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Carmen SG

24 horas y dos días

Llevaba yo un día entero sin fumar, me costó bastante, más que nada por las costumbres. Por la noche me da por buscar información, para apoyar esta historia… y empiezo a leer que si síndrome de abstinencia, que si ansiedad, que si no te preocupes si engordas un par de kilos o tres o cinco (que es lo normal). ¿Perdón?

Mi tío dejó de fumar gracias a la hipnosis, se pasó un año oliendo los paquetes de tabaco ajenos y al año volvió a fumar; después de un tiempo lo volvió a dejar. Aún le sigue apeteciendo y sigue oliendo los paquetes de tabaco de otros.

Me fuí a la cama pensando: ¡madre mía!. Por la mañana… vuelta a la realidad, las preocupaciones, el estres, recaída asegurada… es más, tal cual decidí dejar de fumar, decidí ir al estanco a por tabaco. Y como no quiero que este intento por dejarlo se convierta en un intento, voy a seguir los consejos de los profesionales.

El primer paso es aceptarlo, como todo. Vale, aceptado, quiero dejar de fumar.

El segundo paso es plantearse una fecha e ir reduciendo en lo posible el consumo. Vale. Llevo dos días con este paquete, me suele durar 12 días más o menos, voy a reducir el consumo, estamos a ocho…  El domingo 24 de Septiembre de 2017 es mi fecha. Venía fumando unos 18 cigarrillos al día de los que yo me lio…

Esto es más o menos.

… voy a reducir el consumo a 6 de estos al día y cada vez que me lie uno me haré la pregunta de: ¿realmente me apetece fumar o prefiero un caramelo? (lo del caramelo es cosa mía). Evidentemente a este ritmo el día 24 aún tendré tabaco, pero tendrá que ir a la basura.

Mañana por la tarde os cuento un poco qué es lo que aconsejan para dejar de fumar. Ahora me estoy acordando de un libro que me regalaron hace muchos años, que no sé ni dónde andará, el título era: Es fácil dejar de fumar si sabes cómo. Listo el tío eh! Sabiendo cómo es fácil casi todo. Decía el menda que debías ser fumador activo mientras lo leías, creo recordar que no me lo terminé de leer, tal vez por eso no dejé de fumar en aquella ocasión… Mañana más…

Esto… que… la de la foto del post dando la patada… no soy yo. 🙂

La Decisión

Hoy sólo es el día que decido dejar de fumar… ¡lo he hecho tantas veces! Pero esta vez parezco decidida, en mi paquete sólo queda para un par de cigarros, uno que me fumaré mientras decido cómo exponer todo lo que irá sucediendo y otro que dejaré por si me desespero.

Hace muchos, muchos años que comencé a fumar. Hace ya cinco años me pasé al tabaco de liar, hace casi dos años que pongo dos boquillas para que quepa menos tabaco. He conseguido alargar un paquete de 30 gramos a 14 días… Ahora tengo 41 años, he dejado atrás muchas cosas y personas en mi vida, de esas que no te sirven para nada. Hay un chico en mi vida que tiene razón, alguna vez me ha preguntado ¿qué te aporta? Y la respuesta siempre es nada o nicotina, pero en realidad es nada. Sólo es perder una costumbre, eliminar toxinas, acostumbrar al cuerpo a la falta de nicotina… parece tarea fácil y no lo es. A ese chico le dije una vez: dejar de fumar es igual de difícil que dejar de querer.

La realidad es que no me aporta nada, el tabaco digo, aunque el chico al que me refiero tampoco. Ni me tranquiliza, ni me gusta el sabor, ni me cuesta pasar horas sin fumar cuando estoy con personas que no lo hacen. A lo que hay que sumar que cada vez más el precio no araña el bolsillo, lo atraca a mano armada.

No quiero que esto sea un intento, ya estoy cansada de intentos fallidos en muchas cosas y mi proposición para año nuevo fue esa precisamente, no hacer más intentos, hacer lo que quiero hacer, sin dudas, sin oportunidades; mi máxima para este año es: lo quiero… lo tengo o lo hago. Caminos cortos, decisiones rápidas, soy una persona, sé lo que quiero y cómo lo quiero, ¿para qué dar rodeos? Los rodeos cansan.

Así que aquí estoy, con mi decisión tomada. Ya sé a qué me enfrento, en una ocasión dejé de fumar tres meses. Me quedan horas y horas con mi mente ocupada en el tabaco, no hacer nada es lo malo, dejarle tiempo al cerebro para que se de cuenta de que le falta algo. Lo suyo será ocuparlo con algo, de momento tengo el bolso lleno de caramelos. Además tengo una nueva actividad, personalizar ropa y bolsos, y resulta que cuando coso… no fumo. Así que voy a ser muy productiva en eso de coser.

Yo puedo, siempre lo puedo todo, imagino que con esto también podré… Al menos eso espero, dejar atrás el tabaco… y otras “cosas” que empiezan a molestar. Sólo de pensarlo ya me pongo nerviosa. 🙁

Aquí empieza “diario de una desintoxicación”, espero que os guste y os ayude.

Primera Semana

Hoy post extra. Como comentaba en la primera entrada esta semana será de “paseo por el parque”, con compañía.

El viernes actualizaré esta entrada con el resumen de la semana.

Actualización:

Vale, he cometido un error. Me pongo en modo deportista cuando mi acompañante me avisa de que viene a recogerme. Ese es el error. Cada día viene más o menos a la misma hora, se supone, pero siempre me avisa a última hora de que no va a venir… así que al final yo tampoco salgo. (Hoy en verdad era yo la que no podía, son las nueve y creo que me voy a ir a dormir en breve, cosas del cansancio).

Por lo que con respecto a mis escapadas al parque ya se que tengo que ponerme en modo deportista desde las ocho de la tarde y salir sola o acompañada, porque, excepto hoy, si no vienen a buscarme y no salgo al final me quedo con las ganas.

Ya llega el finde y toca cachirula. Mañana me iré por la tarde/noche a darle unas cuantas vueltas al parque y el domingo ya veremos.

Os dejo los “avances” de esta semana (entrecomillo porque estoy descojonada con eso de avances, pero queda chulo).

Lunes:   3,68 km. – 49:15 – 13:23 min./km.

Martes: 5,04 Km. – 57:06 – 11:20 min./km.

¡Feliz finde! 🙂

Mi entrenamiento

Hola, es la segunda vez que empiezo. He hecho borrón y cuenta nueva (nunca mejor dicho porque he borrado todo lo que había referente a mi entrenamiento).

En esta vida… en fin, corramos un estúpido velo…

Evidentemente un entrenamiento debe tener objetivos. Pongámoslos:

  1. Para los taitantos que tengo estoy muy bien, sí, pero… ¿Puedo estar mejor? Pues también, así que toca combinar el entrenamiento con algo de dieta. Para variar la que me de la gana, ya sé que los nutricionistas y dietistas tienen que ganarse la vida, pero empezaremos poniendo algo de voluntad y llevando una alimentación más sana y menos cuantiosa.
  2. Mejorar fisicamente, estar en forma. Para eso haré dos cosas: La primera aprender a correr, con aprender a correr me refiero a aguantar más de cien metros sin morirme. Poco a poco. La segunda convertirme en una “superciclista” con cachirula. Lo extiendo.

Extensión:

A. Aprender a correr: de Lunes a Viernes. Una vez le dije a un “amigo”: Más me vale aprender a defenderme por si me atacan, porque si tengo que huir me pillan rápido. En verdad nunca me ha dado por ir a correr, pero está de moda, me compré las zapatillas, he hecho varios intentos… ya es por cabezonería. No pretendo meterme en carreras ni aunque sean de 5K, pero bueno, al menos coger fondo y aguntar algún que otro kilómetro. Voy a empezar con una rutina de intervalos que yo misma me he puesto (siempre igual, en el gimnasio también terminé poniendome mi propio entrenamiento, aunque el entrenador me lo revisaba). ¿Por qué de intervalos? Porque me mola, hace lo de correr más entretenido, no es sólo dar vueltas al parque. La primera semana será para hacerme de nuevo al parque, voy con mi prima. Siempre intento tirar de ella para caminar más rápido o hacer alguna carrerilla… pero bueno, pco a poco. a partir de la segunda semana ya empezaré con los minutos: 1 minuto caminando, 1 minuto trotando, 1 minuto corriendo… y vuelta a empezar, hasta que me canse. La parte de 1 minuto corriendo aún es relativa, pero se va a intentar. Tras eso estudio de los resultados y rutina para la tercera semana.

B. Cachirula: Fines de semana. 14 kilos, 6 piñones, 3 platos, ruedas de 26, calapies, amortiguador penco… Las cuestas, algunas, las llevo regular, en parte porque ni la bici ni yo damos para más, en parte porque la cojo poco y otra parte porque creo que no doy bien con los cambios. Tampoco es que haya tirado mucho por sitios de cuesta, he hecho muchos kilómetros en un día, pero en llano. Así que lo que otros hacen entrenando todos los dias con una bici molona de 10 piñones, 3 platos, ruedas de 29, pedales automaticos y amortiguación guay… quiero hacerlo yo con mi bici. (En alguna ruta me han dicho eso de que más de uno no podría hacer lo que yo con mi bici, en el fondo eso me consuela.)

Como veis escribo tela (para eso soy proyecto de escritora de novelas) así que como tengo poco tiempo y además escribo mucho, los domingos haré un resumen del entrenamiento de la semana (ya solo eso me dará para media novela cada semana)

¡Hasta pronto!

Zahora

Estaba pasando unos días en casa de una amiga en alguna parte de la provincia de Cádiz. Afortunadamente no hacía levante por lo que ir a la playa era viable. Amaneció un feo sábado de nubes… pero decidimos ir a pasar el día a Zahora aprovechando que otra amiga estaba por allí.

Sólo había ido a Zahora una vez en mi vida, hacía cienes de años. Había poca gente.

Entre una cosa y otra (ya sabeis cómo somos las chicas) salimos tarde, así que llegamos a Zahora casi a lo hora de comer. Primera sorpresa, han puesto un aparcamiento cerca, cosa que está muy bien, exceptuando la cantidad de coches que había que ya te hace suponer cómo está la playa.

El aparcamiento cuesta tres euros, que te devuelven si consumes más de 30 € en uno de los bares de la playa. Cuando ves la cantidad de coches que hay te apetece contarlos y ver cuanto sacan al día alli… un dineral seguro.

Cruzamos las dos o tres calles que nos separan de la playa, bajamos las escaleras y ya en el último escalón la siguiente sorpresa… no es que haya gente, es que si colocamos nuestra bonita sombrilla hacemos sombra a alguien seguro.

Me hizo recordar cuando aún estaba casada, me había ido a vivir a Barcelona en Junio, así que ese verano lo pasé por la costa catalana. Al verano siguiente fuimos a pasar unos días alli y yo toda emocionada le dije al por entonces mi marido que le iba a llevar a una playa en la que había unos cuantos surferos y poco más, El Palmar. Cuando llegamos a nuestro destino había gente hasta en la carretera y él dijo: ¿Esta es la playa donde no hay nadie?. Sin comentarios por mi parte de lo alucinada que estaba.

En Zahora pasó lo mismo, tienes un recuerdo de un lugar y cuando llegas y está todo cambiado… alucinas.

Ya que estábamos allí… buscamos un hueco donde colocarnos. No nos costó mucho porque había gente que se marchaba para ir a comer, aunque rápidamente los huecos existentes a nuestro alrededor desaparecieron.

Marea alta. Baño al ratito de llegar. No se está mal, hay mucha gente pero compartir es bueno, aunque no es muy divertido estar enterandote de tres conversaciones e intentar seguir la propia.

Buen día de playa, no hace mucho calor, hemos conseguido relajarnos a pesar del bullicio… y de pronto los dos bares que hay arriba se enzarzan en una pelea a ver quien pone mejor música… ¿Cómo? Se han cargado Zahora. Uno con los hits del momento, el otro de estilo más flamenco.

Imagino que cuando ponemos algo de moda… quienes hemos conocido los sitios en otras condiciones… ya nada vuelve a ser lo mismo. En parte me alegro porque es dinero para la zona, en parte no porque cada vez cuesta más encontrar una playa donde “perderte” para estar tranquila.

Ruta 5: Alcalá de Guadaira

Sevilla – Alcalá de Guadaira – Sevilla

Día de las elecciones generales… otra vez… tengo que ir a votar a Alcalá de Guadaira y precisamente quería hacer una ruta por allí, así que decido ir en bici.

Salida: 8.30 desde Sevilla Este. La idea es hacer Sevilla – Alcalá – Mairena – Sevilla, pero en realidad, debido a las pocas ganas con las que me he levantado, ya se que se va a quedar en Sevilla – Alcalá – Sevilla.

Salgo en dirección al puente que cruza la autovía de Málaga que hay frente al cuartel, cruzo, atravieso el polígono industrial el Pino, sigo por la Avenida de Parsi, con cuidado hago la rotonda de la A-8028 y tras la primera salida me metro en un carril que hay paralelo a la carretera que llega hasta Decathlon. Bordeo la tienda y a la derecha hay un camino. Sé que no es el camino que viene en el track porque lo recuerdo más adelante, así que me paro y miro el móvil. Justo, no es ese camino, pero más o menos llega al mismo sitio.

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Camino paralelo a la autovía                                                       camino por detrás de Decathlon

Para empezar no está muy mal el camino, algún que otro bache, pero bueno. Lo sigo hasta el final y después giro a la izquierda. Por ahí está un poco peor. Voy paralela a una estructura de hormigón que supongo el canal y a unas vías de tren.

Hay un punto en el que veo una bajada a la derecha. Por lo que veo me da la sensación de que he de bajar por ahí para cruzar al otro lado del canal, básicamente porque veo el puente del río y lo recuerdo del año pasado cuando hice la ruta de Alcalá pero desde la Olavide.

Por alguna razón que aún no entiendo, porque a veces no me comprendo a mí misma, decido continuar hacia adelante buscando otro sitio por el que cruzar. Llego a una granja en la que hay un cruce y un montón de perros  que comienzan a ladrar. Por lo que veo en camino que cruza va o a la granja o hacia el polígono, así que no me vale, tengo que volver. Detrás de mí hay otro camino que cruza el canal. Los perros que andan sueltos se van acercando a mí profiriendo sus ladridos, yo hago como que los ignoro mientras cotilleo el móvil. Uno, más valiente que el resto, se para a un par de metros de mi posición y yo voy y me pongo a decirle cosas en plan cariñoso, el perro deja de ladrar y mueve el rabo y los demás perros, imagino que entendiendo que no soy ninguna amenaza, dejan de ladrar y van a lo suyo. Me despido de mi nuevo amigo y continuo mi camino. Bajo, cruzo el canal, subo por el otro lado y ¡no hay camino! Tanto a derecha como a izquierda en camino se pierde en la zona de cultivo. Nada, que tengo que volver hacia atrás y cruzar por el sitio que vi primero.

Me vuelvo y al llegar paro, el camino hace pendiente y prefiero mirar a ver por dónde me dejo caer sin que haya piedras esperando a tirarme de la bici. Veo el camino a seguir y me lanzo. Subo por el otro lado y veo que el camino lleva directamente al puente del rio.

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Parte del camino que cruza el canal

La mitad de las veces me pierdo por intentar seguir el track de memoria y así no tener que pararme, sacar el móvil de la funda, mirarlo… debería comprarme ya algún soporte para bici para ir manipulando el teléfono sin tener que parar. El lunes no puedo, pero del martes no pasa.

Subo la cuesta del puente y giro a la izquierda para coger el camino del rio Guadaira. Recuerdo ese camino del año pasado y está bastante bien. Sigue igualito, quizás la vegetación de los márgenes un poco más frondosa, pero por lo demás perfecto.

Saludos y sonrisas al cruzarme con otras personas. Hasta que llego a Alcalá. Está la opción del track que es cruzar el río y meterme en el parque Oromana por el lado exterior o seguir por donde voy y meterme en el pueblo. En vistas de que tengo que ir al cole a votar decido seguir por el lado del rio que voy, intentar llegar a la zona de la rotonda de los panaderos y desde ahí decidir si sigo subiendo la cuesta por esa calle o meterme por la calle que va paralela al parque.

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Entrando en el parque

El camino se vuelve estrecho y abrupto llegando a la zona del Castillo, que se ve arriba. Delante de mí van dos chicos. Pienso en cómo va la gente en bici y cómo voy yo. Todo el mundo va con su equipación de ciclista, yo voy con unas mallas y la primera camiseta que pillo. Les pierdo mientras observo el paisaje y un poco más adelante freno. Ante mi hay una bajada bastante pronunciada y con muchas piedras enormes, seguida por una subida que los chicos que iban delante de mi están subiendo a pie. Por lo que veo sé que terminaré igual que ellos. Aprovecho que estoy parada para hacer una foto.

Desde que comencé a salir con la bici a hacer rutas y abandonando el carril bici, he tenido la suerte de no pinchar y no tener ningún accidente tipo caída. Mi yo valiente me dice que en algún momento tendré que enfrentarme a una caída, que me tire por la cuesta. Mi yo prudente debe estar durmiendo aún porque no rechista.

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al fondo, bajo los árboles, los chicos a pie.

Me lanzo por la cuesta, al final de ella pedaleo un poco para ir cambiando platos, piñones y demás, por la cuesta de subida necesitaré el piñón grande y el plato pequeño, comienzo a subir mientras cambio… pero mi cadena no pasa al plato pequeño… entre eso y que hay un montón de piedras sueltas, grandes y amenazantes… llega un momento en el que no puedo seguir subiendo, más o menos a la mitad de la cuesta, y he de bajarme de la bici. Aprovecho para cotillear el cambio y ver por qué no me entraba el plato pequeño… en algún momento de la vida le he dado a la bimba (que la llevo colocada bajo el sillín) y esta hacia de tope. Le doy un empujoncillo para ponerla en su sitio y comprendo que he de apretar el soporte para que no se mueva. Es de plástico y supongo que con el calor ha dado un poco de sí y se mueve más de lo que debería.

Cuando llego arriba el panorama… hay otra bajada, más suave que la anterior, pero con una curva a la izquierda. Voy despacito porque no me fio de la curva ni conozco el camino. Subo un poco, bajo, subo… vaya telita. Hay un poco de llano y después una bajada hacia las casas. Es el sitio por el que entrar en el pueblo. Subo la cuesta, foto, foto.

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Cachirula                  Lo que veo delante             Lo que veo detrás                           El río

Vuelvo a la bici y cojo en dirección al puente romano. Desde ahí ya todo es cuesta arriba. Si tiro por ahí llegaré antes a la cruz del inglés, a la izquierda en la rotonda hasta la de Beca y después todo recto… pero hay algo de trafico ya a esa hora, así que decido ir por la calle paralela que hay a la derecha, antes de la rotonda de los panaderos cojo el desvío y sigo por ahí recto hasta el campo de la feria.

Una vez allí me paro un poco. Puedo seguir hacia adelante y bordear la zona de Nueva Alcalá o puedo coger la calle que hay a la izquierda que sube hasta la Avenida de Santa Lucia y llega hasta la Cruz del Inglés y seguir por la carretera…

Decido acortar cruzando el pueblo. Subo, subo, subo, subo, ya estoy harta de cuesta. Llego al Stop de la Avenida, pasa un coche y me acuerdo de toda la casta del hombre por hacerme parar porque aún sube más la calle…. Salgo, termino la subida hasta la cruz del inglés, primera salida de la rotonda, la cuesta se hace más suave, así que comparada con la que acabo de subir es como ir en llano.

Llego al cole, aparco la bici en la puerta bajo la atenta mirada de las personas que hay allí. De forma no muy sutil me miran de arriba abajo mientras me quito el casco y bebo agua. las señoras mayores me miran con cara de estar confirmando que soy una muchacha. Los señores, incluido el policía nacional, miran de forma más descarada cuando descubren que tengo tetas y terminan fijando su vista en mis piernas. Después de 15 km al bajarme de la bici los cuádriceps están inflados y se ven más, sobre todo en la parte inferior, así que alguno seguro que ha pensado: vaya piernacas que tiene la tía.

Me alegra ver que en la cola solo me precede una pareja, así no me entretendré mucho. Me toca. Entrego mi DNI, el chico no encuentra mi nombre, desde donde estoy intento encontrarme, debo estar a no ser que el ayuntamiento de Alcalá me haya desahuciado. Veo mi primer apellido y aviso al chico de la posición en la que está según la punta del boli que utiliza para rastrearme. El chico echa un piropo a mi buena vista, yo le digo que de momento la disfruto y deposito mi voto en las urnas. Despedida y me voy.

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Ejerciendo mi derecho al voto (y mi obligación :-))

Fuera del cole, mientras me pongo el casco y me monto en la bici, notando el calor, decido no volver por Mairena y atreverme con la vía de servicio. Cruzo al otro lado de la autovía y comienzo mi descenso. Se nubla un poco, mientras voy cogiendo velocidad. Prácticamente desde los alcores bajo sin pedalear hasta casi el cruce con la SE-40. En tirantas y con la velocidad de la bajada hace hasta frio. Piel de gallina.

Al llegar a la rotonda de la SE-40 me equivoco al tomar la salida, como la que va en coche cojo la salida que va a Sevilla sin recordar que entra en la autovía… debería haber cogido la que va al polígono para seguir por la vía de servicio. Cuando me doy cuenta del error intento encontrar por donde meterme, pero un muro de hormigón me separa del lugar por el que quiero ir. Voy pensando en cómo solucionar el tema porque no quiero ir por la autovía y veo que el muro de hormigón termina para dar paso a un quitamiedos doble… aminoro el paso y decido parar y saltar el quitamiedos por una zona en la que solo hay uno, cojo en brazos a cachirula y la paso al otro lado, después paso yo.

Al llegar a Torreblanca veo que hay carril bici, así que abandono la carretera y voy por donde debo a esas alturas. En nada estoy en casa.

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Carril bici Torreblanca

La ruta está muy bien, es muy llana hasta llegar al pueblo y el camino está casi perfecto hasta el mismo sitio más o menos, a partir del puente del dragón cambia totalmente. Lo suyo es coger por el otro lado del río y cafrear un poco por la zona “salvaje” del parque para después volver por Mairena. En realidad me quedo con las ganas porque he llegado temprano a mi casa, pero ya tendré ocasión de hacerlo, casi con seguridad el fin de semana que viene.

 

Track Wikiloc: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=13801631

Ruta 4. Sevilla-Camas-Salteras-Valencina-Camas-Sevilla

El sábado, en el foro de zona-estebtt.com veo una ruta que creo que puedo hacer sin morir en el intento. Por la mañana me apunto, éramos dos. Por la tarde la gente se anima y pierdo la cuenta de cuántos vamos. En verdad no conozco a nadie, pero es lo de menos.

La cita es a las 8 en el palacio de congresos. Desayuno, bici y a la calle. Tras las presentaciones y los saludos nos ponemos en marcha en dirección al Alamillo, allí se incorpora Antonio. Al final vamos nueve personas (¿? No sé si me sobra o me falta alguno).

En verdad me da cosilla porque son personas que salen varias veces a la semana, que dan caña a la bici… y yo salgo como mucho una vez a la semana y en llano… así que no les llego ni a la sombra, pero bueno.

Es el segundo día que voy a la zona, en verdad no sé si llegaré arriba o no, la primera vez que ataqué el Aljarafe hasta me perdí, pero voy a dar todo lo que pueda de mí.

Terminado el alamillo en vez de seguir de frente que es lo que yo hago para ir al gimnasio (al polígono parque plata), nos metemos por el camino que hay a la derecha, pasando por otro lateral del campo de tiro, para llegar a Santiponce. Cruzamos el pueblo y cogemos un camino.

Me doy cuenta de que he olvidado encender runtastic o wikiloc… en la parte donde estamos ya me parece una tontería ponerlo…

Aquí se vais a dar cuenta de mi problema para juntar los nombres con las caras… creo que fue José Antonio… iba contándome que íbamos dirección a Guillena, me hablaba de la ruta del agua… Durante un momento, largo, pensé que era Andrés, el chico que convocó la ruta, hasta que me di cuenta de mi error, pero de cualquier modo ya estaba perdida, supongo que el pobre hombre pensó que el camino ya me estaba afectando. En realidad entre el despiste de conocer en tan poco tiempo a tantas personas, con doble nombre (el del foro y el real), con la mitad sin fotos puestas… todos los nombres, los nicks y las caras estaban mezclados en mi cabeza y se unían de forma aleatoria. A lo que hay que sumar que me había dado cuenta de que ese camino no llevaba hacia la zona que pretendíamos atacar, si no que nos alejaba, no demasiado, pero los músculos de mis piernas se pusieron un tanto nerviosos. El simpático chico que me daba las indicaciones me dijo que no me preocupara que en algún momento habría un camino a la izquierda, cuando llegamos a él me dijo ¿ves?… Imagino que con gafas y todo vio mi cara de susto. Tuve intención de enmendar mi error mental por el cambio de personalidad del chico, pero me dio más vergüenza que haberme equivocado, mentalmente repasé los comentarios que le había hecho y que dejaban al descubierto que le tomaba por otro y decidí dejarlo, ya no tenía arreglo.

En realidad no me preocupaba mucho por mí misma porque más o menos me conozco, puedo equivocarme pero soy de las que piensa: “uy estoy cansada, debería llamar a mi hermano y que me recoja… bueno descanso y sigo un poco más, a ver… “ y al final voy y vuelvo, parando más, bajando el ritmo a la mínima expresión, intentando no forzarme demasiado… esto de la bici es como cualquier otra actividad, siempre hay una primera vez para casi todo, para hacer más kilómetros de los acostumbrados, para subir cuestas… y sin duda el cuerpo se entrena haciéndolo. La primera vez vas mal, la segunda regular, la tercera vas un poco más cómodo/a… así hasta que te acostumbras y el cuerpo pide más y tienes que enfrentarte a otra primera vez. Es lo que se llama progresar en algo.

El camino está bastante bien, con sus piedras, sus baches y sus cosas… pero de sombra nada, cero, ni un triste árbol. Está bastante transitado. Hicimos un descanso porque a mí se me juntaba una respiración con otra. Bebimos, saludaron a personas que pasaron por allí y conocían, Madeles me ofreció dátiles, me comí uno y descubrí que mi estómago no admitía comida. No me sentía tan cansada como para que me entrara fatiga, pero bueno… me ofrecieron la oportunidad de volver pero la rechacé, sólo necesitaba descansar un mucho. Ya solo quedaba un “poco” de cuesta arriba y después descender… Propuesta 2: comer algo en la venta Bobito de Valencina, en concreto tostada de pringá.

Rafael fue todo el camino haciendo de vigilante en la retaguardia, Mateo de vez en cuando daba una vueltecita y preguntaba… siempre me hacía compañía alguno de los chicos.

Con sinceridad y sin menospreciar a otros grupos, es la primera vez que salgo con gente y bicis y no hay alguna persona repelente, aunque sólo sea repelente por llamar la atención. Son todos simpáticos, amables y me cuidaron bien. Todo un placer salir con ellos.

Continuamos el camino que lleva a Salteras, En realidad llega a un punto medio entre Salteras y Valencina.

A cachirula le faltan un par de piñones, iba suelta, pero para forzarme menos intenté subir un piñón y era demasiado, volví al que estaba e intenté cambiar al plato pequeño, pero ocurría lo mismo, se quedaba tan flojo que no mandaba ninguna fuerza, así que era peor el remedio que la enfermedad. También es cierto que como suelo rodar en llano no estoy acostumbrada a tanto cambio de plato y piñón, por lo que por regla general cambiaba tarde. Como Rafael venía en la retaguardia de vez en cuando me daba alguna indicación porque escuchaba sonar mis cambios.

Recordé la primera vez que cogí una bici con cambios… después de toda una infancia y una adolescencia con bicis de toda la vida con un plato y un piñón, llego a la “madurez” con una bici de montaña… ¿Que hay que cambiar qué? Fue un desastre la experiencia. Recordé también cuando estrené a cachirula después de comprarla y guardarla durante todo el invierno… ahí sí que lo pasé mal, cada vez que cambiaba algo saltaba todo y pedalear era absurdo porque la bici no avanzaba. Me sentía tonta allí montada, guardando el equilibrio para no caerme, cansada de intentar avanzar al menos un metro y aquello apenas iba… la relegué al olvido durante mucho tiempo porque nadie daba con lo que le pasaba… Descubrí que sujetando el  mando del cambio de los platos se mantenía, me apretaron mil veces el cable, me graduaron todo lo graduable y nada… Hasta que mi amigo Marcos me dijo: mira a ver si el tornillo del mando de los platos está flojo. Destornillador en mano le di media vuelta al tornillo… y ya nunca volvió a saltar. Que digo yo que en esto pasa como en todo, las bicis están de moda y… cualquiera te las vende o dice que las arregla… En fin, el camino continúa.

Llegamos a la venta Bobito, pedimos nuestras bebidas y nuestras tostadas… ¡madre mía como se pasan! Por el tamaño que me dicen que tiene el pan me pido una entera, ¿Cómo voy a saber yo que eso lleva literalmente dos dedos de pringá? Imposible comérmela entera sin que me saliera por las orejas, casi la mitad se quedó allí. Pero lo asombroso fue que uno de los chicos se pidió media y lo único que hicieron fue ponerle la mitad del pan, pero la misma cantidad de relleno.

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Sin comentarios…

Volvemos al camino, bordeando Castilleja de Guzmán, con los chicos animándome porque ya todo es cuesta abajo. Están pendientes de mí en las bajadas, yo intento hacerlo con prudencia, no quiero terminar en el suelo.

Es la primera vez que bajo desde tan alto, sorteando piedras, y es realmente divertido. Pero tanto en las subidas como en las bajadas comprendo por qué me dicen que si mi intención es continuar con ese tipo de rutas tendré que jubilar a cachirula. No pesa mucho, creo, pero voy con un cambio de seis piñones, frenos V-brake y una rueda de 26 con una cubierta normalita. Lo mínimo que se despacha es nueve piñones, frenos de disco y ruedas de 27.5 con cubiertas con tacos que mi bici no ha tenido nunca. Tienen razón, lo sé, me aventuro con una bici mala y una forma física mala, en verdad ni yo sé cómo puedo llegar a mi casa después de algo así y no tener agujetas.

En un llanito hay una casa con un árbol y bajo el árbol un montón de ciclistas a la sombra, saludo general y resulta que otra vez hay alguien que se conoce entre un grupo y otro. En verdad la estampa es para inmortalizarla en una foto, probablemente ese sea el único árbol decente que hay en todo el camino hasta el momento.

Seguimos en descenso, llegando a Camas ya se ve el horrible edificio que parece una barra de labios oxidada. La verdad es que las vistas son para hacer fotos, pero para eso hay que parar y si paro perdemos más tiempo y ya está apretando el calor… mejor no hago fotos.

Por fin en Sevilla, zona de torre Triana, el chico que se unió en el alamillo se despide y vuelve a casa, yo tengo la opción de cortar por carril bici o acompañarles por el camino del rio.

La vez que yo ataqué esa zona sola volví por el mismo sitio, el fantástico carril bici que tienen en Camas, al entrar en Sevilla continué por carril bici. Dudé un momento, carril bici significaba parar cada dos por tres en semáforos y no sabía si era mejor tirar por ahí o seguir con ellos. El camino del río llega al canal, va paralelo a la supernorte y llega a Alcosa… pensé que era mejor continuar con ellos.

Pero cuando aún no habíamos llegado a la altura del estadio olímpico mi cansancio se hace latente, ya no doy ni para llevar un ritmo digno en llano. El problema no es seguir, que puedo, es hacerlo sin que la hora de calor nos coja de camino aún.

De pronto una voz, con una mano empujando desde mi espalda, me dice que me va a echar una mano, que deje de pedalear. José Antonio fue mi caballo de potencia extra (español de pura sangre). Yo le voy diciendo que me da cosa, él me dice que no me preocupe que lo hace con su hijo, yo le digo que no es para nada lo mismo, él dice que le sirve de entrenamiento, yo le digo… total que no nos ponemos de acuerdo y, cada vez que el camino lo permite, me da un empujoncito o me indica que debo cambiar y cuándo, a veces pedaleo un poco mientras me empuja por facilitarle la labor. Su voz y la de Rafael me acompañan el resto del camino, bien para indicarme cómo debo proceder (un gran aprendizaje) o bien para decir por dónde va el camino cuando me ven despistada.

Yo sólo veo  piedras y baches, de vez en cuando me voy poniendo en pie porque mis glúteos lo llevan mal, escucho que con el tiempo el culo también se me hará a la bici. Hasta que llegamos al asfalto, todo un alivio tanto para los traseros de todos como para mis piernas porque rodar es mucho más fácil.

Llegados al Cateto alguno más se despide y el resto nos quedamos allí para tomarnos una merecida cervecita.

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Los chicos                                Las birras

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Las bicis aparcadas

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Yo medio muerta, recuperada un poco gracias a la cerveza 😛

 

Por cierto, no sé si hacer un post en la sección restauración sólo para quejarme del precio de la cerveza en El Cateto o no… en Alcosa City, la caña a 1.30… es un pasote… aunque desde que tuve el bar los precios de muchos sitios me parecen desorbitados.

El resto del camino, por carril bici, ya fue de despedidas, cada uno iba tirando según le convenía para volver a su hogar.

Llegando a casa a mí la ruta se me quedó tan “larga” como a ellos “corta” (me refiero a la caña, no a la distancia)

Esta experiencia, además de demostrarme que hay gente sana y fantástica y que hay que coger más la bici… me ha planteado una cuestión que debo abordar: tengo que buscarme unas cuantas cuestas no muy lejos e irme allí a practicar los cambios, que rara vez he utilizado el plato pequeño o los tres piñones más grandes.

La ruta está muy bien para hacerla tempranito porque el calor ya aprieta; como todas las rutas por caminos tiene sus partes buenas y sus partes menos buenas. Hay bastante gente rodando por allí y vuelve a resultarme curioso que se ven pocas chicas, creo que de todos los grupos con los que nos cruzamos sólo en uno iba una chica. ¿Dónde están las mujeres ciclistas que se atreven con los caminos de Dios?

A los chicos he de decirles que fue un placer rodar con ellos, aunque ya se nota por los comentarios que he ido haciendo, y que sería un placer para mí salir con ellos cada vez que me lo permitan. Os nombraría a todos, uno a uno, porque me habéis caído muy bien (Lo intento… Andrés, Rafael, Mateo, José Antonio, Pepe, Juan, Antonio y Antonio. Perdón si hay algún error o falta alguien o hay algún nombre mal!). Sin duda un grupo genial. Me lo pasé de miedo y aprendí mucho.

Me hablaron de un grupito que hay, con mi gente, con el que alguno ha salido alguna vez… en cuanto tenga tiempo cotilleo un poco, imagino que terminaré apuntándome a alguna ruta, aunque ahora con el verano y las vacaciones… ya veremos… De momento la semana que viene, si no hay playa, me estoy planteando hacer Sevilla – Alcalá – Mairena – Sevilla

Este es el track de la ruta que da mi google maps, así que más o menos hicimos eso, exceptuando lo que mi conexión a internet haya dado de sí y los fallos del gps por ese motivo. Que falla porque a Santiponce fuimos por el Alamillo y en Valencina creo que no dimos tanta vuelta… a ver si uno de los chicos me pasa el track exacto y lo cuelgo.

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El tack de Wikiloc, desde la salida hasta la llegada al El Cateto, gracias a Pepe:

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y su enlace: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=13675628

The Mud Day

No estoy preparada, lo sé. Voy a morir o, como mínimo, a terminar lesionada… ha llegado el momento, estoy en el punto de encuentro, no hay marcha atrás.

Aparcamos y caminamos hasta la entrada. Por el camino vemos a un grupo de chicos y uno de ellos va en silla de ruedas, uno de sus compañeros va con cuerdas… comenzamos a hacer conjeturas, pero en realidad nos imaginamos la situación y comenzamos el día un tanto emocionados, tanto por la experiencia que nos espera como por la situación que vemos e imaginamos.

Nos identificamos en la entrada y nos dan un sobre con nuestro dorsal, una pulsera y algunas indicaciones. En el centro de la zona acotada hay una torre en la que hay un DJ poniendo música, a la derecha hay carpas donde dejar las mochilas, los servicios y las duchas, algún sitio donde comprar comida y junto a la salida un entrenador con su micro ayudando a la gente con los calentamientos y dando la salida a los grupos.

Damos una vuelta por allí, pendientes de nuestra hora de salida, nos reímos un rato con un grupo que sube al escenario que van disfrazados de súper héroes… y toca nuestro calentamiento.

Hace pocos días que ha salido a la luz el recorrido, 13 km de obstáculos, ya tengo claro que al menos un par de pruebas… son superiores a mí. Salimos en la tercera tanda. Suena la sirena y ¡a correr!

Primer obstáculo: Una pared de madera de 2,5 metros de altura. Vamos dos chicas y dos chicos, Fran se encargará de mi amiga y Jesús de mí. Veo unas manos, apoyo el pie, me alzo, me sujeto al borde superior de la pared y tiro para arriba con todas mis fuerzas. A horcajadas sobre la pared pienso que lo mejor es agarrarme al borde con las manos y dejarme caer, es muy alto para dar un salto sin romperme nada.

Pensaba que no sería capaz de hacerlo, pero lo he hecho y eso te sube el ánimo un poco más.

Otro poquito de correr, viene una cuesta arriba. A mitad de la cuesta todo el mundo hace el mismo comentario: ¿Esto es un obstáculo? La respuesta es No, los obstáculos están indicados, eso sólo es parte del trazado del camino.

Llegando al segundo obstáculo se va notando mi incapacidad para correr… y mis compis se quejan un poco, con razón.

Segundo obstáculo: un palo, pasa por abajo, una pila de paja, pasa por arriba… es divertido, pero ya nos estamos preguntando dónde está el barro. Ahí te cansas un poco.

Un poco más adelante obtenemos la respuesta a nuestra pregunta sobre el barro. Vemos un agujero en el suelo lleno de agua y dos tablas cortando el camino para que no puedas nadar y tengas que sumergirte, el tercer Obstáculo: coges aire, sonríes y te metes en el agua, que está fría. Más o menos calculas dónde está la tabla y dónde puedes emerger para coger aire. Lo consigues, vuelves a llenar tus pulmones y a zambullirte en el agua sucia para pasar bajo la siguiente tabla. Sales chapoteando, pesando unos cuantos de kilos más y a correr un poco para quitar el frío. Mientras corres te vas exprimiendo la ropa. Un fotógrafo nos hace alguna foto.

Cuarto Obstáculo: Este cansa menos, te dan una pulsera y tienes que atarte a tu compañero/a y correr juntos. Nos ponemos por parejas, nos atamos y a seguir!. Cuando la prueba acaba hay una persona de la organización que avisa de que ya puedes quitarte la pulsera.

Y llegamos al Quinto Obstáculo. Prácticamente y debido a mi poco fondo corriendo, vamos solos. Son unas cuantas de pirámides hechas con paja. Subes, bajas… intentando darme prisa me salto una y me riñen mis compis, vuelvo sobre mis pasos y la hago. Habíamos quedado en que había que intentar pasar todos los obstáculos y no es plan de saltármelos por darnos prisa. Guay.

Tras las pirámides hay una cuesta abajo. Al llegar abajo vamos hablando sobre lo de correr, como yo soy la “inútil” van a ir a mi ritmo. Al llegar abajo vemos a un chico al que… probablemente por el calor que hace a pesar de ser Noviembre o por haberse forzado más de lo necesario… está tumbado en el suelo y le están atendiendo. Al pasar por el lado les digo a mis compis que prefiero evitar eso. Es cierto que puedo dar más de mi corriendo, no mucho más, pero bueno, pero forzarme corriendo significa que a los obstáculos voy a llegar más cansada de lo necesario y si sumo un esfuerzo con otro… no quiero terminar metida en una ambulancia y dándoles el día. Por lo que quedamos en que a la hora de correr el límite lo pongo yo, así que cuando me canso, vamos caminando deprisa… o despacio, porque cuando no estás hablando con unos estás hablando con otros.

Sexto obstáculo: la piscina de hielo. Hay cola. Sólo se puede pasar de dos en dos, así que toca esperar. Ya se ve a la gente cansadilla. Junto a mi hay una chica que no deja de pedir que dejen de echar hielo en la piscina. Y es que junto a la piscina hay una furgoneta cargada de hielo y no dejan de abrir bolsas y esparcirlas por el agua. De pronto se forma algo de revuelo, toca el turno al chico que va en silla de ruedas y sus amigos, uno de los colegas lo sujeta, no vi bien si se ataban o no y entre los aplausos y las palabras de ánimo del público se sumergen.

La verdad es que impresionan tanto la escena, como la reacción de la gente en general, como la forma física de los amigos del chico, que tienen que cargar con su propio peso y con el de su amigo. Así a modo de confesión he de decir que me emocioné y casi lloro, es más, cada vez que recuerdo alguna situación en la que intervenía ese grupo, se me ponen los vellos de punta.

Nos toca. Ni siquiera me atrevo a pensar en lo fría que estará el agua, comento a mi amiga que lo bueno es que nos vamos a quitar un poco de barro de encima. ¡Al agua pato! Buceé hasta el final, con todo aquel hielo congelando mi piel. Emergí cogiendo aire y vi a un chico arriba que ayudaba a salir al personal. Mientras tiraba de mi mano, muerto de risa (que malo) no dejaba de decir: “venga ahora a correr para entrar en calor, no te pares”. Evidentemente no puedes hacer otra cosa.

Un poco más adelante parada obligatoria para beber agua. Hay una larga mesa con un montón de vasos llenos de agua o bebida energética. Bebes lo que puedes sin pararte mucho y continúas.

Séptimo obstáculo: este mola. Suelo embarrado, alambre de púas… toca tirarse al suelo. Vas arrastrándote por el suelo, apoyándote en codos y rodillas, teniendo cuidado cada vez que alguien se engancha del alambre y tira de él hacia abajo. Me paro un poco y me mantengo pegada al suelo porque a una chica se le ha enganchado el moño en el alambre y por más que el chico que va detrás le pide que pare para ayudarla, ella no deja de tirar y por lo tanto de tirar del alambre. Se escucha a una chica decir: “Tía que hay gusanos”, con un tono entre el asco y el miedo, y a la amiga contestarle: ¿Gusanos? ¿Eso te vas a parar a mirar?, sigue anda. Risa general. En realidad no había gusanos, pero es cierto que había trozos de paja llenas de barro, y con el movimiento de la tierra podría parecer que tuvieran vida propia. Resulta bastante divertido. Sales de allí, con barro por todos sitios, pesando cada vez más… a correr otro poco.

Pronto llega el obstáculo número 8, una cuesta arriba tan pronunciada que han puesto una red para que se pueda subir. Cansa, bastante, y resbala bastante también. Los pies en esa prueba son para nada, básicamente para apoyarte, casi todo el esfuerzo lo realizas con los brazos.

Por el camino te vas encontrando de todo. Gente disfrazada, gente como nosotros que va a pasarlo bien, grupos de dos o cuatro chicos que van a modo de ver quién puede más… muchos grupos de chicos que van a gimnasios donde se hace crossfit (más que nada por las camisetas). Pero sobre todo te encuentras con muy buen rollo, con gente que te anima si te ven cansado/a, que hace algún comentario gracioso…

Noveno obstáculo: el túnel. No es más que un túnel por el que hay que gatear hasta el otro lado. Cuesta poco entrar, dentro no se ve nada y hay una curva en la que casi te chocas con la pared. Yo me descojoné de la risa, de hecho la salida era más estrecha que la entrada y salí entre risas y que no podía. Lo divertido de la prueba es escuchar a los demás, que si no se ve nada, que si hay ratas, que si se han clavado algo… la imaginación de la gente no tiene desperdicio.

Otro trocito corriendo. Décimo obstáculo, más alambre de púas. En esta ocasión hay público y cola. A mitad del recorrido, con los codos y las rodillas ya doloridos por la arena arañando la piel y en vista de que hay que esperar para proseguir… me elevo un poco quedando a gatas, alguien se engancha en el alambre, mi fila avanza, intento avanzar y escucho a una mujer del público que dice: ay nena cuidado que se te engancha la camiseta, mientras la tela de mi camiseta cede y se rasga. La miro, le sonrío, le doy las gracias, doy un paso atrás mientras me agacho para desengancharme y prosigo. Una pena, la camiseta me gustaba, estaba claro que su fin era la basura, pero te da coraje romperla.

Siguiente parada, punto de avituallamiento. En esta ocasión además de bebida hay comida, fruta. Hay chicas cortando plátanos y naranjas en trozos, tú te miras las manos llenas de barro, la intención es limpiarte en la ropa que también está llena de barro, tienes barro hasta en las pestañas, literalmente. Una de las mujeres voluntarias, cual madre, quitó la piel a un par de trozos de plátanos que fueron directamente de su mano a la boca de mi amiga y la mía. Casi ni masticas, tragas, bebes, das las gracias, tiras el vaso al contenedor que hay a continuación y a correr. En esa segunda parada caes en que hay alguno que va a su rollo y tira las cosas al suelo, pero en general está todo limpio, no cuesta nada tirar el vaso al contenedor que coge de camino.

Durante el recorrido hay muchos carteles, indicando los obstáculos, dando ánimos… hay un punto en el que dice que faltan 5 km, miras el cartel con ánimo porque ya no sabes dónde estás y 5 km es poco y de pronto te encuentras un cartel diciendo ah no son 8 km. No es lo mismo, pero la broma ayuda.

Onceavo obstáculo. Tocar el cielo. Son un montón de tablones a modo de escalera vertical de 4 metros de altura, repleta de barro. Se sube relativamente bien, pero es verdad que está alto. Ya arriba me paré un poco a animar a un chico al que dio vértigo, el amigo ya bajaba por el otro lado y al escucharle le hablé, para que me mirara a mí. Dio la vuelta observando cómo lo hacía yo, imagino que le vino bien para entretenerse. Al llegar abajo me dio las gracias y ¡a correr!

Ahí ya llevas más de la mitad del camino y todo el mundo comienza a preguntarse cuánto queda. El cansancio va haciendo mella en los menos preparados físicamente, pero continuas. No sé si alguien se rindió o no, te vas encontrando a la gente a destiempo, unas veces van por delante de ti, otras eres tú quien va delante… apenas se nota mi mal correr porque casi todo el mundo quiere guardar fuerzas para los obstáculos, que evidentemente cada vez cuestan más.

Y llega el obstáculo número 12. Con la de gente que ha pasado ya por allí sabes que vas a caer al agua. Hay que cruzar el agua sobre palos llenos de barro de la gente que ha pasado por allí, a modo de equilibrista, lo intentas, cuatro pasos y a caer al agua de la forma más elegante posible, mientras te ríes de ti mismo/a.

Tras subir por un escarpado camino, con una amena charla entre mi amiga, un hombre, su hija y yo, llegamos al treceavo obstáculo. Ese es un rollo si vas solo/a porque se trata de que alguien te coge a caballito y después tu coges a ese alguien. Jesús me coge y sin parar hace el tramo de los dos, comprendiendo que yo no voy a poder con él. Está fuerte el tío, porque yo peso lo mío.

Un ratito corriendo hasta llegar al obstáculo 14. Anillas. Me sitúo frente a ellas y me quejo, están muy altas. Recuerdo que un día estuvimos entrenando en el Parque Miraflores y nos colgamos de unas anillas, entiendo que esas cosas las hacen según la media de estatura general, pero yo no tengo estatura media, tengo menos y ni saltando llegué a las anillas, de hecho tuvieron que auparme porque me faltan casi 10 cm para llegar con un salto (mido 163 más o menos). Lo intento, al agua.

Sin darnos cuenta casi nos saltamos el siguiente obstáculo, o estábamos perdidos mentalmente o no estaba bien indicado. Fran se dio cuenta y nos volvimos. Ese era fácil, tenías que coger dos sacos, hacer un recorrido corto, soltar los sacos y continuar. Los sacos pesaban lo suyo eh, 12 kilos cada uno… el primero lo coloqué sobre mi hombro izquierdo y el segundo lo agarré con la mano todo lo bajo que pude y que fuera cómodo. Jesús se vuelve, me dice que me ponga el otro en el hombro y yo le digo que no, el cuello de mi camiseta es el doble de grande que cuando llegué y deja al descubierto el hombro y no quiero arañarme, prefiero llevarlo en la mano, no me pesa tanto. A mi amiga le cuesta más tirar de sus sacos, pero lo consigue. Jesús termina con cuatro sacos porque no me deja ayudarle, alguna pobre persona no ha podido y los ha abandonado a mitad de camino. Mi amigo, en previsión de que alguien tropiece los coge, yo le digo que puedo, que me de uno, él me dice que tire y yo tiro…

Parada de avituallamiento. A beber.

Obstáculo número 16. Like a Fish. Ahí te relajas un poco, sólo tienes que orientarte y caminar agachado. Es una red en el suelo bajo la que te tienes que meter y caminar hasta la salida. No pesa mucho y basta con ir con la espalda doblada, puedes ir caminando casi de forma normal.

Al llegar te has fijado en el número del obstáculo, cosa que en realidad no te sirve de mucho, ya has perdido la noción del tiempo, no sabes qué hora es ni cuánto tiempo llevas en faena, ni cuantos obstáculos eran. Un poco de ánimo y a continuar.

Parada número 17. Reptas por un tubo y al final… caes al agua. Mientras hacemos cola observamos el tema. Fran se para en un tubo y detrás se coloca mi amiga. Yo me paro en el tubo de al lado y Jesús a continuación. Me asomo y veo cómo cae la gente al agua, me giro y comento a Jesús que es mejor ir de culo, para controlar mejor la caída al agua. Él me da la razón y comunico a mi amiga la postura: Metete de culo, boca abajo y al final te dejas caer.

Evidentemente el agua tiene fondo como para que no te partas las piernas al caer. Un par de chicos se cuelan por delante de uno de los que van delante de mí, algunos no tienen espera. El que va delante de mí se mete en el tubo comentando que lo va a hacer como yo he dicho y yo le digo que voy a ciegas, que si ve que me arrimo mucho que me lo diga, me sonríe y se mete, espero un poco a que coja espacio y me meto. Esta oscuro, con poco espacio para moverte. Intento controlar dónde está el chico que va delante de mí, o en este caso detrás, y dónde está Jesús. Llego al borde con los pies, pienso que girarme es una tontería, pego la barriga al suelo del tubo, repto un poco hacia fuera y en cuanto veo que mi cuerpo puede salir sin problemas, me dejo caer, sin olvidarme de coger aire por el camino para la inmersión. Digo “ya” en un grito para que Jesús sepa que se puede tirar y me retiro tan rápido como puedo. Está guay, ¡subía y me tiraba otra vez! Pero hay que continuar hacia el punto 18.

Otra escalera de palos, aunque esta vez hay que subirla al revés. Me subo al primer palo, Jesús está a mi lado, intento llegar al segundo, mi amigo me anima y yo le digo que no llego. Baja un poco su posición, me dice que me agarre al siguiente palo con las manos, le hago caso aunque apenas llego, levanto la pierna, nunca la había estirado tanto, me mira y dice: es verdad, no llegas. ¿Solución? Pasar hacia el otro lado sin subir. No tengo más remedio que saltarme ese obstáculo porque ni llegaba al tercer palo para agarrarme fuerte con los brazos y soltar las piernas para después apoyarlas en el segundo palo, ni me llegaban las piernas de un palo a otro lo suficiente como para hacer el esfuerzo con las piernas.  Mi amiga se ríe de mí, me dice chiquinina y en el segundo palo se salta el obstáculo.

¡A por el siguiente!.

Diecinueveavo Obstáculo. Trabajo en equipo. Hay que tirar de unas ruedas enormes. Nos situamos tras la cuerda lo mejor que pudimos y a correr hasta completar el recorrido circular. Te deja la cintura un poco presionada y a pesar de ser 4 hay que hacer mucho esfuerzo, pero hacemos el recorrido y rápidamente nos apartamos para que otro equipo cogiera nuestra rueda.

Obstáculo 20. Charco con agua sucia y barras sobre la cabeza por las que pasar con las manos. No he llegado a las anillas, tampoco llego a la primera barra. Jesús está detrás de mí y me pide que lo intente saltando, flexiono un poco las rodillas, salto estirando los brazos intentando agarrarme a la primera barra y caigo al agua. Lo que me temía. Una chica me ayuda a salir porque cuesta salir de allí, yo ayudo a salir a mi amiga. Le doy las gracias a la chica y me escurro un poco el agua mientras espero a mis compis.

Ya queda poco, apenas nada, divisas la meta, te sientes cansado/a… y de pronto te encuentras delante de ti el penúltimo obstáculo. La montaña de barro. Subes, intentando poner tus pies en los huecos que dejan los pies de los demás y cuando llegas arriba… no es una montaña de barro, son varias y entre una y otra… agua hasta la cintura. Cuando llego arriba Jesús me dice que estire una pierna, dejando la otra flexionada, y me deje resbalar, intento que mi culo no toque mucho el suelo porque hay piedras.

En la mayoría de obstáculos hay alguien echando agua, claro, si no hay barro no tiene gracia. En las montañas de barro hay gente echando agua y excavadoras echando más tierra.

Subes y bajas la primera, tiras de ti a través del agua, subes la segunda… hay varias, no ves cuantas porque cada una tiene una altura diferente. La tercera… la cuarta… Voy arrastrando los pies que se me van quedando clavados en el barro que hay bajo el agua, un chico pasa por mi lado, es alto, parece fuerte… y de pronto le escucho decir: ¡Dios mío cuantas quedan! A mí me da por reír, intento contestarle que mucho, el se ríe y me anima diciendo ¡Vamos!. Cuando llego a la cumbre de la siguiente montaña me descojono, Jesús está en medio del agua, la excavadora le va echando arena y el del agua le echa agua. Parece un conguito. Me reúno con él abajo y subimos la siguiente montaña. Yo ya había perdido la cuenta, aún nos quedaban dos. Cansa, bastante, te resbalas mucho al subir, al bajar te das cuenta de cómo vas. Cuando terminas de bajar la última aprovechas un poco el agua para quitarte el exceso de barro, mientras caminas escurriéndote el agua te vas viendo algún arañazo en las manos. Mi camiseta ya parecía tres tallas mayor que la original…

Das un último apretón trotando hasta llegar a la meta, pero antes tienes que pasar por una zona llena de tiras electrificadas. A Jesús le dan bastante calambre, el resto apenas las notan y yo… como si nada, ni allí, ni en las que cuelgan del alambre de púas.

Por fin llegas a la meta, te hacen una foto, te dan tu medalla y una camiseta. Tras la camiseta cervecita y fruta.

Después te espera música y baile. Ni siquiera nos duchamos, nos fuimos directamente a bailar.

El tiempo de duración de la prueba son 2h30m, lo completamos en 2h39m.

 

¿La experiencia? Inigualable, enriquecedora, divertida. Para repetir cada año mientras el cuerpo aguante. Es cierto que llegó un momento en el que era caro, nosotros pagamos 45 Euros cada uno y en realidad es caro, pero cuando llegué a mi casa y me quité la ropa, la tiré a la basura y tras la ducha me tiré en la cama… comprendí que habían sido los 45 Euros mejor invertidos de mi vida hasta ese momento. Entre pitos y flautas es lo que te gastas cualquier fin de semana.

Está bien organizado, había muchos voluntarios, incluso un coche iba dando vueltas por el circuito, con la música a todo volumen. Para cualquier cosa que pudiera ocurrirte había gente de la organización cerca.

Quizás al final pobre en opciones alimentarias, pero la mayoría de la gente se marchaba al poco de terminar.

No vi la zona de duchas porque pasamos de ducharnos, había mucha cola. La zona de servicios… como todas, retretes portátiles hechos para personas altas, pero había bastantes.

Desde mi punto de vista a la organización de doy un 9, a la prueba ya he dicho que insuperable, por la prueba en sí y por el ambiente, poco competitivo.

Para lo único que tengo pegas es por lo de las fotos. En cada prueba había fotógrafos haciendo fotos y después te dabas de alta en una web y podías comprar las tuyas… entré en la web, me registré, me busqué por el número de dorsal… ¡7 pavos la foto! ¿Perdona? Se entiende que los fotógrafos se pasaron una mañana trabajando, que hicieron muchas fotos, que las vendieron al precio que les pareció o pusieron precio a su hora de faena… ¿pero a 7 € la foto? ¿a 21 € el pack de 4?… no creo que mucha gente comprara las fotos y menos cuando en la mayoría de los grupos había gente con cámaras deportivas… en fin.

Por cierto, yo llevaba una cámara deportiva que perdí. No había grabado mucho porque la llevaba colgada al cuello y no era el sitio, pero perdí la salida, le llegada a meta… espero que quien la encontrara la esté disfrutando. 😛

Hay cosas que te gustan sin remedio, con las que disfrutas, y algo como el Mud Day nos gustó tanto a los cuatro que estuvimos buscando pruebas similares para repetir. Tonteamos con la idea de ir a la Farinato’s race, que también se hace en Sevilla, pero cuando intuimos el nivel y que es algo más competitivo que de ocio, decidimos no ir. La pena es que la mayoría de las cosas que encontramos, cómo no, eran fuera de Sevilla. ¡Tendremos que esperar al Mud Day 2016! ¡No os lo perdáis porque merece la pena!

Ruta 3. Sevilla Este – Los Rosales

Jueves, día del Corpus, fiesta en Sevilla. Dudo, pero al final decido ir a Los Rosales a ver a unos clientes y amigos para hacer alguna cosa que he de hacer allí.

¡Ea, pues voy en bici! Jiji, jaja, muchas risas entre comentarios aludiendo a que no voy a llegar, que seguro que les llamo a mitad de camino para que me recojan… que poca fe tienen en mi.

Salgo de casa sobre las nueve y media, runtastic encendido. Al poco comienzo a seguir una ruta de wikiloc del usuario Subaru55, no sé cómo va a ese tema en Wikiloc porque es la primera vez que lo uso, pero veo que no me habla, así que supongo que tendré que mirar el móvil de vez en cuando. Echo de menos mi soporte para móvil, tendré que comprarme otro.

Cruzo Alcosa city y llego a la rotonda de debajo de la A4, tengo que coger la carretera de Valdezorras y da un poco de mal rollo, no me gustan las carreteras y menos esa. Como hay poco tráfico aprovecho para dar caña y pasar la rotonda, arcén hasta el desvío de la ronda súper norte y allí ya cojo el primer camino, que va paralelo a la autovía.

Me cruzo con unos trabajadores, uno de ellos se sorprende porque soy una mujer y se lo comenta al otro, este otro comienza a animarme, les doy las gracias, los buenos días y sigo mi camino. Paso el cruce del aeropuerto y un poco más adelante, tras pasar por delante de una nave, cojo el camino de los indios. Ese primer trozo no está mal, algún bache que otro, pero se rueda bien. El camino de los Indios perfecto, está asfaltado.

Al pasar una urbanización ya comienza de nuevo la tierra, hay un cruce, me paro a beber, mirar el mapa y hacer unas fotos, diviso Sevilla, pero en las fotos no se ve.

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Cojo el carril de la derecha, se supone que tengo que llegar al canal ¡y voy y llego!. El camino del canal no está mal, parte de él es de las piedras esas grises que parecen asfalto, si vas pegado al canal se va bien, si no hay muchas piedras acumuladas y se hunden las ruedas haciendo difícil el pedaleo o vas en modo vibrador con las señales de las ruedas de los tractores.

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Todo recto hasta el tercer puente, en el cruce hay que tirar hacia la izquierda, por la pista de Alcalá del Río y seguir recto hasta dar con la carretera. Con cuidado se cruza y sigues hacia adelante. Kilómetro 20 según avisa mi runtastic (que lleva 2 km más que wikiloc porque lo puse antes). Hora de descansar un poco.

Suelto a cachirula, me quito el casco, los auriculares y me siento un rato en el suelo a desayunar lo que llevo, que básicamente son gomitas. No es muy buen desayuno gomitas y agua, pero ya he comido algo antes de salir… después de un rato cotilleando el móvil decido continuar. Aún me queda la otra mitad del camino.

Al poco de continuar llego a las vías del tren, giro a la derecha y ya es por ahí hasta Los Rosales. Se ve San José de la Rinconada. Siete km más o menos después llego a la estación de tren de Brenes, parada para beber agua y hacer fotos. Por ese camino hay mucha gente corriendo o en bici o paseando con perros, un camino bastante transitado, así que cada dos por tres andas levantando la mano en respuesta a algún saludo o diciendo ¡hola! En plan eufórico sonriendo y todo… yo saludo a todas las personas con las que me cruzo, hasta a los viejetes que están a pie de plantación.

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estación de Brenes

El camino que acompaña a las vías está a ratos bien, a ratos fatal, a ratos no me siento ya el culo. Llego a un puente en el que no se ve el camino, así que supongo que en vez de cruzarlo por debajo, tengo que rodearlo, subo la cuesta, llego a la carretera, miro a ambos lados, no viene nadie, cruzo y vuelvo al camino. Cuando ya estoy en el camino veo que un ciclista sigue de frente… ¡anda! Pues debe ser que sí que hay camino o el tío ha desaparecido por arte de magia… a la vuelta lo compruebo.

Llego a la estación de Cantillana pero no hago fotos. Un poco más adelante sí, me cruzo con unas compis cabras locas. Las cabras se van, yo sigo.

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Cabras locas

Paso por detrás de La Monta y consulto Wikiloc, ya estoy cerca de Los Rosales y en algún sitio tengo que cruzar hacia el otro lado de las vías. Continuo y paro más adelante, es en el siguiente puente. Ni siquiera hay carretera, subo el puente, bajo frenándome un poco al llegar a la mitad porque lo que hay después es un trozo de camino y la carretera y después de pedalear por el carril bici del pueblo por primera vez llego a mi destino.

La vuelta está prevista para después de comer, sobre las cinco o cinco y media, pero también me había planteado la opción “No tengo fuerzas para pedalear otros 40 km”, así que durante la comida aún no tengo claro si me quedo allí a dormir, dándole la alegría a mi amiga, y volver el viernes por la mañana, o echarle valor e intentarlo.

Agradezco a mi amiga que insista en que me quede con ella, pero decido volver.

Salgo a las seis de la tarde, muy mal, no quiero que me coja la noche por el camino, al menos hasta llegar a la civilización. Llevo luces, pero estoy cansada y no sé cuánto voy a tardar en volver.

En cuanto salgo a campo abierto lo noto… hace viento, me cuesta tirar a una velocidad decente porque mis piernas van quejándose y encima el viento… paro un momento a observar las plantas que hay a los lados del camino, el viento las azota en mi dirección… perfecto… viento de cara, que por poco que sea, en mi estado… molesta. Aprovecho que estoy parada para beber y coger la bolsa de gomitas que me he comprado y atarla al manillar para tenerlas cerca. Uno de mis auriculares no funciona, así que por el lado izquierdo escucho el sonido de mis ruedas y el camino y por el derecho Metallica o Linkin park.

Un par de kilómetros más adelante la música se para, deduzco que han muerto los dos auriculares, pero al ratito escucho a mi runtastic hablar. Sigo sin música, no quiero parar, me está costando bastante avanzar. Voy por el km 5, un poco más adelante está el puente traga ciclistas, cuando lo pase me paro. Parece que el camino bajo el puente está hecho a base de pasar bicis una y otra vez, es incómodo, la vegetación te va azotando las piernas y de pronto paro casi en seco. Relaciono las cabras de la ida con los ciclistas, el sendero se convierte en un pedregoso agujero, en el que si vas muy deprisa… te comes la valla de Renfe, decido bajarme de la bici, no estoy ni para atascarme ni para caerme. Es solo el trocito justo debajo del puente, en cuanto lo pasas ya vuelve a ser un sendero forzado, pero transitable.

Pedaleando de nuevo, según voy avanzando parece que voy mejor, sigue el viento de cara, pero me noto más fuerte. Generalmente siempre me pasa lo mismo, los primeros kilómetros me canso y una vez que paso del km 7 u 8… voy fantástica. Está claro que llevo el cansancio de la ida encima; al llegar a Brenes  ya he hecho más kilómetros que la ruta más larga que he hecho en mi vida. Aunque sea en dos partes, con cinco horas de por medio, es la primera vez que voy a hacer tantos kilómetros el mismo día. Espero no terminar llamando a mi padre para que me recoja en alguno de esos caminos.

Intento hacer la ruta de vuelta de memoria, pero llega un momento en el que estoy despistada y tras pasar otro puente me paro a descansar, recuerdo haber girado a la derecha en el Km 20, así que debe ser por allí, pero no veo el camino. Bebo, consulto el móvil, me siento un ratito a descansar y… me he pasado, es unos metros más atrás, rodeando el puente. Hago unas fotos y ¡a continuar! Vuelvo a tener música, era que se había parado.

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Cachirula y yo descansando (yo en plan happy y en plan mosca respectivamente)

Ya voy por la mitad del camino más o menos, aún hay luz de sobra en el día, pero no quiero pararme mucho más por si acaso. No me da miedo que se haga de noche por los caminos, me da miedo llegar a la carretera de Valdezorras y que sea de noche. Esa rotonda es un caos y prefiero cruzarla de día, aunque cuando llegue a Alcosa de pronto sea de noche, una vez allí me da igual, pero aprecio mucho mi vida y no me gusta correr riesgos innecesarios (algun@s os reiréis con esto último…).

Cruzo la carretera sin mayor problema, dejo atrás la urbanización y tiro por el margen del canal. Me cruzo con dos chicos que me saludan, yo les digo hola y hasta luego respectivamente. Me río un poco, todo el mundo me adelanta, o porque están frescos y van a buen ritmo o porque el mío es desesperadamente lento.

Me cruzo con un coche y me meto por la derecha del carril, por la zona por donde pasa el tractor y te pones en modo vibrador. Cuando consigo volver a pegarme al canal… ¿culo? ¿Eso es lo que hay al final de la espalda y que ya no noto?

Por cierto, comprobado, el problema no es la ropa interior, el problema son las costuras, ni siquiera el material. Llevo mallas de esas fantásticas que transpiran, pero tienen costuras. A fuerza de ensayo voy sabiendo qué no llevar cuando voy en la bici. Lo próximo que tengo que comprar es el soporte para el móvil y unos culotes de ciclista a ver con ellos que tal.

Llego al desvío y giro a la derecha, desde donde estoy ya se ven los eucaliptos del camino de los Indios. A la ida iba cantando Despistaos a las plantas, al pasar de nuevo voy cantándoles una de Lenny Kravitz.

Me alegra llegar al camino de los Indios, primero porque ya estoy a poco más de 10 km de casa, segundo porque es asfalto y ya no tengo el trasero para muchas fiestas.

Paso el aeropuerto, la nave, llego a la carretera de Valdezorras, cruzo tan rápido como me permite mi vida, que pesa toneladas en ese momento, llego a Alcosa, un poco de carretera, me meto en el parque… ¡sí que es grande ese parque! Nunca había entrado, voy por un camino paralelo a la carretera, pero de paso cotilleo un poco y me parece un parque muy grande. Tengo que ir por allí alguna vez a dar vueltas, es bonito.

Todas las quejas que pueda o no tener con el carril bici se despejan en cuanto lo cojo… liso, sin baches destacables, con la bici rodando que no veas… “Sprint” final… ¡que ganas de llegar a mi casa! Todos los bichos voladores se reúnen en un par de zonas por las que paso para estamparse sobre mí. Llevo no sé cuantos mil kilómetros y pocos bichos se han chocado conmigo… están todos allí para recibirme. Paro en un semáforo y miro mi camiseta, salió blanca, se volvió un poco color campo con el polvo del camino y en ese momento es de lunares negros. ¡Qué barbaridad!

Siento que me muero un poco cuando apoyo mi cuerpo en la puerta del patio para abrir con la llave, no sé si voy a tener fuerza para levantar los 14 kilos que pesa cachirula y sortear los tres escalones que hay al entrar… pero un esfuerzo más y ya estoy en mi casa.

Tras un par de llamadas avisando de que ya he llegado, me pongo a estirar. Tengo los cuádriceps cansadicos, los glúteos doloridos y estoy deseando darme una ducha. No sé qué costumbres tenéis vosotros, pero a mí eso de estirar me gusta bastante, siempre estiro antes de salir, cuando paro a descansar por el km 20 y, por supuesto, al llegar. Desde que cogí esa costumbre no he tenido problemas ni de agujetas, ni de contracturas… todo perfecto.

Estoy satisfecha, he ido sin problemas y he vuelto, más lenta, pero bueno. Desde la puerta de mi casa hasta la puerta de mi casa 85 km en total. Me lo dicen hace una semana y digo que no soy capaz. ¡Bien por mí!

Otro por cierto… en las dos últimas salidas, sobre todo tras la de ayer, he descubierto el moreno ciclista, muy parecido al moreno albañil… piernas morenas desde el tobillo hasta la rodilla (entre el borde del calcetín y el borde de las mallas) y frontal de los brazos, dejando blanca la cara interna y el trocito de hombro que cubre la camiseta, cara morena… ¡¡hay que ir pensando en ir a la playa para compensar el color!!

Eso es todo… ¡hasta la próxima salida! ¡Que tengáis buen pedaleo!

Ruta 2. Sevilla – Castilleja de Guzman – Sevilla

De imagen del post me he puesto a mí misma, con mi casco grande, a ver si me acuerdo de ir a comprar uno de mi talla.

Otra vez domingo, otra vez ruta. Ayer quería salir con un amigo pero no pude. Hoy he intentado salir más temprano y lo he conseguido, media hora antes, guau, todo un logro…

De esta ruta he aprendido un par de cosas: Que una cosa es lo que trazas en el mapa y otra lo que terminas haciendo, al menos la primera vez. Que nunca estamos preparados la primera vez que hacemos algo y una pregunta que me he hecho ¿sería mejor ir sin ropa interior?. Ayer hice una puesta a punto a cachirula y subí el sillín un par de centímetros, la verdad es que pedaleo más cómoda, pero… he tenido un problema de rozamiento en mis partes nobles, cosa que no me había ocurrido nunca. Como casi todos tengo las mallas para la bici, las camisetas para la bici y la ropa interior para la bici, de lo que tenía por ahí, con lo que más cómoda me sentía. Pero al parecer la ropa interior no es la adecuada para esa altura de sillín.

Después he estado pensando en eso, ya descansada, en si es mejor utilizar gel en el sillín como llevo yo o culotes para bici de los que incorporan el gel o si es cuestión de gustos y lo suyo es ponerte los pantalones y olvidarte de la ropa interior, a alguno conozco que no usa cuando va en bici.

Hasta llegar al P.I. Parque Plata todo bien, como siempre. Tenía que cruzar la carretera para adentrarme en el Polígono Industrial los girasoles y buscar la parte de detrás. Nunca había tirado por ahí, es la primera vez que paso de Camas o Santiponce. Las opciones que tenía eran ir hasta la entrada de Santiponce y recorrer todo el polígono o cruzar por la salida donde me encontraba y buscar cómo meterme en el polígono de enfrente… Por aquí mismo… ¿Y ahora como entro?… iba yo por el arcén de la carretera y casi llegando al desvío para entrar ya en la SE30 vi que había tierra compactada pegada al escalón y que la continuaba un camino entre dos naves… otra vez el “por aquí mismo”… y voy y salgo a la calle central del polígono los girasoles que tiene su carril bici, sus bares…  parada obligada para orientarme, voy en dirección a la estación de tren de camas, pero yo no sé dónde está eso, miro el mapa en el móvil, bebo agua, veo que no debe estar muy lejos, le echo un vistazo al recorrido del carril bici y… resulta que va a la estación, perfecto, lo que es no saber…

Venga, cuesta pa’rriba. En realidad está genial esa zona, caminos de arena preparados, indicaciones de hacia dónde va la ruta… se lo han currado. Me adentro en el camino y llego al cruce, deduzco que si voy a la izquierda iré en dirección Camas y no es el plan. Me vuelvo al aparcamiento de bicis que hay en la entrada del camino, dejo a cachirula allí y me como unas gomitas y bebo agua mientras cotilleo el mapa. He de tirar a la derecha.

El camino que cojo nada tiene que ver con el que acabo de abandonar. Está lleno de grandes piedras como las que hay en las vías del tren. Llega un momento en el que me da la sensación de que el camino no continua de frente y tengo que meterme en el que veo a la izquierda… error!… hay una pequeña bajada un poco chunga por el estado de la tierra y lo que estoy siguiendo me da a mí que es el sendero que va dejando una de las ruedas del tractor del hombre que trabaja esa zona. Empiezo a subir… cambia plato, cambia piñón, cambia piñón, cambia piñón… Mi runtastic me habla, llevo no se cuantos kilómetros y un ritmo medio de 6 min y pico el Km. ¡pero bueno! ¡Al traste el buen ritmo que estaba cogiendo!. Continuo pedaleando hasta que a un poco más de la mitad veo que la pendiente se pronuncia más, mis cuádriceps tiemblan y mi respiración se hace hasta pesada… hay un trocito en el que puedo parar sin que volver a pedalear sea una odisea y paro. Aguanté allí un ratín, hasta que mi respiración se volvió más normal y mi corazón dejó de amagar con provocarse un infarto. Suena el teléfono, es mi madre, hablo con ella y aprovecho para hacer unas fotos, aunque alguna no ha salido, no veía bien la pantalla, seguro que pensé que le daba al botón para hacer la foto y le estaba dando a cambiar a video o algo de eso.

Aquí imágenes de la estación de Camas y del camino que estaba subiendo:

ruta2-estacion-de-camas    ruta2-camino    ruta2-fondo-alamillo

Con el corazón y la respiración normalizados tengo que decidir si le echo reaños a la cosa y subo la pendiente o si me tiro cuesta abajo y vuelvo por donde he venido. Aún estoy en la ida, hay mucho camino hasta llegar a mi casa y tampoco pasa nada si la primera vez que me enfrento a cuestas en condiciones no puedo. Seréis muy fantásticos todos esos que lo habéis conseguido a la primera, pero yo no puedo 😛

Subo andando y tirando de cachirula la peor parte del camino que he elegido, con las piernas azotadas por la vegetación que sobrevive a la rueda del tractor, mi cachirula arrancando trigo y maleza… y resulta que llego a un sitio donde hay un camino de esos de los acondicionados, que seguro que es mucho más cómodo que el que yo he seguido para subir y que me hubiese costado su esfuerzo, pero de otra forma. Vuelvo a pensar lo que es no saber… supongo que ese camino llega hasta Santiponce.

Tras quitar de las ruedas los restos del camino, se cruza conmigo un señor mayor, al que saludo y que sigue su camino tras devolverme el saludo. Le escucho darse ánimos “venga un poco más que ya queda poco, tu puedes…” me rio, así iba yo unos metros más atrás. Salgo detrás del señor que ya me ha cogido ventaja, comienzo a bajar, subo un poco, veo que hay un camino que sube hacia lo que parece un cementerio y otro que va dirección Camas. En ese momento ni sé dónde estoy ni me interesa. Yo iba en dirección a Valencina y he tirado por otro sitio seguro.  Desde el punto donde estoy veo los pisos de la parte de arriba de Camas… dudo entre si adentrarme en el pueblo del que veo el cementerio o ir a lo seguro… ya llevo unos cuantos de kilómetros, no es lo mismo en llano que con las cuestas que llevo, voy sola y tengo que volver, no seguir por donde no sé. Abandono el camino que va a lo que parecía Castilleja de Guzmán y cojo en dirección “conocida”. En realidad tampoco sé dónde está el puente que cruza de Camas a Sevilla, pero con lo bien que lo tienen todo seguro que encuentro alguna indicación.

ruta2-camino-cementerio

Camino para subir a Castilleja de Guzmán

Aún en el camino veo que tengo que tirar a la izquierda, por unas puertas metálicas abiertas… y hay una pequeña pendiente que a mí en ese momento se me hace enorme. En verdad es larga y empinada, seguro que cojo mucha velocidad, pero ya no tengo 12 años y estoy medio loca como cuando los tenía y me iba a los frutales a tirarme por las cuestas…  me rio de mí misma ¡soy una cobarde! ¿Dónde está la yo valiente y aventurera? ¿Esto es lo que pasa a los 40? Y entonces me digo a mí misma: Ya has tonteado bastante, las cosas se aprenden practicando y si te caes, te levantas y sigues y si no puedes levantarte llamas al 112. Me convenzo, aunque tampoco me queda otra. Cuando empiezo a coger velocidad, que no creo que fuera mucha, lo pienso mejor… de 3 a 6 min. el Km. es un palo, con eso seguro que bajo el tiempo un montón… si no me caigo… como voy emocionada con la velocidad no me doy cuenta de que puedo cruzar por mitad del terreno que hay y le doy toda la vuelta (cuando me doy cuenta me siento un poco tonta, pero bueno). Subo una cuesta y llego a la carretera, me pego a la derecha, continuando en descenso y freno cuando veo el semáforo rojo. Al momento estaba cruzando Camas, lo más en línea recta que pude, porque sabía que al otro lado era donde continuaba mi trayecto. Llego al carril bici, paro, bebo agua y veo un túnel… decido acercarme y mirar porque pasa por debajo de la SE30 y antes de llegar al túnel veo una señal que dice que si voy para atrás voy a Camas y si voy por debajo del túnel voy para Torre Triana, Sevilla, perfecto. El Carril bici me lleva hasta La Cartuja, hay parte del camino que ya lo conozco porque es por donde volvimos el año pasado el día que hicimos la ruta de Coria. Me apetece seguir pedaleando, más o menos estoy repuesta y una vez en Sevilla se hace más fácil el camino, así que voy hacia el río para coger la Avenida de la Palmera y buscar el carril bici que va por la Ronda del Tamarguillo, al menos por allí haré algún kilómetro más.

Parada en uno de los semáforos me río de mi pinta, soy como la parte delantera de un coche, llevo la camiseta, las mallas, las piernas y los brazos llenos de puntitos negros que antes eran bichos vivos que han terminado chocando conmigo.

Cuando llego a mi casa mi runtastic me avisa de que acabo de hacer el km. 40, le agradezco la información y lo paro.

Entro con ganas de darme una ducha, pero me puede encender el ordenador y mirar en qué punto me he equivocado, por supuesto el camino podía haberse vuelto peor en vez de mejor, pero por lo que he observado la ruta que yo me había trazado discurría más por el lado derecho que por el izquierdo, que es el que he terminado haciendo.

Vale, lo que me parecía un cementerio sí que era de Castilleja de Guzman y… después de la estación de Camas, cuando tuve la impresión de que el camino no continuaba y que mi única opción era la cuesta maldita… resulta que sí continuaba. Tal vez la semana que viene decida seguir hacia adelante o tal vez le pida la revancha a la cuesta e intente hacerla entera.

Al final me quedo con que me lo he pasado muy bien, incluso yendo sola, que cada semana que cojo la bici me gusta más y con que hace un año no era capaz de hacer 40 km en llano, hoy me los he hecho con alguna cuesta digna y todo, siendo la segunda ruta que hago después del parón del invierno con cachirula encerrada y yo echándola de menos.

La semana que viene más, mejor y con compañía.

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