntar los nombres con las caras… creo que fue José Antonio… iba contándome que íbamos dirección a Guillena, me hablaba de la ruta del agua… Durante un momento, largo, pensé que era Andrés, el chico que convocó la ruta, hasta que me di cuenta de mi error, pero de cualquier modo ya estaba perdida, supongo que el pobre hombre pensó que el camino ya me estaba afectando. En realidad entre el despiste de conocer en tan poco tiempo a tantas personas, con doble nombre (el del foro y el real), con la mitad sin fotos puestas… todos los nombres, los nicks y las caras estaban mezclados en mi cabeza y se unían de forma aleatoria. A lo que hay que sumar que me había dado cuenta de que ese camino no llevaba hacia la zona que pretendíamos atacar, si no que nos alejaba, no demasiado, pero los músculos de mis piernas se pusieron un tanto nerviosos. El simpático chico que me daba las indicaciones me dijo que no me preocupara que en algún momento habría un camino a la izquierda, cuando llegamos a él me dijo ¿ves?… Imagino que con gafas y todo vio mi cara de susto. Tuve intención de enmendar mi error mental por el cambio de personalidad del chico, pero me dio más vergüenza que haberme equivocado, mentalmente repasé los comentarios que le había hecho y que dejaban al descubierto que le tomaba por otro y decidí dejarlo, ya no tenía arreglo.

En realidad no me preocupaba mucho por mí misma porque más o menos me conozco, puedo equivocarme pero soy de las que piensa: “uy estoy cansada, debería llamar a mi hermano y que me recoja… bueno descanso y sigo un poco más, a ver… “ y al final voy y vuelvo, parando más, bajando el ritmo a la mínima expresión, intentando no forzarme demasiado… esto de la bici es como cualquier otra actividad, siempre hay una primera vez para casi todo, para hacer más kilómetros de los acostumbrados, para subir cuestas… y sin duda el cuerpo se entrena haciéndolo. La primera vez vas mal, la segunda regular, la tercera vas un poco más cómodo/a… así hasta que te acostumbras y el cuerpo pide más y tienes que enfrentarte a otra primera vez. Es lo que se llama progresar en algo.

El camino está bastante bien, con sus piedras, sus baches y sus cosas… pero de sombra nada, cero, ni un triste árbol. Está bastante transitado. Hicimos un descanso porque a mí se me juntaba una respiración con otra. Bebimos, saludaron a personas que pasaron por allí y conocían, Madeles me ofreció dátiles, me comí uno y descubrí que mi estómago no admitía comida. No me sentía tan cansada como para que me entrara fatiga, pero bueno… me ofrecieron la oportunidad de volver pero la rechacé, sólo necesitaba descansar un mucho. Ya solo quedaba un “poco” de cuesta arriba y después descender… Propuesta 2: comer algo en la venta Bobito de Valencina, en concreto tostada de pringá.

Rafael fue todo el camino haciendo de vigilante en la retaguardia, Mateo de vez en cuando daba una vueltecita y preguntaba… siempre me hacía compañía alguno de los chicos.

Con sinceridad y sin menospreciar a otros grupos, es la primera vez que salgo con gente y bicis y no hay alguna persona repelente, aunque sólo sea repelente por llamar la atención. Son todos simpáticos, amables y me cuidaron bien. Todo un placer salir con ellos.

Continuamos el camino que lleva a Salteras, En realidad llega a un punto medio entre Salteras y Valencina.

A cachirula le faltan un par de piñones, iba suelta, pero para forzarme menos intenté subir un piñón y era demasiado, volví al que estaba e intenté cambiar al plato pequeño, pero ocurría lo mismo, se quedaba tan flojo que no mandaba ninguna fuerza, así que era peor el remedio que la enfermedad. También es cierto que como suelo rodar en llano no estoy acostumbrada a tanto cambio de plato y piñón, por lo que por regla general cambiaba tarde. Como Rafael venía en la retaguardia de vez en cuando me daba alguna indicación porque escuchaba sonar mis cambios.

Recordé la primera vez que cogí una bici con cambios… después de toda una infancia y una adolescencia con bicis de toda la vida con un plato y un piñón, llego a la “madurez” con una bici de montaña… ¿Que hay que cambiar qué? Fue un desastre la experiencia. Recordé también cuando estrené a cachirula después de comprarla y guardarla durante todo el invierno… ahí sí que lo pasé mal, cada vez que cambiaba algo saltaba todo y pedalear era absurdo porque la bici no avanzaba. Me sentía tonta allí montada, guardando el equilibrio para no caerme, cansada de intentar avanzar al menos un metro y aquello apenas iba… la relegué al olvido durante mucho tiempo porque nadie daba con lo que le pasaba… Descubrí que sujetando el  mando del cambio de los platos se mantenía, me apretaron mil veces el cable, me graduaron todo lo graduable y nada… Hasta que mi amigo Marcos me dijo: mira a ver si el tornillo del mando de los platos está flojo. Destornillador en mano le di media vuelta al tornillo… y ya nunca volvió a saltar. Que digo yo que en esto pasa como en todo, las bicis están de moda y… cualquiera te las vende o dice que las arregla… En fin, el camino continúa.

Llegamos a la venta Bobito, pedimos nuestras bebidas y nuestras tostadas… ¡madre mía como se pasan! Por el tamaño que me dicen que tiene el pan me pido una entera, ¿Cómo voy a saber yo que eso lleva literalmente dos dedos de pringá? Imposible comérmela entera sin que me saliera por las orejas, casi la mitad se quedó allí. Pero lo asombroso fue que uno de los chicos se pidió media y lo único que hicieron fue ponerle la mitad del pan, pero la misma cantidad de relleno.

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Sin comentarios…

Volvemos al camino, bordeando Castilleja de Guzmán, con los chicos animándome porque ya todo es cuesta abajo. Están pendientes de mí en las bajadas, yo intento hacerlo con prudencia, no quiero terminar en el suelo.

Es la primera vez que bajo desde tan alto, sorteando piedras, y es realmente divertido. Pero tanto en las subidas como en las bajadas comprendo por qué me dicen que si mi intención es continuar con ese tipo de rutas tendré que jubilar a cachirula. No pesa mucho, creo, pero voy con un cambio de seis piñones, frenos V-brake y una rueda de 26 con una cubierta normalita. Lo mínimo que se despacha es nueve piñones, frenos de disco y ruedas de 27.5 con cubiertas con tacos que mi bici no ha tenido nunca. Tienen razón, lo sé, me aventuro con una bici mala y una forma física mala, en verdad ni yo sé cómo puedo llegar a mi casa después de algo así y no tener agujetas.

En un llanito hay una casa con un árbol y bajo el árbol un montón de ciclistas a la sombra, saludo general y resulta que otra vez hay alguien que se conoce entre un grupo y otro. En verdad la estampa es para inmortalizarla en una foto, probablemente ese sea el único árbol decente que hay en todo el camino hasta el momento.

Seguimos en descenso, llegando a Camas ya se ve el horrible edificio que parece una barra de labios oxidada. La verdad es que las vistas son para hacer fotos, pero para eso hay que parar y si paro perdemos más tiempo y ya está apretando el calor… mejor no hago fotos.

Por fin en Sevilla, zona de torre Triana, el chico que se unió en el alamillo se despide y vuelve a casa, yo tengo la opción de cortar por carril bici o acompañarles por el camino del rio.

La vez que yo ataqué esa zona sola volví por el mismo sitio, el fantástico carril bici que tienen en Camas, al entrar en Sevilla continué por carril bici. Dudé un momento, carril bici significaba parar cada dos por tres en semáforos y no sabía si era mejor tirar por ahí o seguir con ellos. El camino del río llega al canal, va paralelo a la supernorte y llega a Alcosa… pensé que era mejor continuar con ellos.

Pero cuando aún no habíamos llegado a la altura del estadio olímpico mi cansancio se hace latente, ya no doy ni para llevar un ritmo digno en llano. El problema no es seguir, que puedo, es hacerlo sin que la hora de calor nos coja de camino aún.

De pronto una voz, con una mano empujando desde mi espalda, me dice que me va a echar una mano, que deje de pedalear. José Antonio fue mi caballo de potencia extra (español de pura sangre). Yo le voy diciendo que me da cosa, él me dice que no me preocupe que lo hace con su hijo, yo le digo que no es para nada lo mismo, él dice que le sirve de entrenamiento, yo le digo… total que no nos ponemos de acuerdo y, cada vez que el camino lo permite, me da un empujoncito o me indica que debo cambiar y cuándo, a veces pedaleo un poco mientras me empuja por facilitarle la labor. Su voz y la de Rafael me acompañan el resto del camino, bien para indicarme cómo debo proceder (un gran aprendizaje) o bien para decir por dónde va el camino cuando me ven despistada.

Yo sólo veo  piedras y baches, de vez en cuando me voy poniendo en pie porque mis glúteos lo llevan mal, escucho que con el tiempo el culo también se me hará a la bici. Hasta que llegamos al asfalto, todo un alivio tanto para los traseros de todos como para mis piernas porque rodar es mucho más fácil.

Llegados al Cateto alguno más se despide y el resto nos quedamos allí para tomarnos una merecida cervecita.

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Los chicos                                Las birras

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Las bicis aparcadas

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Yo medio muerta, recuperada un poco gracias a la cerveza 😛

 

Por cierto, no sé si hacer un post en la sección restauración sólo para quejarme del precio de la cerveza en El Cateto o no… en Alcosa City, la caña a 1.30… es un pasote… aunque desde que tuve el bar los precios de muchos sitios me parecen desorbitados.

El resto del camino, por carril bici, ya fue de despedidas, cada uno iba tirando según le convenía para volver a su hogar.

Llegando a casa a mí la ruta se me quedó tan “larga” como a ellos “corta” (me refiero a la caña, no a la distancia)

Esta experiencia, además de demostrarme que hay gente sana y fantástica y que hay que coger más la bici… me ha planteado una cuestión que debo abordar: tengo que buscarme unas cuantas cuestas no muy lejos e irme allí a practicar los cambios, que rara vez he utilizado el plato pequeño o los tres piñones más grandes.

La ruta está muy bien para hacerla tempranito porque el calor ya aprieta; como todas las rutas por caminos tiene sus partes buenas y sus partes menos buenas. Hay bastante gente rodando por allí y vuelve a resultarme curioso que se ven pocas chicas, creo que de todos los grupos con los que nos cruzamos sólo en uno iba una chica. ¿Dónde están las mujeres ciclistas que se atreven con los caminos de Dios?

A los chicos he de decirles que fue un placer rodar con ellos, aunque ya se nota por los comentarios que he ido haciendo, y que sería un placer para mí salir con ellos cada vez que me lo permitan. Os nombraría a todos, uno a uno, porque me habéis caído muy bien (Lo intento… Andrés, Rafael, Mateo, José Antonio, Pepe, Juan, Antonio y Antonio. Perdón si hay algún error o falta alguien o hay algún nombre mal!). Sin duda un grupo genial. Me lo pasé de miedo y aprendí mucho.

Me hablaron de un grupito que hay, con mi gente, con el que alguno ha salido alguna vez… en cuanto tenga tiempo cotilleo un poco, imagino que terminaré apuntándome a alguna ruta, aunque ahora con el verano y las vacaciones… ya veremos… De momento la semana que viene, si no hay playa, me estoy planteando hacer Sevilla – Alcalá – Mairena – Sevilla

Este es el track de la ruta que da mi google maps, así que más o menos hicimos eso, exceptuando lo que mi conexión a internet haya dado de sí y los fallos del gps por ese motivo. Que falla porque a Santiponce fuimos por el Alamillo y en Valencina creo que no dimos tanta vuelta… a ver si uno de los chicos me pasa el track exacto y lo cuelgo.

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El tack de Wikiloc, desde la salida hasta la llegada al El Cateto, gracias a Pepe:

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y su enlace: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=13675628

Ruta 3. Sevilla Este – Los Rosales

Jueves, día del Corpus, fiesta en Sevilla. Dudo, pero al final decido ir a Los Rosales a ver a unos clientes y amigos para hacer alguna cosa que he de hacer allí.

¡Ea, pues voy en bici! Jiji, jaja, muchas risas entre comentarios aludiendo a que no voy a llegar, que seguro que les llamo a mitad de camino para que me recojan… que poca fe tienen en mi.

Salgo de casa sobre las nueve y media, runtastic encendido. Al poco comienzo a seguir una ruta de wikiloc del usuario Subaru55, no sé cómo va a ese tema en Wikiloc porque es la primera vez que lo uso, pero veo que no me habla, así que supongo que tendré que mirar el móvil de vez en cuando. Echo de menos mi soporte para móvil, tendré que comprarme otro.

Cruzo Alcosa city y llego a la rotonda de debajo de la A4, tengo que coger la carretera de Valdezorras y da un poco de mal rollo, no me gustan las carreteras y menos esa. Como hay poco tráfico aprovecho para dar caña y pasar la rotonda, arcén hasta el desvío de la ronda súper norte y allí ya cojo el primer camino, que va paralelo a la autovía.

Me cruzo con unos trabajadores, uno de ellos se sorprende porque soy una mujer y se lo comenta al otro, este otro comienza a animarme, les doy las gracias, los buenos días y sigo mi camino. Paso el cruce del aeropuerto y un poco más adelante, tras pasar por delante de una nave, cojo el camino de los indios. Ese primer trozo no está mal, algún bache que otro, pero se rueda bien. El camino de los Indios perfecto, está asfaltado.

Al pasar una urbanización ya comienza de nuevo la tierra, hay un cruce, me paro a beber, mirar el mapa y hacer unas fotos, diviso Sevilla, pero en las fotos no se ve.

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Cojo el carril de la derecha, se supone que tengo que llegar al canal ¡y voy y llego!. El camino del canal no está mal, parte de él es de las piedras esas grises que parecen asfalto, si vas pegado al canal se va bien, si no hay muchas piedras acumuladas y se hunden las ruedas haciendo difícil el pedaleo o vas en modo vibrador con las señales de las ruedas de los tractores.

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Todo recto hasta el tercer puente, en el cruce hay que tirar hacia la izquierda, por la pista de Alcalá del Río y seguir recto hasta dar con la carretera. Con cuidado se cruza y sigues hacia adelante. Kilómetro 20 según avisa mi runtastic (que lleva 2 km más que wikiloc porque lo puse antes). Hora de descansar un poco.

Suelto a cachirula, me quito el casco, los auriculares y me siento un rato en el suelo a desayunar lo que llevo, que básicamente son gomitas. No es muy buen desayuno gomitas y agua, pero ya he comido algo antes de salir… después de un rato cotilleando el móvil decido continuar. Aún me queda la otra mitad del camino.

Al poco de continuar llego a las vías del tren, giro a la derecha y ya es por ahí hasta Los Rosales. Se ve San José de la Rinconada. Siete km más o menos después llego a la estación de tren de Brenes, parada para beber agua y hacer fotos. Por ese camino hay mucha gente corriendo o en bici o paseando con perros, un camino bastante transitado, así que cada dos por tres andas levantando la mano en respuesta a algún saludo o diciendo ¡hola! En plan eufórico sonriendo y todo… yo saludo a todas las personas con las que me cruzo, hasta a los viejetes que están a pie de plantación.

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estación de Brenes

El camino que acompaña a las vías está a ratos bien, a ratos fatal, a ratos no me siento ya el culo. Llego a un puente en el que no se ve el camino, así que supongo que en vez de cruzarlo por debajo, tengo que rodearlo, subo la cuesta, llego a la carretera, miro a ambos lados, no viene nadie, cruzo y vuelvo al camino. Cuando ya estoy en el camino veo que un ciclista sigue de frente… ¡anda! Pues debe ser que sí que hay camino o el tío ha desaparecido por arte de magia… a la vuelta lo compruebo.

Llego a la estación de Cantillana pero no hago fotos. Un poco más adelante sí, me cruzo con unas compis cabras locas. Las cabras se van, yo sigo.

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Cabras locas

Paso por detrás de La Monta y consulto Wikiloc, ya estoy cerca de Los Rosales y en algún sitio tengo que cruzar hacia el otro lado de las vías. Continuo y paro más adelante, es en el siguiente puente. Ni siquiera hay carretera, subo el puente, bajo frenándome un poco al llegar a la mitad porque lo que hay después es un trozo de camino y la carretera y después de pedalear por el carril bici del pueblo por primera vez llego a mi destino.

La vuelta está prevista para después de comer, sobre las cinco o cinco y media, pero también me había planteado la opción “No tengo fuerzas para pedalear otros 40 km”, así que durante la comida aún no tengo claro si me quedo allí a dormir, dándole la alegría a mi amiga, y volver el viernes por la mañana, o echarle valor e intentarlo.

Agradezco a mi amiga que insista en que me quede con ella, pero decido volver.

Salgo a las seis de la tarde, muy mal, no quiero que me coja la noche por el camino, al menos hasta llegar a la civilización. Llevo luces, pero estoy cansada y no sé cuánto voy a tardar en volver.

En cuanto salgo a campo abierto lo noto… hace viento, me cuesta tirar a una velocidad decente porque mis piernas van quejándose y encima el viento… paro un momento a observar las plantas que hay a los lados del camino, el viento las azota en mi dirección… perfecto… viento de cara, que por poco que sea, en mi estado… molesta. Aprovecho que estoy parada para beber y coger la bolsa de gomitas que me he comprado y atarla al manillar para tenerlas cerca. Uno de mis auriculares no funciona, así que por el lado izquierdo escucho el sonido de mis ruedas y el camino y por el derecho Metallica o Linkin park.

Un par de kilómetros más adelante la música se para, deduzco que han muerto los dos auriculares, pero al ratito escucho a mi runtastic hablar. Sigo sin música, no quiero parar, me está costando bastante avanzar. Voy por el km 5, un poco más adelante está el puente traga ciclistas, cuando lo pase me paro. Parece que el camino bajo el puente está hecho a base de pasar bicis una y otra vez, es incómodo, la vegetación te va azotando las piernas y de pronto paro casi en seco. Relaciono las cabras de la ida con los ciclistas, el sendero se convierte en un pedregoso agujero, en el que si vas muy deprisa… te comes la valla de Renfe, decido bajarme de la bici, no estoy ni para atascarme ni para caerme. Es solo el trocito justo debajo del puente, en cuanto lo pasas ya vuelve a ser un sendero forzado, pero transitable.

Pedaleando de nuevo, según voy avanzando parece que voy mejor, sigue el viento de cara, pero me noto más fuerte. Generalmente siempre me pasa lo mismo, los primeros kilómetros me canso y una vez que paso del km 7 u 8… voy fantástica. Está claro que llevo el cansancio de la ida encima; al llegar a Brenes  ya he hecho más kilómetros que la ruta más larga que he hecho en mi vida. Aunque sea en dos partes, con cinco horas de por medio, es la primera vez que voy a hacer tantos kilómetros el mismo día. Espero no terminar llamando a mi padre para que me recoja en alguno de esos caminos.

Intento hacer la ruta de vuelta de memoria, pero llega un momento en el que estoy despistada y tras pasar otro puente me paro a descansar, recuerdo haber girado a la derecha en el Km 20, así que debe ser por allí, pero no veo el camino. Bebo, consulto el móvil, me siento un ratito a descansar y… me he pasado, es unos metros más atrás, rodeando el puente. Hago unas fotos y ¡a continuar! Vuelvo a tener música, era que se había parado.

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Cachirula y yo descansando (yo en plan happy y en plan mosca respectivamente)

Ya voy por la mitad del camino más o menos, aún hay luz de sobra en el día, pero no quiero pararme mucho más por si acaso. No me da miedo que se haga de noche por los caminos, me da miedo llegar a la carretera de Valdezorras y que sea de noche. Esa rotonda es un caos y prefiero cruzarla de día, aunque cuando llegue a Alcosa de pronto sea de noche, una vez allí me da igual, pero aprecio mucho mi vida y no me gusta correr riesgos innecesarios (algun@s os reiréis con esto último…).

Cruzo la carretera sin mayor problema, dejo atrás la urbanización y tiro por el margen del canal. Me cruzo con dos chicos que me saludan, yo les digo hola y hasta luego respectivamente. Me río un poco, todo el mundo me adelanta, o porque están frescos y van a buen ritmo o porque el mío es desesperadamente lento.

Me cruzo con un coche y me meto por la derecha del carril, por la zona por donde pasa el tractor y te pones en modo vibrador. Cuando consigo volver a pegarme al canal… ¿culo? ¿Eso es lo que hay al final de la espalda y que ya no noto?

Por cierto, comprobado, el problema no es la ropa interior, el problema son las costuras, ni siquiera el material. Llevo mallas de esas fantásticas que transpiran, pero tienen costuras. A fuerza de ensayo voy sabiendo qué no llevar cuando voy en la bici. Lo próximo que tengo que comprar es el soporte para el móvil y unos culotes de ciclista a ver con ellos que tal.

Llego al desvío y giro a la derecha, desde donde estoy ya se ven los eucaliptos del camino de los Indios. A la ida iba cantando Despistaos a las plantas, al pasar de nuevo voy cantándoles una de Lenny Kravitz.

Me alegra llegar al camino de los Indios, primero porque ya estoy a poco más de 10 km de casa, segundo porque es asfalto y ya no tengo el trasero para muchas fiestas.

Paso el aeropuerto, la nave, llego a la carretera de Valdezorras, cruzo tan rápido como me permite mi vida, que pesa toneladas en ese momento, llego a Alcosa, un poco de carretera, me meto en el parque… ¡sí que es grande ese parque! Nunca había entrado, voy por un camino paralelo a la carretera, pero de paso cotilleo un poco y me parece un parque muy grande. Tengo que ir por allí alguna vez a dar vueltas, es bonito.

Todas las quejas que pueda o no tener con el carril bici se despejan en cuanto lo cojo… liso, sin baches destacables, con la bici rodando que no veas… “Sprint” final… ¡que ganas de llegar a mi casa! Todos los bichos voladores se reúnen en un par de zonas por las que paso para estamparse sobre mí. Llevo no sé cuantos mil kilómetros y pocos bichos se han chocado conmigo… están todos allí para recibirme. Paro en un semáforo y miro mi camiseta, salió blanca, se volvió un poco color campo con el polvo del camino y en ese momento es de lunares negros. ¡Qué barbaridad!

Siento que me muero un poco cuando apoyo mi cuerpo en la puerta del patio para abrir con la llave, no sé si voy a tener fuerza para levantar los 14 kilos que pesa cachirula y sortear los tres escalones que hay al entrar… pero un esfuerzo más y ya estoy en mi casa.

Tras un par de llamadas avisando de que ya he llegado, me pongo a estirar. Tengo los cuádriceps cansadicos, los glúteos doloridos y estoy deseando darme una ducha. No sé qué costumbres tenéis vosotros, pero a mí eso de estirar me gusta bastante, siempre estiro antes de salir, cuando paro a descansar por el km 20 y, por supuesto, al llegar. Desde que cogí esa costumbre no he tenido problemas ni de agujetas, ni de contracturas… todo perfecto.

Estoy satisfecha, he ido sin problemas y he vuelto, más lenta, pero bueno. Desde la puerta de mi casa hasta la puerta de mi casa 85 km en total. Me lo dicen hace una semana y digo que no soy capaz. ¡Bien por mí!

Otro por cierto… en las dos últimas salidas, sobre todo tras la de ayer, he descubierto el moreno ciclista, muy parecido al moreno albañil… piernas morenas desde el tobillo hasta la rodilla (entre el borde del calcetín y el borde de las mallas) y frontal de los brazos, dejando blanca la cara interna y el trocito de hombro que cubre la camiseta, cara morena… ¡¡hay que ir pensando en ir a la playa para compensar el color!!

Eso es todo… ¡hasta la próxima salida! ¡Que tengáis buen pedaleo!

Ruta 2. Sevilla – Castilleja de Guzman – Sevilla

De imagen del post me he puesto a mí misma, con mi casco grande, a ver si me acuerdo de ir a comprar uno de mi talla.

Otra vez domingo, otra vez ruta. Ayer quería salir con un amigo pero no pude. Hoy he intentado salir más temprano y lo he conseguido, media hora antes, guau, todo un logro…

De esta ruta he aprendido un par de cosas: Que una cosa es lo que trazas en el mapa y otra lo que terminas haciendo, al menos la primera vez. Que nunca estamos preparados la primera vez que hacemos algo y una pregunta que me he hecho ¿sería mejor ir sin ropa interior?. Ayer hice una puesta a punto a cachirula y subí el sillín un par de centímetros, la verdad es que pedaleo más cómoda, pero… he tenido un problema de rozamiento en mis partes nobles, cosa que no me había ocurrido nunca. Como casi todos tengo las mallas para la bici, las camisetas para la bici y la ropa interior para la bici, de lo que tenía por ahí, con lo que más cómoda me sentía. Pero al parecer la ropa interior no es la adecuada para esa altura de sillín.

Después he estado pensando en eso, ya descansada, en si es mejor utilizar gel en el sillín como llevo yo o culotes para bici de los que incorporan el gel o si es cuestión de gustos y lo suyo es ponerte los pantalones y olvidarte de la ropa interior, a alguno conozco que no usa cuando va en bici.

Hasta llegar al P.I. Parque Plata todo bien, como siempre. Tenía que cruzar la carretera para adentrarme en el Polígono Industrial los girasoles y buscar la parte de detrás. Nunca había tirado por ahí, es la primera vez que paso de Camas o Santiponce. Las opciones que tenía eran ir hasta la entrada de Santiponce y recorrer todo el polígono o cruzar por la salida donde me encontraba y buscar cómo meterme en el polígono de enfrente… Por aquí mismo… ¿Y ahora como entro?… iba yo por el arcén de la carretera y casi llegando al desvío para entrar ya en la SE30 vi que había tierra compactada pegada al escalón y que la continuaba un camino entre dos naves… otra vez el “por aquí mismo”… y voy y salgo a la calle central del polígono los girasoles que tiene su carril bici, sus bares…  parada obligada para orientarme, voy en dirección a la estación de tren de camas, pero yo no sé dónde está eso, miro el mapa en el móvil, bebo agua, veo que no debe estar muy lejos, le echo un vistazo al recorrido del carril bici y… resulta que va a la estación, perfecto, lo que es no saber…

Venga, cuesta pa’rriba. En realidad está genial esa zona, caminos de arena preparados, indicaciones de hacia dónde va la ruta… se lo han currado. Me adentro en el camino y llego al cruce, deduzco que si voy a la izquierda iré en dirección Camas y no es el plan. Me vuelvo al aparcamiento de bicis que hay en la entrada del camino, dejo a cachirula allí y me como unas gomitas y bebo agua mientras cotilleo el mapa. He de tirar a la derecha.

El camino que cojo nada tiene que ver con el que acabo de abandonar. Está lleno de grandes piedras como las que hay en las vías del tren. Llega un momento en el que me da la sensación de que el camino no continua de frente y tengo que meterme en el que veo a la izquierda… error!… hay una pequeña bajada un poco chunga por el estado de la tierra y lo que estoy siguiendo me da a mí que es el sendero que va dejando una de las ruedas del tractor del hombre que trabaja esa zona. Empiezo a subir… cambia plato, cambia piñón, cambia piñón, cambia piñón… Mi runtastic me habla, llevo no se cuantos kilómetros y un ritmo medio de 6 min y pico el Km. ¡pero bueno! ¡Al traste el buen ritmo que estaba cogiendo!. Continuo pedaleando hasta que a un poco más de la mitad veo que la pendiente se pronuncia más, mis cuádriceps tiemblan y mi respiración se hace hasta pesada… hay un trocito en el que puedo parar sin que volver a pedalear sea una odisea y paro. Aguanté allí un ratín, hasta que mi respiración se volvió más normal y mi corazón dejó de amagar con provocarse un infarto. Suena el teléfono, es mi madre, hablo con ella y aprovecho para hacer unas fotos, aunque alguna no ha salido, no veía bien la pantalla, seguro que pensé que le daba al botón para hacer la foto y le estaba dando a cambiar a video o algo de eso.

Aquí imágenes de la estación de Camas y del camino que estaba subiendo:

ruta2-estacion-de-camas    ruta2-camino    ruta2-fondo-alamillo

Con el corazón y la respiración normalizados tengo que decidir si le echo reaños a la cosa y subo la pendiente o si me tiro cuesta abajo y vuelvo por donde he venido. Aún estoy en la ida, hay mucho camino hasta llegar a mi casa y tampoco pasa nada si la primera vez que me enfrento a cuestas en condiciones no puedo. Seréis muy fantásticos todos esos que lo habéis conseguido a la primera, pero yo no puedo 😛

Subo andando y tirando de cachirula la peor parte del camino que he elegido, con las piernas azotadas por la vegetación que sobrevive a la rueda del tractor, mi cachirula arrancando trigo y maleza… y resulta que llego a un sitio donde hay un camino de esos de los acondicionados, que seguro que es mucho más cómodo que el que yo he seguido para subir y que me hubiese costado su esfuerzo, pero de otra forma. Vuelvo a pensar lo que es no saber… supongo que ese camino llega hasta Santiponce.

Tras quitar de las ruedas los restos del camino, se cruza conmigo un señor mayor, al que saludo y que sigue su camino tras devolverme el saludo. Le escucho darse ánimos “venga un poco más que ya queda poco, tu puedes…” me rio, así iba yo unos metros más atrás. Salgo detrás del señor que ya me ha cogido ventaja, comienzo a bajar, subo un poco, veo que hay un camino que sube hacia lo que parece un cementerio y otro que va dirección Camas. En ese momento ni sé dónde estoy ni me interesa. Yo iba en dirección a Valencina y he tirado por otro sitio seguro.  Desde el punto donde estoy veo los pisos de la parte de arriba de Camas… dudo entre si adentrarme en el pueblo del que veo el cementerio o ir a lo seguro… ya llevo unos cuantos de kilómetros, no es lo mismo en llano que con las cuestas que llevo, voy sola y tengo que volver, no seguir por donde no sé. Abandono el camino que va a lo que parecía Castilleja de Guzmán y cojo en dirección “conocida”. En realidad tampoco sé dónde está el puente que cruza de Camas a Sevilla, pero con lo bien que lo tienen todo seguro que encuentro alguna indicación.

ruta2-camino-cementerio

Camino para subir a Castilleja de Guzmán

Aún en el camino veo que tengo que tirar a la izquierda, por unas puertas metálicas abiertas… y hay una pequeña pendiente que a mí en ese momento se me hace enorme. En verdad es larga y empinada, seguro que cojo mucha velocidad, pero ya no tengo 12 años y estoy medio loca como cuando los tenía y me iba a los frutales a tirarme por las cuestas…  me rio de mí misma ¡soy una cobarde! ¿Dónde está la yo valiente y aventurera? ¿Esto es lo que pasa a los 40? Y entonces me digo a mí misma: Ya has tonteado bastante, las cosas se aprenden practicando y si te caes, te levantas y sigues y si no puedes levantarte llamas al 112. Me convenzo, aunque tampoco me queda otra. Cuando empiezo a coger velocidad, que no creo que fuera mucha, lo pienso mejor… de 3 a 6 min. el Km. es un palo, con eso seguro que bajo el tiempo un montón… si no me caigo… como voy emocionada con la velocidad no me doy cuenta de que puedo cruzar por mitad del terreno que hay y le doy toda la vuelta (cuando me doy cuenta me siento un poco tonta, pero bueno). Subo una cuesta y llego a la carretera, me pego a la derecha, continuando en descenso y freno cuando veo el semáforo rojo. Al momento estaba cruzando Camas, lo más en línea recta que pude, porque sabía que al otro lado era donde continuaba mi trayecto. Llego al carril bici, paro, bebo agua y veo un túnel… decido acercarme y mirar porque pasa por debajo de la SE30 y antes de llegar al túnel veo una señal que dice que si voy para atrás voy a Camas y si voy por debajo del túnel voy para Torre Triana, Sevilla, perfecto. El Carril bici me lleva hasta La Cartuja, hay parte del camino que ya lo conozco porque es por donde volvimos el año pasado el día que hicimos la ruta de Coria. Me apetece seguir pedaleando, más o menos estoy repuesta y una vez en Sevilla se hace más fácil el camino, así que voy hacia el río para coger la Avenida de la Palmera y buscar el carril bici que va por la Ronda del Tamarguillo, al menos por allí haré algún kilómetro más.

Parada en uno de los semáforos me río de mi pinta, soy como la parte delantera de un coche, llevo la camiseta, las mallas, las piernas y los brazos llenos de puntitos negros que antes eran bichos vivos que han terminado chocando conmigo.

Cuando llego a mi casa mi runtastic me avisa de que acabo de hacer el km. 40, le agradezco la información y lo paro.

Entro con ganas de darme una ducha, pero me puede encender el ordenador y mirar en qué punto me he equivocado, por supuesto el camino podía haberse vuelto peor en vez de mejor, pero por lo que he observado la ruta que yo me había trazado discurría más por el lado derecho que por el izquierdo, que es el que he terminado haciendo.

Vale, lo que me parecía un cementerio sí que era de Castilleja de Guzman y… después de la estación de Camas, cuando tuve la impresión de que el camino no continuaba y que mi única opción era la cuesta maldita… resulta que sí continuaba. Tal vez la semana que viene decida seguir hacia adelante o tal vez le pida la revancha a la cuesta e intente hacerla entera.

Al final me quedo con que me lo he pasado muy bien, incluso yendo sola, que cada semana que cojo la bici me gusta más y con que hace un año no era capaz de hacer 40 km en llano, hoy me los he hecho con alguna cuesta digna y todo, siendo la segunda ruta que hago después del parón del invierno con cachirula encerrada y yo echándola de menos.

La semana que viene más, mejor y con compañía.

Ruta 1. Sevilla – Camas

Primera vez que salgo de ruta con cachirula tuneada, paso previo a cambiarla por otra bici. Le he cambiado la horquilla por una de suspensión (por muelles, nada ostentoso) y le he puesto calapiés para mantener el pie en buena postura, sólo con el pedal te pasas más tiempo poniendo el pie en su sitio que pedaleando.

Preparativos. Botella de agua de la bici, botella de agua de reserva en la mochila, botellita de bebida energética, plátano que es lo que tengo de fruta en casa y unas cuantas galletas. Pañuelos de papel, cartera con DNI y algo de dinero por si acaso, cajita de herramientas, bolsita con repuestos… Creo que entre una cosa y otra mi mochila debe pesar… 5 kilos… a ver la peso… 2,5 kilos…. Es mucho, pero todo lo que llevo lo considero imprescindible.

Quería salir a las nueve de la mañana, entre una cosa y otra a las 9:55 estoy sacando la bici del patio… me he puesto mallas largas y camiseta de manga corta porque parece que hace rasca y con la semana previa que hemos tenido… lo mismo el fresquito se mantiene.

Pongo mi runtastic y grabo la ruta con Wikiloc, no había probado antes esa aplicación y es el día. Cascos a las orejas, música a tope y ¡a pedalear!

Casi todo el trayecto es por carril bici, hasta llegar al puente del alamillo. Es un poco coñazo porque estás todo el tiempo parando, cuando no es en un semáforo es en un cruce, cuando no hay una familia en el carril bici o un par de corredores o… aprovecho para ir probando frenos y cambios, los frenos van bien, quizás el de detrás un poco suave, pero lo prefiero así de momento. A los cambios sí que he de hacerles algún ajuste, me cuesta cambiar al plato grande, prácticamente me dejo el dedo apretando y creo que el de detrás suena. Además tengo que subir el sillín un par de centímetros…

Me doy cuenta de que, como siempre, no se ir despacio, desde que pongo los pies en los pedales parece que me va la vida en ello, no sé pedalear lento a no ser que vaya con alguien que sí pueda y me adapte a su ritmo. En fin, voy por la avenida hasta Santa Clara, cruzo ese barrio para llegar a la carretera de Carmona, Alcalde Manuel del Valle, Ronda Norte, Alamillo y ya llegas al camino de tierra, que creo que es poco más de un Kilómetro.

Casi todo el camino es llano, excepto cuando llegas al alamillo. No sé quien tuvo la genial idea de poner los carriles bicis así, pero bueno. La bajada es graciosa, vas haciendo eses, cogiendo velocidad, jugando con el freno… y de pronto llegas al final, a un espacio en el que apenas cabe la bici, con una velocidad considerable y desembocando en una carretera en la que los vehículos a motor no tienen visibilidad por culpa de los pilares, o como se llamen, del puente. Escuché un coche, frené cuanto puede y planté el pie en el suelo. Me iba a quejar porque el coche no paró ante el paso de peatones, pero me callé recordando que no tienen visibilidad y que encima tú, con la bici, apareces de pronto.

Vas por debajo del puente y te encuentras una planta que tapa todo el carril bici, recuerdo que el año pasado cubría medio carril, así que supongo la zona abandonada y asalvajada…  y entonces llegas al culmen de los carriles bici. Me imagino al que trazó la ruta y a su compañero:

  • Oye, ¿esta cuesta va a ser demasiado pronunciada no? Podríamos suavizarla un poco haciéndola más larga.
  • Que va tío, es más barato ponerle algo de cemento y pintar.
  • Ya pero la gente….
  • ¿Tú tienes bici?
  • No
  • Yo tampoco, cemento y pintura.

Que no pasa nada, que la subes y ya está, que no es tanto, pero si vas con niños… es imposible ir por ahí. Es más por lo absurdo que por la cuesta en sí, te preguntas en qué piensan las personas contratadas por los ayuntamientos para hacer ese tipo de trabajos.

Los que soléis ir por carril bici sabéis a lo que me refiero, a veces parecen más una carrera de obstáculos que un carril bici. Vas muy bien y de pronto te encuentras una farola o un árbol o una parada de autobús o está lleno de baches… mantenimiento cero y encima si llueve resbala tanto como le resbaló a la empresa que lo hizo que incluso fuera peligroso.

De hecho, el carril de tierra que cogí después del puente está mejor que muchos carriles bicis de la ciudad. Y encima tenemos que agradecer el hecho de tenerlos… claro…

Pues subes la cuesta, plato mediano, piñon… yo que sé, le di hasta que me resultó fácil pedalear. Llegas arriba, la cuesta continúa pero de forma más suave, cruzas un puente que por fin han arreglado, la última vez que pasé por allí había un escalón en ambas puntas del puente que ya no están, menos mal, casi te tenías que parar para poder subir.

Aprovechas la cuesta abajo del puente para coger velocidad y bajar el ritmo medio, si no viene nadie de frente, hasta que llegas al final y empieza el carril. A pocos metros se bifurca, por la derecha puedes ir a Santiponce y si sigues de frente llegas al polígono industrial Parque Plata, mi destino.

Hay un túnel en el que tienes que juguetear con los cambios otra vez porque hay una cuesta arriba, pero es fácil.

15 kilómetros y pico. Paras, desayunas y de vuelta.

Lo malo de esta ruta es que no tienes más remedio que volver por donde has venido, pero está bien.

Son las once y algo de la mañana cuando comienzo la vuelta… me he equivocado con las mallas o con la hora de salida… ya aprieta el calor.

A la vuelta, después de bajar la cuesta tonta del Alamillo, decidí meterme en la cartuja en vez de seguir por el puente, por pedalear un rato más.

Es importante que haya conseguido volver :P, pero es más importante aún que mi muñeca izquierda no se ha resentido en nada, las últimas veces que salí de ruta tuve que hacerlo con muñequera, supongo que al ir con horquilla rígida los caminos los sufrían mis muñecas, así que si el cambio de horquilla sólo me vale para evitar eso… yo ya me conformo, pero ese camino lo hice el año pasado tres o cuatro veces y esta vez ha sido mucho más cómodo. En cuanto haga los pocos ajustes que debo… lista para la acción otra vez!

Una cosilla antes de dejaros por hoy… para los que ahora estáis intentando ver de dónde salen los 15 kilómetros hasta Camas… que yo vivo en Sevilla Este, o Córdoba Sur, como queráis, que cuando llego al Alamillo ya llevo 10 km. encima… Lo normal es que al empezar cualquier ruta… yo ya lleve como mínimo 5 km más que el resto.

Próxima ruta: Viaje a Benacazón, etapa 2. (Haré alguna fotillo). De momento os dejo las capturas de runtastic.

ruta1-ida           ruta1-vuelta

Ruta 1. Ida                                                                            Ruta 1. Vuelta

ruta1

Ruta disponible en wikiloc

http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=13303677

Destino aljarafe… ¿Por qué?

Os pongo en antecedentes. Prometí a una amiga que iría en bici a su casa, como una ruta más. No hay problema ¿verdad? Pero es que ¡vive en Benacazón!, así que la avisé: No me esperes pronto, antes tengo que darle un poco de caña.

Me siento delante de mi ordenador, abro google maps y me pongo a trazar la ruta hasta Benacazón para hacerme una idea. Intentando coger el mayor número de carriles posible o lo que es lo mismo evitando el mayor número de carreteras.

Venga, voy a Camas, de Camas a Valencina, de ahí a Gines, Espartinas, Umbrete y ¡Benacazón!. Me vuelvo por Bollullos, almensilla, Palomares… y no sé si tirar para Gelves y de allí coger el camino del río y cruzar por San Juan hacia Sevilla o meterme para Coria, cruzar con la barcaza y volver por allí… la segunda opción se ve bastante larga, así que calculo los kilómetros volviendo por Gelves… ¡70! Madre mía, son muchos kilómetros, la última vez que hice una ruta larga fueron 56, llegué a casa y no morí, pero hace seis meses que no cojo la bici, imposible, hay que practicar porque además la ida es subida y tampoco estoy muy hecha a las cuestas.

Vale, no hay prisa, puedo ir ahora o dentro de dos meses o seis, mi amiga no se va a mudar. Además he tanteado a un amigo y me ha dicho que me acompaña y que pondrá la ruta en su facebook para que la gente con la que él sale se apunte. Perfecto, mejor mal acompañada que sola.

Hay que hacerlo por etapas, poco a poco, acostumbrándome de nuevo a las largas distancias. Primero voy hasta Camas y vuelvo, otro día voy hasta Valencina y vuelvo… así hasta que sea capaz de ir y volver sin tener que ir al hospital en vez de a mi casa.

De momento voy sola, estoy en una época rara en la que no estoy dispuesta a aguantar tonterías y… yo sé que en este mundo tiene que haber de todo, que es imposible caer bien a todo el mundo, pero los que estéis acostumbrados a hacer rutas sabréis que hay quien se pone tonto, que hace tres meses que aprendió a montar en bici y da clases de cómo hacerlo a los demás sin conocerles de nada… y más si eres tía. Que le miras y piensas: Sí, te ha costado una pasta tu bici, anda si le has puesto calas y te has comprado unas botas… sí, sí, se pedalea con los pies… y hasta el casco es todo fashion, como la ropa… claro, como yo nunca he montado en bici, es mi primera vez…  claro, claro, vas muy rápido, estás en muy buena forma… Si tienes cojones haz esta ruta con mi bici…

No sabes si poner los ojos en blanco, si decirle que está molestando o esperar a que llegue el momento en el que no sea capaz de sacar el pie del pedal, se caiga y te descojones, aunque sea por dentro.

Pues eso, que tengo ganas de disfrutar de mi bici sin aguantar tonterías de nadie, que la mayoría de la gente que va en los grupos de ruta es fantástica, pero como en todo, siempre hay quien mete la pata. Los Súper-Pro.

Mi bici y yo

Afortunadamente soy de las muchas personas (espero que muchas) que ha tenido una gran infancia.  Los fines de semana y las vacaciones los pasábamos en la casa de campo de mi abuelo, rodeados de familia. Abuelo, abuela, bisabuela, seis tíos, seis tías y 13 primos éramos las personas que nos reuníamos allí.

Hasta que cumplí los 14 años esa era mi vida. Por aquella época, porque ya tengo mis años, las bicis no eran de montaña, ni tenían platos o piñones o cambiadores, creo que las cadenas ni siquiera se engrasaban. Tu bici era una parte importante en tu vida, tanto que lo mismo ibas con la tuya que con la de otro, pero tu bici era tu bici.

Recuerdo que me compraron una bici blanca, de esas que te queda grande para que te sirva para algún año que otro. Me quedaba tan grande que cuando frenaba no era suficiente con bajar la pierna, tenía que lanzarme al suelo y apoyaba los dos pies.

Después la vida va por otros derroteros y en la ciudad de bici nada, básicamente porque somos cinco de familia, vivíamos en un piso sin trastero y… tres bicis son muchas para una terraza.

Con los años me casé y un día el que era mi marido me sorprendió con que había comprado dos bicis, igualitas. Salimos unas cuantas de veces, después la falta de tiempo y de ganas de salir con él hicieron que la mía se llenara de polvo colgada en la terraza. Me conformé con la bici estática, no me llevaba a ningún sitio, pero al menos pedaleaba.

Y hace un par de años decido quitarle el polvo a mi bici roja y cogerla de vez en cuando. Paseos cortos, sólo darle un poco de vidilla. Hasta que resulta que todo el mundo sale en bici. Ea, pues yo también.

Una amiga y yo nos animamos y comenzaron las rutas. ¿Qué bici tengo? Pues… no recuerdo la marca, ya no tiene ni las pegatinas, mi ex las compró de oferta en Carrefour. Tres platos, seis piñones, horquilla rígida… nada comparable a las superbicis que lleva la gente de ruta.

El año pasado fue fantástico para mi bici, nunca había hecho tantos kilómetros seguidos. Hasta que llegó el invierno. En noviembre hice mi última ruta del año y ya nunca tuve ni tiempo ni oportunidad de cogerla. Lo echaba de menos, echaba de menos quedar temprano, colgarme mi mochila a la espalda, colocarme el casco y pedalear por el gusto de pedalear, da igual hacia donde, lo importante es el ejercicio, el paseo y las personas con las que lo compartes.

Más adelante lo mismo me animo y os hago un análisis de las personas con las que me he encontrado haciendo rutas. Para mí no tiene desperdicio.

Total, que en Abril decidí que debía coger otra vez mi bici y desoxidar mis piernas. La cogí dos días y para dar vueltas al parque más cercano a mi casa, a modo de entrenamiento. Los fines de semana toca bici, el sábado o el domingo o los dos días, pero toca bici, aunque sea por el parque o por el carril bici. Que en realidad me voy al parque como si fuese de ruta, con casco, mochila y todo.

Y por fin la semana pasada me animé, sin avisar a nadie, por lo tanto sin compañía, decidí hacer una ruta que conocía: Desde mi casa al polígono industrial Parque Plata.

Y ya no quiero parar…

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